Montserrat

Liberales, fieros, mansos y resabiados

Santa Edith SteinEn esta variedad, o mejor, confusión de matices y medias tintas que ofrece la abigarrada familia del Liberalismo, ¿hay señales o notas características con que distinguir fácilmente al liberal del que no lo es? He aquí otra cuestión también muy práctica para el católico de hoy, y que de un modo u otro frecuentemente el teólogo moralista ha de resolver. Dividiremos para esto los liberales (sean personas, sean escritos) en tres clases.
– Liberales fieros.
– Liberales mansos.
– Liberales impropiamente dichos o solarmente resabiados de Liberalismo. (Sardá y Salvany – El liberalismo es pecado)

Oasis de las libertades

Quién no ha de brindar por aquella heroica, maravillosa Navarra, que, en medio del desierto centralista, ha sido, con las provincias Vascongadas, el oasis de las libertades patrias que todas las regiones tuvieron con sus municipios libres y sus gloriosas Cortes; pero que, una vez perdidas, quedaron en Navarra y en las Vascongadas, como se dijo en un Congreso Internacional, conservándose a manera de un grano de almizcle para que perfumara la atmósfera de España emponzoñada por el centralismo. (Juan Vázquez de Mella – El Verbo de la Tradición)

Conciencia y ley

La conciencia está llamada a obedecer la ley. Es en esa obediencia que la conciencia permite al sujeto moral echar raíces en su propia realidad. Es la realidad -en este caso, la humana, con sus fines y sus movimientos hacia esos fines- la que, en cierto sentido, se presenta como ley. Es la realidad la que en cuanto es la propia del sujeto la que aparece como bien y, apareciendo como tal, se manifiesta como ley. Es con el fundamento anterior que la conciencia aparece como un lugar sagrado, es decir, intocable. La conciencia no ha de ser violentada ni se le impondrá actuar contra su deber, porque ella es reflejo de esa realidad que es el propio hombre y su bien. El respeto de la conciencia es el respeto de la libertad del hombre que busca el bien. (José Luis Widow – Verbo)

Demagogia

Hemos mencionado dos ejemplos muy serios, como son el problema de la baja natalidad y su relación con la grave crisis económica y la terrible amenaza islamista. En España, ambos asuntos apenas se plantean en los grandes medios y cuando se plantean, se despachan con demagogia vergonzante. La demagogia propia de los verdaderos populistas: los que quieren complacer a la sociedad en sus más bajos instintos para seguir pastoreando el rebaño.  (Blas Piñar Pinedo – Razón Española)

Acceder a la verdad

La búsqueda en común de la verdad está impulsada por la conciencia de que todos los hombres son capaces, desde su peculiar perspectiva, de acceder en alguna forma a lo real, pero nadie le da alcance exhaustivamente. Esta convicción despierta en el ánimo del hombre abierto y humilde un sentimiento de profunda gratitud hacia cuantos lo enriquecen con sus hallazgos. (Alfonso López Quintás – Manipulación del hombre en la defensa del divorcio)

Verdades fundantes

Hay una segunda distinción que es esencial para comprender la relación armónica entre libertad de expresión y verdad social. Cuando hablamos de verdad “social” no nos referimos obviamente a cualesquiera verdades sino a las que fundan el orden político. Son verdades ordenativas. En su especie pueden ser propiamente políticas, sociales, morales, religiosas, incluso económicas. Los regímenes políticos del barroco hispano-americano se sostuvieron, por ejemplo, en ciertas verdades distintivas, herederas, pero ya distintas, a las del imaginario medieval. Pero fueron siempre verdades fundantes. (Julio Alvear Téllez – Verbo)

Vi al Niño Jesús

A menudo veo al Niño Jesús durante la Santa Misa. Es sumamente bello, en cuanto a la edad, parece que va cumplir un año. Una vez, al ver el mismo Niño en nuestra capilla durante la Santa Misa, me invadió un fortísimo deseo y ansia irresistible de acercarme al altar y de tomar al Niño Jesús. En el mismo instante el Niño Jesús se puso junto a mí al borde del reclinatorio y con las dos manitas se agarró a mi brazo, encantador y alegre, su mirada llena de profundidad y penetrante. (Santa María Faustina Kowalska – Diario – La Divina Misericordia en mi alma)