A vos, oh bienaventurado San José, acudimos en nuestra tribulación, y después de implorar el auxilio de vuestra Santísima Esposa, solicitamos también confiadamente vuestro patrocino. Por aquella caridad que con la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, os tuvo unido, y por el paternal amor con que abrazasteis al Niño Jesús, humildemente os suplicamos que volváis benigno los ojos a la herencia que con su sangre adquirió Jesucristo, y con vuestro poder y auxilio socorráis nuestras necesidades.
Proteged, ¡oh providentísimo Custodio de la Sagrada Familia!, la escogida descendencia de Jesucristo; apartad de nosotros toda mancha de error y de corrupción; asistidnos propicio desde el Cielo, fortísimo libertador nuestro, en esa lucha con el poder de las tinieblas; y como en otro tiempo librasteis al Niño Jesús de inminente peligro de la vida, así ahora defended la Iglesia santa de Dios de las asechanzas de sus enemigos y de toda adversidad, y a cada uno de nosotros protegednos con perpetuo patrocinio, para que, a ejemplo vuestro, y sostenidos por vuestro auxilio, podamos santamente vivir, piadosamente morir, y alcanzar, en los cielos la eterna bienaventuranza. Amén.
Los preceptos religiosos de la guerra santa no perseguían, en primera instancia, la conversión. Más bien, su primer objetivo era la guerra “hasta que (los seguidores de las religiones de Libro extranjeras) pagasen humildemente el tributo”… el islam (era) la religión de los poderosos… Los seguidores más piadosos de la religión en su primera generación se convirtieron en los más ricos o, más correctamente, se enriquecieron con el botín militar… El islam, en realidad, nunca fue una religión de salvación; el concepto ético de salvación fue, realmente, ajeno al islam. El dios que mostraba era un señor de poder ilimitado, aunque compasivo, el cumplimiento de cuyos preceptos no sobrepasaba la capacidad humana. Una naturaleza esencialmente política marcó las principales ordenanzas del islam… Del mismo modo que las obligaciones religiosas del islam eran de carácter político, su único dogma es el reconocimiento de Alá como el único Dios y de Mahoma su Profeta. En el islam antiguo no había algo equivalente a una búsqueda individual de salvación, ni ningún tipo de misticismo. Las promesas religiosas del primer islam pertenecían a este mundo. La riqueza, el poder y la gloria eran todas ellas promesas marciales, e incluso se imaginaba el mundo del más allá como el paraíso sensual del soldado.
No duda en hablar de «holocausto católico»: «Yo no soy creyente, pero tampoco soy judío y pocas cosas me han conmovido tanto como el montón de zapatitos de niños asesinados en el gueto de Varsovia». Al describir ese holocausto católico, Losantos, que páginas antes ha señalado que «los masones Azaña y Martínez Barrio, Vidart y Companys» participaron «en la creación o aceptación del terror rojo» y que «el carácter anticatólico de la masonería es indiscutible y fue condenada como doctrina gnóstica en encíclica papal», destaca un hecho: ese terror rojo comenzó antes de la llegada de los soviéticos en apoyo del Frente Popular al estallar la guerra. Fue autóctono. Pero entonces, «¿qué unía a la izquierda burguesa y a la proletaria para perpetrarlo en común?». «A mi juicio», responde, «lo que une a organizaciones totalmente dispares en sus programas políticas es el odio asesino contra los católicos y el catolicismo, algo que usado hoy para exculpar al islam, debemos llamar cristianofobia». (Carmelo López-Arias)
* Hacen falta Macabeos y Apóstoles con valentía. ¡Cristo cuenta contigo!
Como todos estos factores de desunión hieren las raíces mismas de la unidad eclesial, la división persiste años y años y no parece fácil desarraigarla. El que no siempre sea estridente se debe, no a mejoría, sino a cansancio y renuncia al diálogo, enquistados unos y otros en sus posiciones. Por eso crecen el desaliento y el retraimiento de muchos, hechos registrados, una y otra vez, en los informes oficiales de la Conferencia Episcopal.