P. Manuel Martínez Cano mCR.

Los adúlteros tampoco entran en el Cielo. Lo dice también San Pablo. Y que empiecen cuando quieran los medios sensacionalistas democratista otro lío, otro follón, como el que han hecho en Mallorca, con el P. Ricardo Ramos, que se ha atrevido a recordar a los fieles la verdad revelada por Dios de que los homosexuales no entran en el Cielo. No hay mayor acto de caridad y misericordia que decir la verdad. Por otra parte no hay ninguna institución humana que trate con mayor respeto y sinceridad a los homosexuales que la Iglesia Católica.

Los homosexuales, como todos los hombres están llamados a la perfección cristiana y no son pocos los que frecuenta el sacramento de la penitencia como los demás católicos. Y los ayuntamientos a lo suyo, que se dediquen a trabajar por el bien común del municipio. Que no escandalicen, que los escándalos tienen su castigo divino.

En su primera carta a los Corintios, San Pablo, dice: “¿No sabéis que ningún mal hechor heredará el reino de Dios? No os hagáis ilusiones: los inmorales, los idólatras, adúlteros, lujuriosos, invertidos, ladrones, codiciosos, borrachos, difamadores o estafadores no heredarán el reino de Dios” (1ª Corintios 9, 10).

El versículo 10 termina con estas palabras de San Pablo “Así eráis algunos antes”. Y el 11, afirma: “Pero fuisteis lavados, santificados, justificados en el nombre del Señor Jesucristo y en el espíritu de nuestro Dios”. Dios quiere que todos los hombres se salven y Jesús murió para que todos vayamos al Cielo. La Virgen de Fátima nos ha dicho que la mayoría de los que se condenan en el infierno es por los pecados de la carne, la lujuria. Esta es la verdad que debemos anunciar.

En el versículo 14 San Pablo dice: “Dios resucitó al Señor y nos resucitará también a nosotros con su poder”. En los versículos 19-20 el Apóstol de los gentiles nos recuerda: “¿Acaso no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo que os ata en vosotros y habéis recibido de Dios? Y no os pertenecéis, pues habéis sido comprados a buen precio. Por tanto, “¡glorificad a Dios con vuestro cuerpo!”. ¡Hemos sido comprados por la sangre de Cristo, nuestro valor es infinito!

Convirtámonos. Los sacramentos nos divinizan, Cristo nos perdona los pecados en el sacramento de la Penitencia. Cristo viene a nosotros en cuerpo, sangre, alma y divinidad en el sacramento de la Eucaristía.

¡Cristo está vivo! ¡Vivamos con Cristo! y ¡Con la Virgen María!