Lourdes - 2

Al día siguiente, los niños se despiertan con el sonido de las campanas, sonido al que no estaban acostumbrados, porque en las grandes ciudades ya no las hacen sonar.

Una vez bien preparaditos, se dirigen a la gruta.

Y allí, no sabían que decir. Ellos que eran tan habladores, no podían demostrar su sorpresa. Abriendo sus ojos admirativos y queriendo fotografiar todo: el Castillo, las subidas para ir a la preciosa Basílica, el gentío que entra y sale sin cesar, el grandioso Vía Crucis, los puentes para atravesar el río .

Querían ver todo de una vez.

Para empezar, su mamá les lleva a la gruta… Impresionados por el gran silencio que reinaba, admiran la estatua de la Virgen, las rocas que brillaban bajo sus pies, las muletas colgadas en uno de los lados de la gruta.

Carmencita rompr el silencio, y pregunta ¿Qué hacen estas personas en el suelo? Están rezando a la Santa Virgen, le piden que hable a su hijo Jesús de su parte y les explican sus desgracias y sus penas y así sus sufrimientos son más llevaderos.

¿Sufrimiento, como cuando me fracturé el brazo?

Algunas veces sí, sufren corporalmente. Hay también que sufre moralmente, y sabéis que es lo más duro. Y… ¿se consultan aquí?

Algunas veces hay enfermos que se curan sin que esta curación tenga una explicación, y a esto se llama milagro.

Pero otros muchos son más felices cuando vuelven de Lourdes, porque han encontrado una esperanza nueva y son más valientes por que se sienten queridos y protegidos.

Algunos llegaron a Lourdes llenos de pecados y a veces mortales.

En la capilla de las confesiones pueden confesarse en cualquier idioma y así descargarse de sus faltas y tener el perdón de Dios.

Ellos también se sienten felices.

Yo, dice Antoñito, desde que estoy aquí, parece que siento algo, me encuentro bien. Son todas las oraciones que crean esta atmósfera.