Obispo Guerra Campos y San Juan Pablo II

D. José Guerra Campos
El octavo día
Editorial Nacional, Torrelara, Madrid, 1973

Y así vemos que se forman a veces grupos en los que la fe no es sino la expresión de actitudes subjetivas, no la correspondencia vital a la revelación de Dios. Y hasta hay quien propone que cada comunidad de éstas formule su propio credo. De ahí, la incapacidad misionera, la incapacidad de suscitar la fe. Ya lo había dicho un escritor del siglo II: estos grupos se preocupan no tanto de convertir a los que están fuera como de pervertir a los que están dentro (7). Y ahora mismo, aunque se pretende que el lenguaje equívoco acaso sea útil para acercar el mensaje cristiano a los alejados, es fácil comprobar, en general, que la confusión y la ambigüedad prevalecen allí donde se ha interrumpido la acción misionera o donde se difunde un mensaje vaciado de su médula cristiana.

Notas:

(7) TERTULIANO, De Praescriptione haereticorum, 42, 1-6: “La preocupación de los herejes no es la de convertir a los paganos, sino, la de pervertir a los nuestros”.

PABLO VI: “Hay personas cultivadas, que se titulan católicas…, que tratan de adaptar las doctrinas de la fe a la mentalidad del mundo moderno, no sólo en un laudable esfuerzo por hacer que se reciban y facilitar su comprensión, sino aportando a las mismas doctrinas reticencias, alteraciones, negaciones, al compás de las teorías o de los gustos de las opiniones actualmente en boga. La fe es libre en el acto que la expresa. No es libre en la formulación de la doctrina que expresa, cuando ésta ha sido definida con autoridad… Amad la enseñanza religiosa de la Iglesia católica, en sus dogmas, en sus expresiones litúrgicas, en sus libros que dan una enseñanza autorizada. No penséis tener la fe si no os adherís al contenido de la fe, al credo, al símbolo de la fe… No creáis que vais a tener una vida religiosa más intensa o que os acercaréis a los alejados minimizando o deformando la enseñanza precisa de la Iglesia…” (Audiencia general, 31 de mayo de 1967).