Padre Manuel Martínez Cano mCR.

María al pie del CrucificadoUna antigua alumna, me dice, bastante enfadada, que no podemos seguir así, que el domingo el sacerdote, dijo en la homilía, que tenemos que convertirnos a la ecología y después dale que dale con la ecología… Estaba muy enfadada.

Le aconsejé que leyera los primeros capítulos del Génesis y durmiera tranquila. Ella ya sabe que: “El hombre ha sido creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor”; que olvide la ecología y se convierta, cada día más, a Dios nuestro Señor. Cada día más oración, más mortificación, más caridad, más generosidad… Servir a Dios, hacer siempre su voluntad. Hacer lo que Dios quiere, como Dios quiere y porque Dios lo quiere.

Servir a las criaturas, a las cosas es esclavizar el entendimiento y podrir la voluntad. Los ídolos modernos piden cosas irracionales, imposibles, diabólicas. Dios nuestro Padre celestial no pide nada contradictorio, imposible y, cuando pide algo difícil, lo facilita con su gracia.

Todo ha sido creado por Dios. Y lo ha creado para el hombre. Todo es bueno: los minerales, los vegetales, los animales… Todo viene de Dios: circunstancias, sucesos, relaciones, enfermedades…

Todas las cosas son de Dios, no nuestras. Él nos cede el uso y el beneficio: “Hemos de usar rectamente de las cosas creadas porque debemos usarlas para lo que han sido creadas por Dios. Y han sido hechas para dos cosas, a saber: “Para gloria de Dios, porque todo lo hizo para sí, esto es la gloria del Señor, como se dice en los Proverbios, 16; y para nuestra utilidad, es decir, para que usándolas no cometamos pecado” (Santo Tomás de Aquino).

Rebajamos nuestra dignidad, cuando usamos mal las cosas que Dios nos ha dado y cometemos un pecado. Debemos usar las cosas para nuestro bien, para nuestra salvación eterna “Dios hace concurrir todas las cosas para el bien de los que la aman” (Romanos 8, 28). La creación es la herencia que nos ha dado nuestro Padre Dios ¡Usemos todas las cosas bien!

San Agustín que probó, antes de convertirse, toda la amargura de las cosas mal usadas, nos dicen: “El extravío de la vida está en usar y gozar mal de las criaturas”; “Mi mayor iniquidad es dejarme dominar mal de las cosas que he de usar”; “El Cielo y la Tierra y todas las cosas que en ellos hay, por todas las partes me dicen que te ame, y no cesa de decirlo a todos”.

Santo Tomás de Aquino, la bestia negra para los endemoniados de la secta “Humo de Satanás”, nos dice: “Dos libros escribió Dios para nuestra instrucción liber craturae et liber scriture“. Sí; por la contemplación de las criaturas podemos elevarnos a la contemplación de Dios; porque todas son por naturaleza obras, noticias, manifestaciones de Dios.

San Pablo escribe a los romanos y a los católicos de todos los siglos: “Pablo, siervo de Cristo Jesús, llamado a ser apóstol, escogido para el Evangelio de Dios,  que fue prometido por sus profetas en las Escrituras Santas  y se refiere a su Hijo, nacido de la estirpe de David según la carne,  constituido Hijo de Dios en poder según el Espíritu de santidad por la resurrección de entre los muertos: Jesucristo nuestro Señor.  Por él hemos recibido la gracia del apostolado, para suscitar la obediencia de la fe entre todos los gentiles, para gloria de su nombre. Entre ellos os encontráis también vosotros, llamados de Jesucristo. A todos los que están en Roma, amados de Dios, llamados santos, gracia y paz de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.

En primer lugar, doy gracias a mi Dios por medio de Jesucristo; lo hago por todos vosotros, porque vuestra fe se proclama en todo el mundo. Pues Dios, a quien sirvo en mi espíritu anunciando el Evangelio de su Hijo, me es testigo de que me acuerdo incesantemente de vosotros, rogándole siempre en mis oraciones que, si es su voluntad, encuentre algún día la ocasión propicia para ir a vosotros. Pues tengo ganas de veros, para comunicaros algún don espiritual que os fortalezca; para compartir con vosotros el mutuo consuelo de la fe común: la vuestra y la mía. No quiero que ignoréis, hermanos, que muchas veces me he propuesto ir a visitaros —aunque hasta el momento me lo han impedido—; mi propósito era obtener algún fruto entre vosotros, como lo he obtenido entre los demás gentiles.  Me siento deudor de griegos y bárbaros, de sabios e ignorantes; de ahí mi propósito de anunciaros el Evangelio también a vosotros, los que estáis en Roma.

Pues no me avergüenzo del Evangelio, que es fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree, primero del judío, y también del griego.  Porque en él se revela la justicia de Dios de fe en fe, como está escrito: El justo por la fe vivirá. La ira de Dios se revela desde el Cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres, que tienen la verdad prisionera de la injusticia. Porque lo que de Dios puede conocerse les resulta manifiesto, pues Dios mismo se lo manifestó. Pues lo invisible de Dios, su eterno poder y su divinidad, son perceptibles para la inteligencia a partir de la creación del mundo a través de sus obras; de modo que son inexcusables, pues, habiendo conocido a Dios, no lo glorificaron como Dios ni le dieron gracias; todo lo contrario, se ofuscaron en sus razonamientos, de tal modo que su corazón insensato quedó envuelto en tinieblas. Alardeando de sabios, resultaron ser necios  y cambiaron la gloria del Dios inmortal por imágenes del hombre mortal, de pájaros, cuadrúpedos y reptiles. Por lo cual Dios los entregó a las apetencias de su corazón, a una impureza tal que degradaron sus propios cuerpos; es decir, cambiaron la verdad de Dios por la mentira, adorando y dando culto a la criatura y no al Creador, el cual es bendito por siempre. Amén.  Por esto, Dios los entregó a pasiones vergonzosas, pues sus mujeres cambiaron las relaciones naturales por otras contrarias a la naturaleza; de igual modo los hombres, abandonando las relaciones naturales con la mujer, se abrasaron en sus deseos, unos de otros, cometiendo la infamia de las relaciones de hombres con hombres y recibiendo en sí mismos el pago merecido por su extravío.  Y, como no juzgaron conveniente prestar reconocimiento a Dios, los entregó Dios a su mente insensata, para que hicieran lo que no conviene: llenos de toda clase de injusticia, maldad, codicia, malignidad; henchidos de envidias, de homicidios, discordias, fraudes, perversiones; difamadores,  calumniadores, enemigos de Dios, ultrajadores, altaneros, fanfarrones, ingeniosos para el mal, rebeldes a sus padres,  insensatos, desleales, crueles, despiadados; los cuales, aunque conocían el veredicto de Dios según el cual los que hacen estas cosas son dignos de muerte, no solo las practican sino que incluso aprueban a los que las hacen”. (Romanos 1, 1-32)

Sí, han cambiado la verdad de Dios por la mentira. Están endemoniados. Hay que convertirse a Dios, quien no lo haga, sufrirá eternamente en el infierno.

A dormir tranquilos, en la barca está Jesús y la Virgen Santísima es nuestra Madre.