El día 3 de julio de 1535 don Diego de Almagro sale de la ciudad del Cuzco con un puñado de valerosos soldados, alentados con la presencia de los dos padres mercedarios. Aquella arriesgada expedición que tenía por objeto el descubrimiento y conquista de Chile, territorio de que tantas veces habían oído hablar a los incas del Cuzco. Para Almagro, este viaje fue una odisea y un desastre: diezmado, derrotado por lo indomables araucanos y empobrecido, regresó a Cuzco. Con él, y en las mismas condiciones físicas, retomaron los mercedarios.

Años más tarde, 12 de febrero de 1540, Pedro Valdivia, procedente también de Cuzco, llega a fundar Santiago de Chile. La Virgen María bajo el título de la Merced toma posesión de esta tierra el año 1548, cuando llegó a Santiago el primer religioso, el padre Antonio Correa, trayendo la imagen de Nuestra Señora de la Merced. Desde ese momento, gracias a la acción apostólica de los mercedarios, se extiende, con rapidez, la devoción a la Virgen de la Merced en Chile.