Monseñor José Guerra Campos
Separata del “Boletín oficial del Obispado de Cuenca”
Núm. 5, mayo 1986

Cincuentenario

guerra camposEn su instrucción pastoral sobre la paz, del 20 de febrero de 1986, la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española, al referirse al quincuagésimo aniversario de la guerra que comenzó en España el año 1936, advierte que «no sería bueno que se convirtiera en un asunto del que no se pueda hablar con libertad y objetividad », y que «hay que desautorizar los intentos de desfigurar aquellos hechos». Rechaza igualmente la utilización de « una imagen distorsionada de lo ocurrido» para conseguir efectos actuales.

Esto debe aplicarse de modo singular a la historia de la Iglesia. Y no sólo durante el tiempo de la guerra, sobre el cual el documento citado señala lo infundado de alguna apreciación, ahora reiterada. La advertencia episcopal vale también, y en mayor grado, para el largo período que siguió hasta 1975. El desconocimiento, la desfiguración, las distorsiones aumentan cuando la historia se cuenta desenfocada, es decir, sin tener en cuenta la naturaleza propia de la Iglesia. Y son más graves si andan eclesiásticos entre los autores de la confusión. Se ha postulado mucho el olvido; pero, mientras unos guardan silencio, otros ocupan ese espacio vacío fomentando rememoraciones falseadas; y así realidades, que eran evidentes para los que las vivieron, ya no lo son para nuevas generaciones.

Saber lo que ocurrió tiene trascendencia pastoral. El amor a la verdad, esencial para la Iglesia, y la paz y unidad de la Iglesia actual, en orden a su misión evangelizadora, exigen el conocimiento fiel de su propia verdad histórica.

Por eso, cuando una invitación reciente de la Editorial Plaza y Janés me puso en el trance de redactar un resumen muy apretado sobre la Iglesia 1939-1975, destinado a su colección «España nuestro siglo», he pensado que podría aprovechar el esfuerzo para ofrecer a los lectores del «Boletín» una visión panorámica. Su extrema concisión y brevedad quizá no sean un inconveniente, sino un servicio; pues, ¿qué imagen de conjunto tienen muchas personas, y que ideas precisas acerca de los puntos capitales de aquel tramo de historia? En medio de tantos estudios particulares y de tantos comentarios en torno a menudencias ¿no estaremos, a veces, en la situación de aquel a quien los árboles no le dejan ver el bosque?

En todo caso, un complemento de notas al final de cada capítulo proporcionará un repertorio de fuentes, que podrán orientar al que quiera adentrarse en el bosque, para una exploración más minuciosa.

José Guerra campos, obispo de Cuenca.