Montserrat

Evita actuar a tu gusto

“Un día, durante la meditación matutina, oí esta voz: Yo Mismo soy tu guía, he sido, soy y seré; pero como Me pediste una ayuda visible, te la he dado. Lo había elegido antes de que Me lo pidieras, porque esto lo requiere Mi causa. Has de saber que las faltas que cometes contra él, hieren Mi Corazón; evita especialmente actuar a tu gusto, que en cada cosa más pequeña haya un sello de la obediencia. Con el corazón humillado y anonadado pedí el perdón al Señor Jesús por aquellas faltas. Pedí el perdón también al Padre espiritual y decidí más bien no hacer nada que hacer mucho y mal.” Santa Faustina Kowalska, Diario de Santa Faustina Kowalska, nº 362.

Jerarquía de fines

“La relación que existe entre todas las sociedades, y no sólo entre la religiosa y la civil, se fija por la jerarquía de sus fines. De aquí este trilema inexorable cuando se trata de las que median entre la Iglesia y el Estado: o los fines de la Iglesia y el Estado son iguales, y no hay en los órdenes a que se refieren dependencia ninguna; o el fin del Estado, con ser temporal, es superior al ser de la Iglesia; o el de la Iglesia es superior al del Estado.” Juan Vázquez de Mella, El Verbo de la Tradición, p. 75.

Hace falta la luz de trento

“Aunque habría que precisar que donde Mann escribe «Cristianismo» habría que escribir específicamente «fe católica»; pues esa finísima capacidad cervantina para humillar y ensalzar a un tiempo a sus personajes, para rebozarlos en el barro y hacerlos resplandecer a un tiempo, requiere -aparte de unas dotes únicas para la captación de almas- estar inmunizado contra las nieblas luteranas, que entenebrecieron nuestra naturaleza, pretendiendo endiosarla. Para ser a un tiempo tan sublime y tan ridículo, tan irrisorio y tan admirable como don Quijote, para mostrar la grandeza inmarchitable que anida en nuestra alma y anima nuestra débil carne, hace falta la luz de Trento.” Juan Manuel de Prada, Revista Verbo, nº 547-548, agosto-septiembre-octubre 2016, p. 579.

Liberalismo reforma democrática

“Así que muy cuerdamente el vulgo, que entiende poco de distingos, califica de Liberalismo todo lo que en nuestros días se le presenta como reforma democrática en el gobierno de las naciones; porque aun cuando por la natural esencia de las ideas no lo sea, de hecho lo es. Y por tanto discurrían con singular tino y acierto nuestros padres cuando rechazaban como contraria a su fe la forma constitucional o representativa, prefiriendo la monarquía pura que en los últimos siglos era el gobierno de España.” Félix Sarda y Salvany, El Liberalismo es pecado, p. 31.

Libertad luciferina

“Valga como ejemplo el término «libertad luciferina» que es usado con mucha frecuencia por Castellano, aun en textos puramente filosóficos, para referirse al carácter de la libertad moderna. Su uso denota una comprensión del alcance que tiene el modo de concebir la libertad por los autores modernos -en sentido ideológico, se entiende- que permanece oculto para quien no se acerca a ella con los ojos de la fe. La razón, en este caso, es iluminada por la fe que le permite descubrir el carácter esencialmente rebelde –non serviam– que adquiere la libertad moderna.” José Luis Widow, Revista Verbo, nº 537-538, agosto-septiembre-octubre 2015, p. 603.

Sensación de vacío

“Al quedar desconectado, el ser humano se agota y des-estructura; se reduce a un punto inextenso, sin relieve. Con ello, la ilusión de poder se desploma y trueca en sensación de vacío. Al encontrarse sobre la nada de este vacío existencial, el hombre siente angustia, desvalimiento integral. Para recobrar en cierta medida la sensación de seguridad, intenta ejercitar una y otra vez su capacidad posesiva, dominadora, manipuladora. En este plano objetivista, una decepción llama a otra en un grado cada vez más intenso hasta provocar la desesperación, ese género de “enfermedad mortal” que no mata pero lleva la existencia personal del hombre a un estado de asfixia, como espléndidamente describió Süren Kierkegaard.” Alfonso López Quintás, Manipulación del hombre en la defensa del divorcio, Ed. Acción familiar, Madrid-1980, p. 12.