Madre Rafaela - 36El deseo de la Madre Rafaela era que vinieran unas religiosas de vida activa para ayudar al párroco. Por eso llamó a la Fundadora de las Religiosas Esclavas Carmelitas de la Sagrada Familia y ella muy amablemente escuchó nuestra petición.

Por lo que pusimos manos a la obra para arreglar las dos Casitas colindantes con nuestro Convento, y con la autorización del Sr. Arzobispo de Granada, Mons. Don José Méndez Asensio, pudieron fundar en Chauchina estas Hermanitas.

Los años iban pasando, tras un fuerte dolor de vientre los médicos me dijeron que me tenían que operar, el Señor me había dado un cáncer y yo lo recibí como un regalo que me había hecho el Señor, sin pedírselo, ni esperarlo. Volví al convento, comprendí que el dolor y el sufrimiento, son un don extraordinario de Dios ¿por qué no tendría que estar contenta?

Para festejar mi llegada nos fuimos a comer a la huerta, las más jóvenes prepararon una comida sencilla en la que no faltaron las rosetas. Yo les miraba gozosa pero la angustia no me dejaba, no podía comer nada, tan solo me alimentaba con el suero, que no me dejaba ni de día ni de noche; mi enfermedad iba avanzando, sufrí grandes dolores, vómitos y angustias, que se los sabía ofrecer a Jesús, por la salvación de todas las almas, por los niños para que amen mucho a Jesús y sean muy felices con Él, por los enfermos… Al final de mi vida tuve dos nuevas amigas inseparables una se llamaba doña Angustias y la otra doña Dolores Fuertes de Barriga; pero todo me gustaba ofrecérselo a Jesús y Él me ayudaba a llevar la crucecita que me había enviado con mucha paz y alegría. A las 4,30 de la madrugada del 29 de Mayo del año 1991, mi querida madre del Cielo me abrió sus brazos y me quedé tras un suspiro dormida en sus brazos.