Lourdes - 1

“Hijos míos, llegamos a Lourdes”

El tren va frenando, Antoñito y Carmencita se precipitan a la ventanilla.

Al otro lado del agua de un río “El Gave” ven unas luces que oscilan.

Que precioso. ¿Qué es eso?

Son las velas que trae la gente y que las encienden delante de la estatua de la Virgen que se encuentra en la gruta, les explica su mamá.

Pero ¿por qué? ¿Para qué sirven?

La llama que sube representa las oraciones de los que las han encendido y continua representándoles incluso después que se hayan ido.

El tren llega a la estación y los niños en el bullicio se olvidan de las llamas de las velas. Bajan del vagón y siguen los otros viajeros.

Una vez fuera de la estación, se encuentran enfrente de los montes.

Maravillados, los niños abren sus ojos admirativos.

¿Qué son esas tres cruces que están en aquella cima?

Sí, están allí desde hace mucho tiempo. En la parroquia de Lourdes en 1859, hubo unas misiones, en resumidas cuentas, muchas ceremonias, durante las cuales unos curas, llamados misioneros, hablaban a los cristianos y les hacían meditar.

Al fin de esta misión, el cura de Peyramale tuvo la idea de instalar las tres cruces como recuerdo.

Como estas cruces eran de madera se estropearon, y es por eso que en 1957 las emplazaron por otras tres cruces de cemento y desde entonces están allí en la cima del Pic du Jer desde donde se contempla toda la Ciudad.

La Virgen María eligió un sitio espléndido para aparecerse. Es formidable.

“Yo, dice Carmencita, si fuera la Santa Virgen, hubiese hecho como ella, aparecería aquí en Lourdes y además es una Ciudad grande, mira todos esos letreros iluminados, está lleno de Hoteles y tiendas igual hay jugueterías”.

“No hay muchas, le responde su madre, aquí sobre todo hay tiendas en donde se puede comprar recuerdos de la Virgen y de Bernadette”.

¿Bernadette no jugaba?

No creo que tenía…

Mucho tiempo para eso. Su vida no era tan feliz como la vuestra.

¡Explícanos, mamá, explícanos! Mañana… esta noche a la cama.