Una Epopeya misionera

Estado misionero

P. Juan Terradas Soler C. P. C. R.

Si los “requiebros” que la Leyenda Negra dirige contra conquistadores y colonizadores han sido tales, ya podemos imaginar los que dirá contra la nación católica, “responsable” de todos aquellos “excesos”…

Sus más insidiosos y fieros ataques son, sin duda ninguna, contra aquel Estado Misionero que alentaba y dirigía la importante hazaña. Lo que más saca de quicio al campo adverso es que el Poder Público se entrometiera en la conversión de los indígenas y que -como alaba Pío XII- los misioneros fueran “secundados por el espíritu universal y católico de la legislación de sus monarcas”; así como “aquellos Reyes Católicos que -al decir del mismo Papa- se propusieron, como motivo fundamental de sus empresas, la propagación de la fe y la dilatación del Reino de Cristo en la tierra”.

Y es lógico: liberales como son hasta la medula, no comprenden que el Estado intervenga, como tal, en una empresa pública religiosa. Oigámosles criticar acerbamente aquel Imperio, clarísimo ejemplo de la realeza “colonial” de Jesucristo.

“Esa unión íntima del poder civil y del espiritual, esa alianza poderosa de la Monarquía y de la Religión, llegaron en las colonias al grado más portentoso de omnipotencia que jamás haya podido alcanzar el despotismo”.

“Carlos V y Felipe II fueron la encarnación gigantesca del fanatismo y de la crueldad de su nación ”.

“Ese poder (absoluto) asocia el imperio civil con el espiritual, quiere al hombre entero y no a medias, sojuzga su espíritu y su corazón: los dos cuchillos, unidos estrechamente, decapitan a la sociedad, y en nombre de una religión que se funda en la emancipación del espíritu humano y en la libertad, se hacen dueños de la inteligencia, de todo aquello de que la Naturaleza le dotara”.

(Lastarria: ob. Cit.)

“El Gobierno español no comprendió esta verdad… Quiso colonizar directamente, hacerse el empresario de la obra, minero, agricultor… propietario exclusivo, misionero, explotador y cien cosas más a un tiempo. Y como para eso le fue preciso dividir sus fuerzas, dislocarlas y darles una dirección violenta a los intereses de las colonias, las sociedades que de éstas nacieron fueron verdaderos monstruos…

La colonización hispanocolombiana tuvo esa condición fatal del egoísmo. Y el egoísmo condujo al monopolio en todo”.

“En el Nuevo Mundo no había, hasta 1810, sino de un lado una minoría de explotadores, y del otro, turbas estúpidas y paralíticas…

Por eso no dudamos en afirmar que el Gobierno español, por las condiciones que le dio a la conquista y a las formas de su régimen colonial, fue el autor responsable de la revolución unánime y simultánea de 1810, y de las luchas intestinas que desde entonces hasta hoy vienen desangrando y cargando de deudas a las repúblicas hispanocolombianas”.

(J. M. Samper, escritor colombiano (1828-1888), socialista y revolucionario; más tarde convertido al catolicismo. De él, Menéndez Pelayo dijo: “Improvisador fecundísimo en todos géneros…; el más fecundo de los escritores modernos de Colombia y uno de los más conocidos en Europa… Pero no parece que entre el inmenso cúmulo de sus libros, producidos como a destajo y con facilidad peligrosa, haya nada cabal ni de primer orden”: Essai sur les révolutions politiques ou la condition social des republiques colombiennes, París, 1861.)

“¿España es verdaderamente religiosa? Creo que en el fondo no… País de Carlos V, de Felipe II, de Carlos II el Hechizado; país de la expulsión de los judíos y de los moros: su fe no llega muy a lo profundo. Creedme: la brava España llevó la Cruz al nuevo mundo nuestro a lejanas tierras, la impuso por la fuerza, de manera coránica; pórtala sobre el oro de la corona, sobre la cúpula de palacio real; pero España es como la espada: tiene la Cruz unida a la filosa lámina de acero”.

(Rubén Darío (1864-1916), gran poeta nacido en Nicaragua. Sabido es el sesgo liberal con que escribió la primera parte de su obra literaria. Ya de edad madura, al contacto con la realidad más profunda de la Hispanidad, cambió saludablemente de ideología. España contemporánea).