Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Pío XII, Papa de la Hispanidad (2)

Hispanoamérica - Congreso Eucarístico Buenos Aires

El Pontífice, de venerada memoria, que dirigió el rumbo de la Barca de Pedro durante los veinte años anteriores a Juan XXIII, ha sido calificado por sus contemporáneos con gloriosos títulos: “El Papa de la paz”, “La luz del mundo”, etc.

Pío XII no merece menos el título de Papa de la Hispanidad. Su esplendorosa doctrina sobre la epopeya misionera y colonial que conquistó a todo un mundo para Cristo, así como sus preciosas observaciones sobre la naturaleza, características y porvenir religioso de la Hispanidad, le hacen acreedor a tan hermoso título. El lector lo comprobará, y quedará maravillado al percatarse de este nuevo aspecto de la portentosa enseñanza del llorado Pontífice. Aspecto digno de un estudio especial, que hasta ahora no habíamos encontrado realizado y que forma la cuarta parte de este trabajo.

*    *    *

Cuando el Cardenal Pacelli fue elevado a la Cátedra de San Pedro, en marzo de 1939, se encontraba en felicísimas condiciones para llegar a ser el Papa de la Hispanidad.

El admirable conocimiento que poseía de la lengua castellana le abría las puertas de un mundo y de unas culturas peculiares que él había de conocer tan cabalmente.

Su reconocido talento natural para penetrar con luminosa mirada—y exponer con claridad y decisión—lo que constituye la esencia o el meollo de las cosas, le facilitaría la tarea de distinguir el sentido fundamental de la dominación española en América y sus resultados, de lo que pudo haber de imperfecto y abusivo en la obra.

Además, la Providencia deparó al futuro Papa Pío XII la ocasión de visitar personalmente una parcela destacada del mundo hispánico. En octubre de 1934, el Cardenal Pacelli, Secretario de Estado de Pío XI, asistió como Legado Pontificio al XXXII Congreso Eucarístico Internacional, celebrado en Buenos Aires.

A este “primer encuentro con aquella parte de la grey del Señor, tan importante”, el Cardenal Pacelli, ya Papa, le calificaría de providencial: “Nos reconocemos un designio especial de la divina Providencia el que, antes de poner sobre Nuestros débiles hombros el peso y la responsabilidad del supremo ministerio pastoral, Nos haya unido en contacto vivo y todavía eficaz con los pueblos de la América Latina”.

El Cardenal Legado tuvo ocasión, en aquellas memorables jornadas, de hablar con numerosos prelados hispanoamericanos. Contempló con gran agrado las manifestaciones de piedad sincera y fe arraigada de todos aquellos pueblos, que se habían dado cita en la ciudad del Plata para honrar al Dios Eucaristía y dar testimonio de su fe. Admiró, en fin, la realidad católica de todo un continente, “la piedad y sincera devoción de una estirpe”, como él mismo dirá después. Quedó impresionado al contemplar aquel “formidable bloque católico, que por sus dimensiones, por su población, por la robustez de su fe y por el porvenir espléndido que presagia, representa hoy en todos los órdenes, pero especialmente en el religioso, una de las grandes esperanzas del mañana”.