Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Pío XII, Papa de la Hispanidad (5)

Pío XII, Papa de la HispanidadPero lo que parece más cierto—después de estudiar sus discursos—es que Pío XII, el Papa de las grandes visiones del porvenir, bahía barruntado en la Hispanidad uno de los más recios baluartes de la civilización del mañana. Y quería a toda costa, asegurar la base esencial de esta Hispanidad: su catolicismo romano. De ahí su constante empeño en recordar, por activa y por pasiva, que la esencia de los pueblos hispánicos, la antorcha común que iluminó su entrada en la Historia fue la fe cristiana.

Claro exponente de esta intención del Papa es la emisión de Radio Vaticano del 12 de octubre de 1948, en que se afirmó tajantemente que el “catolicismo es el denominador común de los pueblos hispanoamericanos que en este día celebran su encuentro: el Papado romano, la forma concreta por derecho divino e histórico de la civilización, de la religión cristiana de Hispanoamérica. La unión que se exalta en este día entre las veinte naciones que constituyen la Hispanidad ha de ser para hacer prevalecer siempre los derechos de Cristo en todos los Ordenes: defensa del pensamiento de Jesucristo, difusión del: pensamiento de Jesucristo, del viejo y del nuevo, de las tradiciones exaltadas ya en tiempos pasados y de la verdad nueva que dicta el oráculo de la Iglesia a medida que el nuevo vivir crea nuevos problemas de orden doctrinal y moral. La misma moral católica que ha formado los pueblos más perfectos y más grandes de la historia, los derechos y el prestigio de la Iglesia, el amor, profundo a su cabeza visible, el Papa, como único baluarte en él que encontrarán recursos y defensa los verdaderos derechos del hombre y la sociedad. Estas son las esencias profundas que constituyen el legado de la Hispanidad”.

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Debemos al Papa de la Hispanidad más de un centenar de textos magistrales sobre la epopeya evangelizadora.

Si la Leyenda Negra—como hemos tenido ocasión de constatar—había desfigurado y calumniado toda la obra de España en las Indias, “desde la actitud de los teólogos de Salamanca frente a los proyectos de Colón hasta la Obra entera de colonización que España llevó a cabo en el Nuevo Mundo”, el Papa Pío XII ha revalorizado a su vez, con valentía, todo su contenido. Desde las intenciones misionales de los Reyes Católicos, hasta la tierna piedad de los conquistadores. Desde la heroica vocación misionera de España, hasta la herencia de fe y civilización que legó como patrimonio a los nuevos pueblos. Todas las facetas y todos los resultados de la hazaña, católica y misionera han sido espléndidamente realzados por la palabra poderosa de Pío XII.

“Pero—se podrá pensar— ¿es que ignoraba el ilustre Pontífice las deficiencias humanas de aquella empresa?”.

Escudo de S. S. Venerable Pío XII—No: conocía demasiado bien la historia para no saber que ciertos colonos y aventureros abusaron de los pueblos indígenas. Pero, con su mirada penetradora del fondo de los problemas, entendía el Soberano Pontífice que tales miserias habían sido accidentales dentro de la labor de conjunto, la cual, a pesar de ellas, permaneció siendo una “gigante epopeya”. Por eso, en sus palabras de loor no aparece ni una sombra de reserva.

¡Ciento veintinueve textos pronunciados o escritos en setenta y un discursos o documentos distintos!

La mente de Pío XII aparece diáfana a través de un cúmulo tan considerable de testimonios. Es verdad que un discurso aislado no vale una encíclica. Máxime si se trata de un discurso de circunstancias. Pero en nuestro caso no se trata de un discurso más o menos esporádico, sino de decenas de discursos. Pío XII no nos ha legado uno o dos textos ambiguos, sino más de un centenar; algunos de considerable amplitud, y enmarcados en contextos de gran trascendencia, y todos de claridad meridiana. Nadie puede, después de su lectura, dudar un instante del pensamiento del gran Pontífice sobre la cuestión que nos ocupa.

Las mismas ideas, explícitas, claras, evidentes, se repiten una y otra vez, con una insistencia que denota en Pío XII un ánimo decidido de inculcar—especialmente a los pueblos hispánicos—la verdad de este episodio histórico ampliamente ligado con la vida de las misiones y con la fecundidad y la santidad de la Iglesia Católica.

El sólido conjunto de los textos de Pío XII es la expresión bella y variada del pensamiento de la Iglesia acerca de la obra evangelizadora y civilizadora de España católica.

Nos encontramos, a no dudarlo, ante una auténtica faceta del Oficio enseñante del Soberano Pontífice. Las ideas principales que, a través de sus numerosos textos, el Pontífice quiere inculcar, no se pueden poner en tela de juicio sin macular al mismo tiempo el principio de sumisión general a la autoridad docente del Romano Pontífice, que se ve asistido siempre por las luces del Espíritu Santo, y que representa para los fieles la misma persona del Divino Maestro.

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Los testimonios de Pío XII—lo echará de ver el lector -están llenos de colorido y variedad encantadores. Colorido y variedad puestos al servicio de una idea central única, de un pensamiento básico común: la grandeza y heroicidad de la epopeya misionera de España católica.

Para evitar una fastidiosa monotonía en las citas, y para qué se abarque con más claridad la trama del pensamiento pontificio, prescindiendo del orden cronológico de los discursos, se aducen los textos según un plan lógico.

He aquí, pues, el esquema de la doctrina de Pío XII sobre la Hispanidad.

I) La obra de la conquista y colonización de América por España tuvo un fin y un sentido esencial y eminentemente misionero.

De este espíritu apostólico participaban no sólo los misioneros, sino también los reyes y aun los conquistadores y colonos. España entera, en una palabra, correspondió generosamente a la misión heroica que había recibido, de ser el principal instrumento de la evangelización del Nuevo Mundo.

II) Debido a este sesgo misionero, los resultados de la gigante epopeya—esplendorosos y manifiestos—son resultados de cristianismo y de civilización.

Fe y santidad, lengua y cultura, sangre y héroes, constituyen el patrimonio que la Madre Patria legó a sus hijas de América. El marco de tan ricas prendas fue el reinado “colonial” de Jesucristo, realizado en su máxima perfección.

III) El conjunto de pueblos y razas fecundados por esta gesta gloriosa constituye la realidad firme y prometedora de la Hispanidad.

El denominador común de la Hispanidad es el catolicismo romano, y sus notas típicas, una robusta fe y una sólida piedad. Este formidable bloque católico, una de las grandes esperanzas de la Iglesia, parece estar destinado a difundir los tesoros de su fe a otros pueblos y a otras razas.

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Desarrollemos por partes estas ideas, probando siempre cada uno de los apartados con las actas y discursos de Pío XII en la mano.