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Padre Manuel Martínez Cano mCR.

Hemos estado diez días de Colonias. Un cielico en la tierra: alegría desbordante, pureza angelical, inocencia arcangélica, gozo y felicidad celestial. Niños y niñas, de siete a once años, que se divertían hasta reventar, con un horario que parece de cuartel, y que los niños cumplieron a pie de la letra.

COLONIAS, Santa María de Meià 2018
HORARIO TIPO
8,00     Levantarse.
8,20     Oraciones de la mañana. Santa Misa.
9,20     Desayuno.
9,45     Arreglo de habitaciones y limpieza general.
10,05   Instrumentos. Música.
10,35   Catecismo.
11,15   Baño / Deporte. (Por grupos).
12,00   Ángelus.
12,15   Baño / Deporte. (Por grupos).
13,30   Fin de actividades. Hábitos de higiene.
13,45   Comida. Visita al Santísimo.
14,30   Descanso. Lectura y juegos de mesa.
15,30   Canto.
16,00   Manualidades.
16,45   Charla del sacerdote.
17,30   Merienda. Ángelus.
18,00   Deporte / baño.
19,00   Fin de actividades. Hábitos de higiene.
19,15   Preparación homenaje día de padres.
20,00   Paseo / Santo Rosario / Visita.
21,00   Cena.
21,45   Fuego de Colonia. Máxima religiosa.
22,30   Oraciones de la noche.
23,00   Silencio.
–   Adoración Nocturna (voluntaria).
–   Procesión del Corpus. Bailes regionales.
–   Procesión nocturna de la Virgen con antorchas.
–   Tres excursiones
–   El “coco”, siempre haciendo trastadas, hasta que lo tiramos vestido a la piscina. 

En la clausura de Colonias, una instructora que se estrenaba en el oficio, después de haber participado diez años, nos ha dicho: “He aprendido mucho de los niños y las niñas, me han enseñado mucho”. Santa Teresa de Calcuta, decía que: “Los niños son los mejores maestros”.

El último día, dedicado a los padres y familiares, fue un hermosísimo día. Comenzó con la Santa Misa, participada con extraordinario fervor y cánticos celestiales. En las representaciones teatrales, resaltaron la maternidad y socorro de la Virgen por medio del Escapulario.

Un colono dijo a su madre: he aprendido más de Jesús y María que en toda mi vida. Una niña de 23 meses se soltó de la mano de su padre y vino corriendo hacia mí con los brazos abiertos, era la segunda vez, en su vida, que me veía. Un viejo amigo de 18 meses, al verme, soltó la mano de su madre y se cogió a la mía.

Durante el curso, a la salida del colegio, se sienta junto a mí una niña de tres años, me coge del brazo y dice: “Tú eres mi amigo”. Estando en el recreo, pasan corriendo unos diez parvulitos. Se para uno frente a mí y grita: “¡Te quiero!”. El secreto está en la sotana.