Isabel la Católica, “enfermera” y responsable del primer Hospital de Campaña de España

JEAN DUMONT, Historiador francés

ISABEL LA CATÓLICA, LA GRAN CRISTIANA OLVIDADA

Isabel inventa la Cruz Roja

No se acabará nunca de enumerar los testimonios del profundo y activo cristianismo de Isabel. Otro hecho que no puede olvidarse aquí: su actuación innovadora en la protección social, construyendo numerosos y espléndidos hospitales en España: el de la Santa Cruz en Toledo, el de los Reyes y el de Santa Ana en Granada, el de los Reyes Católicos en Compostela, “de una belleza y magnificencia únicas en la Europa de entonces”, constata Américo Castro en su Realidad histórica de España.

O los “hospitales de la sangre”, creados y administrados también por ella en primera línea del frente durante la guerra de Granada, y en la retaguardia el “hospital de la Reina”, donde se daban los cuidados más completos, notablemente equipados para aquella época. Hospitales que visitaba todos los días cuando estaba en el frente, según nos dice el testigo italiano Pedro Martyr d’ Anghiera. Isabel, pues, fue la inventora y animadora de la Cruz Roja, cuatro siglos antes que Enrique Dunant.

Es asombroso que todo esto parece no interesar a nadie en los medios de comunicación de hoy. Desgraciadamente el título de “Católica” parece desagradar a muchos. Como el recuerdo de este hecho: Isabel ha sido, por su ejemplo personal y su reforma profunda de la Iglesia de España, la “madre”, ha dicho Luis de León, de estas personalidades esenciales de nuestra Europa cristiana nacidas a menudo en el tiempo de su vida, al sur de los Pirineos: Francisco de Vitoria, Juan de Dios, Pedro de Alcántara, Juan de Ávila, Luis de León, Ignacio de Loyola, Francisco Javier, Teresa de Ávila, Juan de la Cruz. Que, con el resto de la Iglesia de España, llegada a ser roca angular, hermosa como piedra preciosa, gracias a Isabel, salvaron el catolicismo frente a la Reforma. Dejando, como ella, un testimonio cristiano jamás manchado. Por fin Isabel se unirá, en la muerte, con los religiosos que ella llamó a la pobreza. Ella fue tan caritativa que murió “sobre la paja”: la generosidad de sus dones y legados fue tal que sus albaceas tuvieron que subastar sus objetos personales para sufragar estos dones y legados de caridad. Caso ciertamente único en la historia de las monarquías.