Jorge Soley Climent

San Josep Manyanet i VivesDespués de esta devastadora exposición de los hechos, resulta indiscutible que una parte grande del clero catalán, probablemente mayoritaria desde los años finales del franquismo (aunque menguante entre los más jóvenes: no hay más que ver la media de edad de los sacerdotes que firmaron el manifiesto de apoyo al referéndum de secesión ilegal del 1 de octubre de 2017), ha abrazado el nacionalismo y la “construcción nacional”, dejando en un segundo plano su labor evangelizadora. ¿Cuáles han sido los resultados de esta apuesta?

La respuesta a esta cuestión es, al mismo tiempo, muy sencilla y muy compleja. Sencilla porque resulta evidente para cualquier observador que el nacionalismo clerical ha sido devastador para la Iglesia en Cataluña y ha contribuido muy poderosamente a la intensa secularización que ha sufrido en las últimas décadas. Nadie puede servir a dos señores y el culto a la Nación ha secado el culto al Dios verdadero. Pero si queremos apoyar esta afirmación con datos estadísticos la cuestión es algo más compleja, en buena medida porque no hay un solo factor, aislable y medible, que refleje el grado de secularización de una sociedad. No obstante, pensamos que la coincidencia de varios factores, todos en el mismo sentido, demuestran con creces que nuestra primera observación es acertada. Para ello revisaremos cinco factores que nos parecen suficientemente reveladores:

1) Pertenencia y práctica religiosa: solo el 60% de los catalanes se declaran católicos, por lo que Cataluña es la tercera región de España con menor porcentaje, solo por encima de otra de las regiones más castigadas por el nacionalismo clerical, el País Vasco, que registra dos puntos menos, y de Melilla, que posee una amplia población de religión musulmana. La media española se sitúa en el 73%, con picos por encima del 80% en Aragón, Castilla, Murcia, Canarias, Galicia y Extremadura. Pero si atendemos a quienes, dentro del grupo de los creyentes, dicen practicar regularmente, la caída es de una intensidad extrema: Cataluña se coloca en la cola en práctica dominical con solo un 5,8%, menos de la mitad de la media española, que se sitúa en un 12% (con puntas por encima del 20% en las dos Castillas y Navarra).

(Razón Española)