Monseñor José Guerra Campos
Separata del “Boletín oficial del Obispado de Cuenca”
Núm. 5, mayo 1986

guerra-camposLibertad civil en lo religioso. —Para la Iglesia, la unidad religiosa era el «máximo bien del pueblo español» (23). El estatuto de tolerancia de cultos no católicos, reconocida en el Fuero de los Españoles, importaba limitaciones en la propaganda y la manifestación pública (24). La Iglesia era más restrictiva que el Gobierno. Desde los años cincuenta, Franco aspiraba a un reconocimiento progresivo de mayor libertad en la práctica religiosa, entre otras razones porque la presión de los Estados Unidos de América, atizada por las quejas protestantes, perjudicaba gravemente la vida económica de España. Tal aspiración era frenada por la opinión católica y por la Jerarquía, según la cual no se debía rebasar la «tolerancia» del Fuero (25). Algún prelado reaccionó duramente contra ciertas concesiones a los protestantes, y algunas personas, que son ahora «campeonas de la libertad» y condenadoras del «nacionalcatolicismo», lanzaban entonces a los jóvenes a inutilizar capillas protestantes (26).

La Santa Sede se mostró comprensiva hacia la interpretación abierta de la tolerancia, que propugnaba el Gobierno, con tal que no atentase a la unidad religiosa (27). Sin embargo, el Gobierno, comprometido a no innovar sin contar con la Santa Sede, negoció con ésta antes del Concilio Vaticano el Placet a su proyecto de ley de mayor libertad religiosa, y no obtuvo respuesta hasta después del Concilio (28), a cuyas directrices ajustó finalmente su propia legislación (29).

Notas

  1. Estimación de la Santa Sede (cf, Suárez, Franco, V, pág. 83).
  2. Fuero de los Españoles, artículo 6: En la forma de 1945 reconocía a los no católicos el derecho a no ser molestados en sus creencias religiosas ni en el ejercicio privado de su culto; las manifestaciones externas del culto se reservaban a los católicos. En 1967 se reconoce la libertad religiosa para todos.
  3. Sobre el criterio grato a la Iglesia es revelador un episodio ocurrido durante la guerra, con intervención de Franco, subrayado por el Cardenal Gomá en sus Informes secretos a la Santa Sede (cf. R. Aisa, Gomá, pág. 433). Una Instrucción de los Metropolitanos en 1948, sobre la propaganda protestante en España (Doc. col., págs. 242-249), insiste en que, dado el hecho social de la unidad católica, que es un bien, la «tolerancia» del Fuero de los Españoles no debe ser interpretada como «libertad de cultos».

Sobre la actitud del Gobierno ante protestantes, judíos y musulmanes, y la resistencia de la Jerarquía eclesiástica, cf. Suárez, Franco, IV, págs. 304, 307-309, 406, 434; V, 274-275.

  1. Suárez, Franco, lugares citados y V, 89 y sigs.
  2. Suárez, Franco, IV, 314, 316; V, 274.
  3. Documentación, en Suárez, Franco, IV, 431; VII, 2021, 83-84, 175-176, 241-248.
  4. En la Ley Orgánica del Estado, del 10 de enero de 1967, aprobada en Referéndum popular, se modificaron en el sentido de la libertad las anteriores formulaciones de las Leyes Fundamentales (cf. artículo 6 del Fuero de los Españoles). Se promulgó, además, la Ley de Libertad Religiosa, 28 de enero de 1967. Con ocasión de esta Ley, la Conferencia Episcopal publicó una orientación pastoral sobre Libertad Religiosa el 22 de enero de 1968 (Doc. col., págs. 413-425). Antepuso unas «precisiones doctrinales», «para prevenir posibles interpretaciones erróneas que favorecerían el relativismo, el subjetivismo o el indiferentismo religioso y la irreligiosidad en el Estado y la enseñanza».