Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Pío XII, Papa de la Hispanidad (1)

Papa Pío XII - Cardenal Domenico Tardini“Mientras una malvada falange de hombres trama arrojar al mundo en profundas tinieblas, el Sumo Pontífice Pío XII, vengador y guardián de la salvación humana, sin amilanarse por ninguna fatiga ni dejarse engañar por ningún sofisma, presenta a todos los hombres la antorcha de la más cierta verdad”.

(Osservatore Romano, 11-III-1957.)

“Pío XII tenía su método, sabía bien que no tenía el don de la improvisación. Cada discurso era para él una ocupación seria y una seria preocupación.

Su trabajo era triple: la preparación, la redacción, la recitación…

La preparación comprendía, ante todo, el estudio. Los temas eran los más dispares: religiosos, morales, sociales, pedagógicos, jurídicos, científicos, filosóficos, históricos; deporte, economía, industria, astronomía, astronáutica, política nacional e internacional; una gama casi sin límites. Para estudiar, Pío XII escogía las publicaciones más recientes y más autorizadas. Si era preciso las encargaba al extranjero.

Todo este material—a menudo muy copioso—era examinado y valorado muy cuidadosamente por él…

Al tormento de la preparación seguía el de la redacción del discurso. Aquí se manifestaba una vez más el ideal de Pío XII: tender a la perfección hasta en los detalles. Su extraordinario conocimiento de las lenguas le ponía en condiciones de escribir corriente y correctamente varios idiomas. A este fin, entraban en acción los diccionarios, los más célebres, los más completos, los más recientes.

Todos recuerdan que Pío XII, en los primeros años de su pontificado, recitaba de memoria sus discursos… La memoria del Papa jamás se atenuó. Pero el uso de los micrófonos le aconsejó preferir la lectura. También esta lectura era bien preparada, de modo que daba a cada frase la expresión justa.

Todo este enorme complejo de esfuerzos y de fatigas contribuyó a minar la salud del gran Pontífice…

Sobre este campo de batalla, que era el campo de su apostolado, Pío XII cayó gloriosamente”.

(Cardenal Tardini, 20-X-1959.)

“No tengo necesidad de dejar un testamento espiritual, porque los numerosos actos y discursos, emanados de mí, y pronunciados por necesidades de oficio, bastan para dar a conocer a quienes lo quisieren mi pensamiento en torno a las diferentes cuestiones religiosas y morales”.

(Pío XII, de su testamento.)