Nuestra Señora de Copacabana - BoliviaDurante la colonia Copacabana, Bolivia fue evangelizado y catequizado por los padres dominicos desde 1539 hasta 1574. Con este propósito establecieron una doctrina en Copacabana y en los otros pueblos vecinos como PomataChucuito, Acora, Ilavi, Juli, Zepita y Yunguyo. Los dominicos, aparte de propagar la fe cristiana católica, como orden mariana, propagaron también una profunda devoción a la Virgen María en toda esta región. Además de propagar el rezo del Rosario, cabe recordar que los dominicos eran desde 1530 los custodios de uno de los santuarios marianos más importantes de España, el Santuario de Nuestra Señora de la Candelaria de las Islas Canarias.

En el pueblo de Copacabana, alrededor de 1580 sus habitantes vivían divididos en dos grupos, los Anansayas y los Urinsayas. A pesar de haber recibido la fe cristiana, vivían apegados a su religión primigenia. Las malas cosechas y otras desventuras los obligaron a pensar en atraerse los favores del Cielo y resolvieron los Anansayas erigir una cofradía y ponerla bajo la advocación de la Virgen de la Candelaria. Mientras que los Urinsayas se opusieron alegando que ellos tenían pensado dedicarla a San Sebastián, pero al final no se hizo nada.

El inca Tito Yupanki, descendiente del inca Wayna Qhapak, no abandonó la idea y concibió el proyecto de labrar una imagen de la Virgen pensando que una vez hecha y trasladada al pueblo sería más fácil establecer la cofradía propuesta. Este escultor aficionado, ayudado por su hermano Felipe, trabajó la imagen de la Virgen en arcilla, de una vara de alto, por los resultados, esta imagen debió representar la buena voluntad alejada de las gracias naturales de María. Fue colocada a un lado del altar por el Padre Antonio de Almedia, que hacía de párroco. Al dejar Copacabana don Antonio, se hizo cargo de Copacabana el predicador bachiller don Antonio Montoro, quien al ver esa imagen desgarbada, tosca y sin proporciones, mandó sacarla del altar y llevarla con el desaire a un rincón de la sacristía.

Humillado Francisco Tito por este contratiempo y aconsejado por los suyos, marchó a Potosí, que contaba con destacados maestros en escultura de imágenes sagradas. Llegó a adquirir en el taller del Maestro Diego Ortiz, cierto dominio en la escultura y en el tallado de la madera. Con esos conocimientos se resolvió trabajar la imagen definitiva de la Candelaria. Buscó por todas las iglesias de Potosí una imagen de la Virgen que pudiera servirle de modelo, encontrando en el Convento de Santo Domingo a la Virgen del Rosario. Se fijó en ella con suma atención para grabarla en su mente y antes de comenzar su trabajo, hizo celebrar una misa en honor de la Santísima Trinidad, para obtener sobre su obra la bendición divina.

Los Urinsayas, en principio, admitieron fundar la cofradía, pero no aceptaron la efigie labrada por Yupanqui, por lo que éste empezó a buscar comprador. En La Paz, la imagen llegó a manos del cura de Copacabana quien decidió llevar la imagen al pueblo. El febrero de 1583, la imagen de María, llegó a la población de Copacabana, lo que hace de este santuario mariano uno de los más antiguos de América, junto al santuario de Guadalupe en México. Todo el pueblo salió gozoso a recibirla y con gran alegría la condujeron a la Iglesia donde se celebró una misa en su honor y se entronizó la imagen de la Virgen.