27 febrero, 2018 10:18
Monseñor José Guerra Campos
Separata del «Boletín oficial del Obispado de Cuenca»
Núm. 5, mayo 1986
Libertad civil en lo religioso. —Para la Iglesia, la unidad religiosa era el «máximo bien del pueblo español» (23). El estatuto de tolerancia de cultos no católicos, reconocida en el Fuero de los Españoles, importaba limitaciones en la propaganda y la manifestación pública (24). La Iglesia era más restrictiva que el Gobierno. Desde los años cincuenta, Franco aspiraba a un reconocimiento progresivo de mayor libertad en la práctica religiosa, entre otras razones porque la presión de los Estados Unidos de América, atizada por las quejas protestantes, perjudicaba gravemente la vida económica de España. Tal aspiración era frenada por la opinión católica y por la Jerarquía, según la cual no se debía rebasar la «tolerancia» del Fuero (25). Algún prelado reaccionó duramente contra ciertas concesiones a los protestantes, y algunas personas, que son ahora «campeonas de la libertad» y condenadoras del «nacionalcatolicismo», lanzaban entonces a los jóvenes a inutilizar capillas protestantes (26).
La Santa Sede se mostró comprensiva hacia la interpretación abierta de la tolerancia, que propugnaba el Gobierno, con tal que no atentase a la unidad religiosa (27). Sin embargo, el Gobierno, comprometido a no innovar sin contar con la Santa Sede, negoció con ésta antes del Concilio Vaticano el Placet a su proyecto de ley de mayor libertad religiosa, y no obtuvo respuesta hasta después del Concilio (28), a cuyas directrices ajustó finalmente su propia legislación (29).
Notas
Sobre la actitud del Gobierno ante protestantes, judíos y musulmanes, y la resistencia de la Jerarquía eclesiástica, cf. Suárez, Franco, IV, págs. 304, 307-309, 406, 434; V, 274-275.
Escrito por: manuelmartinezcano
Categorías: Guerra Campos
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