Pablo

Verdadera tiranía

Beato Pío IXY lo grave no sólo es que con estos medios lleguen al poder, sino que desde el poder pueden justificar una verdadera tiranía. Con términos melosos como “educación pública y gratuita” esconden todo un sistema de ideologización masiva, en la que los padres ya no son -y no pueden ser- los encargados de educar a sus hijos. Y los que acusan este absolutismo son atacados por querer una educación “ideologizante”, de “interés privado”, que no significan otra cosa que “interés de clase”. Asimismo con el aborto, la eutanasia, el matrimonio y la adopción homosexual y la educación sexual infantil, verdadera pornografía y desnaturalización de la sexualidad. (María de los Ángeles Viveros – Pedro del Río – CRISTIANDAD)

Buenismo, vestir la mentira

Y las claves del engaño son el relativismo por el que se priva a los educandos de las referencias morales y el buenismo con el que se visten las mentiras en casi todas las cadenas de TV, según las cuales es buena cualquier religión menos la nuestra, es buena cualquier patria menos la nuestra, es buena cualquier ideología que no respete la libertad y es bueno cualquier “tipo de familia” menos el natural. (Carlos González Flórez – EL PAN DE LOS POBRES)

Opiniones perversas

Vayamos al asunto de las “opiniones perversas” y a la segunda raíz, la raíz teológica o doctrinal. Casi siempre hay un problema doctrinal pegado a un problema moral persistente. Una característica del hombre caído es que proyecta su propio desorden en los cielos, imaginando un conflicto en Dios como la fuente real de su conflicto. Marcion y los profesores gnósticos gastaron una buena parta de energía teológica haciendo esto. Sin sorpresas, lo que Ireneo fija aquí (sin ayuda de Feuerbach o Freud) es la oposición creada por Marcion entre estas dos grandes perfecciones de Dios, esto es, su justicia y misericordia. “Quizás quiten la censura y el poder judicial al Padre”, dice Ireneo, “calculando que es indigno de Dios, y pensando que han encontrado a un Dios sin ira y simplemente amable o bueno, suponen que un Dios juzga y otro salva” (Haer 3.25). Por esto dividiendo a Dios, involuntariamente niegan “la inteligencia y justicia de ambas deidades”, acabando totalmente con la deidad: “Si el Dios judicial no es también suficientemente bueno para otorgar favores a los que se lo merecen y dirige reprimendas a los que las necesitan, aparecerá un juez ni justo ni sabio. Por otra parte, el Dios bueno, si es simplemente bueno y no uno que prueba a quienes ha de enviar su bondad, estará más allá de la bondad y justicia; su bondad parecerá imperfecta, no salvando a todos lo que lo merecen, si no viene acompañado con criterio”. (Douglas Farrow)

Pudor y castidad  (64)

La castidad es una virtud (virtus), es por tanto una fuerza espiritual, una facilidad e inclinación hacia el bien honesto de la sexualidad, así como es al mismo tiempo una repugnancia hacia toda forma de sexualidad deshonesta. Cuando tal fuerza espiritual está suficientemente arraigada en la persona, afecta también, evidentemente, a las posibles perturbaciones imaginativas y somáticas subconscientes -dada la unidad de la persona humana- , pacificándolas en la santidad de Cristo Jesús, Salvador total del hombre. La castidad evangélica es santa y hermosa en todos los estados de la vida cristiana. Es santa y hermosa la castidad en la virginidad, como en seguida veremos, pero también en todos los estados de la vida laica puede y debe, con la gracia de Cristo, alcanzar la perfección, una perfección que vamos a describir, pues algunos la desconocen y ni siquiera la imaginan. (José María Iraburu)

La verdadera prioridad

La verdadera prioridad para la Iglesia debe ser el guiarnos en la batalla espiritual, salvar almas, decir al mundo: “Arrepentíos de vuestros pecados y volved a Dios, porque el Reino de los Cielos está cerca”. El Reino de Dios no es de este mundo. El paraíso no se puede lograr en la tierra, el bien y el mal seguirán coexistiendo en las realidades terrenales, hasta que el Señor mismo venga en gloria para juzgar al mundo. Pero al menos un cierto grado de normalidad puede lograrse mediante la evangelización y la conversión de personas y sociedades. Eso es todo lo que podemos hacer para “construir un mundo mejor”. Y lo único que se necesita en realidad. (María Virginia Olivera de Gristelli – CÁRITAS in VERITATE – INFOCATÓLICA)

“Silencio”

Cuando vi la película de Scorsese “Silencio”, me pareció una grandísima película, con el enorme mérito que hace pensar, pero religiosamente me pareció un desastre, porque no deja de ser una apología de la apostasía y resulta curioso también el pensar que este texto que acabo de citar y que es el texto clave en la problemática de la apostasía no es citado para nada en el film. Aquí recuerdo la frase de un glorioso mártir, Santo Tomás Moro, cuando le dijeron aceptase la boda de Enrique VIII con Ana Bolena: “¿Voy a cambiar la eternidad por veinte años de mi vida? Ni hablar”. Y en el episodio del Juicio Final, leemos: “Apartaos de mí, malditos, porque tuve hambre y no me disteis de comer… Y éstos irán al castigo eterno y los justos a la vida eterna” (Mt 25, 41-45). (Pedro Trevijano Etcheverria)