Padre Manuel Martínez Cano, mCR.

Nuestro Señor Jesucristo fundó su Iglesia sobre la roca inconmovible de Pedro. A él le dio la suprema autoridad y el don de la infalibilidad; y a él le prometió que la Iglesia permanecería hasta el fin del mundo. La verdadera Iglesia de Cristo será, pues, aquella en la que se encuentren todos los legítimos sucesores de San Pedro.

Sólo en la Iglesia Católica se da la sucesión histórica de los sucesores de San Pedro como obispos de Roma. Desde San Pedro hasta el Papa Francisco reinante, conservamos los católicos una serie ininterrumpida de 266 Papas, Vicarios de Cristo en la tierra.

El que quiera pertenecer a la Iglesia que fundó Cristo en Pedro, tiene que estar hoy en la Iglesia Católica.

San Ambrosio, refiriéndose al Sumo Pontífice, decía: “Él es Pedro, a quien Cristo dijo: Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Donde está Pedro, allí está la verdadera Iglesia de Cristo”. Ubi Petrus, ibi Eclesia.

Los enemigos exteriores de la Iglesia no han podido destruir la obra de Cristo en 2.000 años de historia; lo terrible de los tiempos que vivimos es que los enemigos de la Iglesia están dentro de la Iglesia, haciendo cuanto pueden para destruirla.

”¿No es, acaso, cierto que basta hace pocos años los enemigos de la Iglesia estaban fuera de ella y que de unos años a esta parte sus peores enemigos surgen en el seno de la misma lglesia?” (Cardenal Siri).

”Los artífices del error, no hay que buscarlos hoy entre los enemigos declarados. Se ocultan en el seno mismo y en el corazón de la Iglesia y es un motivo de aprensión y de angustia muy vivas; enemigos tanto más terribles porque no lo son abiertamente” (San Pío X).

“Hoy después del Concilio, la Iglesia pasa por la prueba de los grandes sufrimientos (…) Sufre por la rebeldía inquieta, crítica y demoledora de tantos de sus hijos, los predilectos, maestros y seglares contra su íntima e indispensable comunión, contra su existencia institucional, contra su tradición y adhesión interior, contra su autoridad, insustituible principio de verdad, unidad y caridad; contra sus mismas exigencias de santidad y sacrificio; sufre por la deserción y el escándalo de ciertos eclesiásticos que crucifican hoy a la lglesia” (San Pablo VI).

La Iglesia Católica es el proyecto visible del amor de Dios a la humanidad que quiere que todo el género humano forme un único Pueblo de Dios, se una en el único Cuerpo Místico de Cristo y se realice en un único Templo del Espíritu Santo

La Iglesia es signo e instrumento de la unión íntima de los hombres con Dios y de la unidad de todo el género humano como hijos de Dios. Esta unidad humana ya ha comenzado, porque son miembros de la Iglesia hombres de toda raza, lengua y nación.