Contracorriente

~ Blog del P. Manuel Martínez Cano, mCR

Contracorriente

Publicaciones de la categoría: Hispanoamérica. La verdad

Hispanoamérica. La verdad 74

09 lunes Jul 2018

Posted by manuelmartinezcano in Hispanoamérica. La verdad

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Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Los Papas de la colonización (1825 – 1939) (16)

 San Pío X

Mons. Ramón Ángel Jara, ObispoMonseñor Jara, con su cálida oratoria, presentó al Papa aquellos amados símbolos patrios, implorando del Supremo Pastor su pacífica bendición de Padre.

He aquí los principales pasajes del bello discurso pronunciado por el obispo chileno:

“Beatísimo Padre:

A este concierto unísono de veneración profunda y de filial afecto, con que el orbe católico, sin distinción de razas, de lenguas y de clases, viene celebrando vuestro jubileo sacerdotal, el Episcopado de la América Española ha querido añadir una nota más, que encontrará un eco simpático en vuestro corazón”. Sigue leyendo →

Hispanoamérica. La verdad 73

02 lunes Jul 2018

Posted by manuelmartinezcano in Hispanoamérica. La verdad

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Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Los Papas de la colonización (1825 – 1939) (15)

 San Pío X

Papa San Pío XDe San Pío X citaremos un solo texto. Fue pronunciado por el dulce Pontífice con ocasión de la solemne bendición de los diecinueve pendones de países hispánicos, destinados a la Basílica de Nuestra Señora del Pilar.

Fue una idea de Monseñor Ramón Ángel Jara, Obispo entonces de San Carlos de Ancud, y más tarde de La Serena. Quiso este ardoroso prelado chileno honrar a la Santísima Virgen del Pilar y a la Madre Patria, depositando a las plantas de la Virgen aragonesa, como prueba de agradecimiento y pleitesía, las banderas de las diecinueve naciones de América que se reconocían deudoras a ambas del don inestimable de la fe y de la civilización cristiana. La iniciativa se vio secundada con simpatía por todo el Episcopado hispanoamericano. En breve estuvieron confeccionadas y bordadas en riquísimas telas las enseñas de todas las naciones del continente hispánico. Monseñor Jara fue comisionado por sus colegas para hacer la ofrenda a la Virgen en Zaragoza. Acompañado del Obispo de La Plata, Mons. Juan Nepomuceno Terrero, y al frente de una numerosa peregrinación, integrada por miembros de los diferentes países sudamericanos, vino a Europa el Obispo de Ancud. Los peregrinos se dirigieron primeramente a Roma, para que el Supremo Pastor de la Iglesia, que aquel año celebraba sus bodas de oro sacerdotales, bendijera las banderas antes de colocarlas a los pies de Nuestra Señora del Pilar. Era el 22 de noviembre de 1908.

Hispanoamérica. La verdad 72

25 lunes Jun 2018

Posted by manuelmartinezcano in Hispanoamérica. La verdad

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Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Los Papas de la colonización (1825 – 1939) (14)

Cristobal Colón - con la Cruz desembarcandoIguales ideas que las expresadas en Quarto abeunte saeculo, repite León XIII, más tarde, en una encíclica que dirigió a los Estados Unidos de América, beneficiarios también, como los otros pueblos del continente, de la hazaña del 12 de octubre de 1492.

“Lo hemos demostrado expresamente otras veces cuando la ocasión se ha presentado: Colón buscaba como principal fruto de sus viajes y trabajos abrir a la religión cristiana un camino a través de las nuevas tierras y los nuevos mares. Guiado constantemente por este propósito, lo primero que hacía, al arribar a nuevas tierras, era plantar en la playa una imagen de la Cruz sacrosanta. Por lo cual, así como el Arca de Noé, navegando sobre las olas desbordantes, transportaba—con los restos del género humano—la raza de Israel, así también las carabelas de Colón, lanzadas al Océano, transportaron a las playas ultramarinas el principio de las grandes naciones y las primicias de la Religión cristiana”.

(Carta encíclica Longinqua Oceani, a los Obispos de Estados Unidos, 6-I-1894).

He aquí el último texto que aduciremos de León XIII, en que el Pontífice atribuye a la fe a machamartillo de los españoles sus triunfos misioneros en América:

“Y no desconocemos vuestra grandísima e inmutable fidelidad a la fe de vuestros antepasados y vuestra veneración por la Sede Apostólica: lo cual fue la principal causa de que los españoles adquirieran tan inmensa gloria y un imperio tan extenso, como atestiguan los monumentos de la historia”.

(Carta a los Obispos de España, 25-X-1893.)

Hispanoamérica. La verdad 71

18 lunes Jun 2018

Posted by manuelmartinezcano in Hispanoamérica. La verdad

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Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Los Papas de la colonización (1825 – 1939) (13)

“Quarto abeunte saeculo” (3)

Colón desembarca en las indiasMás Colón, convencido de que preparaba y fortificaba los caminos del Evangelio, todo lo dirigió a este fijo propósito, y nada acometió que no fuera guiado por la religión y acompañado de la piedad. Recordamos cosas que todos conocen, mas ellas nos dan a conocer claramente los pensamientos y los deseos de este varón. Pues, constreñido a dejar portugueses y genoveses, por no encontrar allí apoyo, se retiró a España, y en una casa religiosa maduró su gran proyecto de buscar nuevas tierras, animado y aconsejado por un religioso de la Orden de San Francisco. Por fin, cuando después de siete años va a adentrarse en el Océano, se preocupa de que la tripulación haga cuanto toca a la purificación del alma; ruega a la Reina del Cielo que presida y dirija su empresa; no permite izar las velas hasta que sea implorado el patrocinio de la Santísima Trinidad; y, ya en alta mar, ante el rugido de las olas y las voces del piloto, permanece siempre tranquilo, puesta su confianza en Dios. Fácilmente puede verse cuál es su intento considerando los nuevos nombres que da a las islas descubiertas. Tan pronto llega a una de ellas, acude suplicante a Dios Todopoderoso, le adora y no toma posesión de ella más que “en nombre de Jesucristo” Al abordar una costa, lo primero que hace es implantar la sacrosanta Cruz en la orilla; y él es el primero que lleva a las nuevas islas el nombre del Divino Redentor a quien tantas veces había cantado en alta mar al son del murmullo de las olas. Y por esta misma razón, cuando empezó a construir en La Española, lo primero que edificó fue un templo, e hizo de las ceremonias sagradas el exordio de las fiestas populares.

He ahí, pues, las intenciones de Colón, lo que realizó en aquellas regiones, tan alejadas sea por mar sea por tierra, a las que nadie había llegado y, además, incultas, y que tan en breve espacio de tiempo debían Regar al elevado grado de civilización, fama y riqueza en que ahora las vemos. Por tanto, la magnitud del hecho, y la grandeza y variedad de beneficios que de él se siguieron, nos obligan a recordar con alegría y a celebrar con todo el honor que nos sea posible la memoria de este hombre. Pero, ante todo, reconozcamos y veneremos con justa razón el poder y los designios de la Mente Eterna, a quien, con plena conciencia, obedeció y sirvió el descubridor del Nuevo Mundo.

Para que las solemnidades celebradas en honor de Colón sean dignas y conformes a la verdad, es necesario unir al esplendor de las fiestas civiles la santidad de la religión. Por lo cual juzgamos que han de ser públicamente dadas gracias a Dios cuando rememoremos este afortunado suceso, para repetir lo que ya se hizo al recibirse la primera noticia de este acontecimiento, bajo la presidencia del Sumo Pontífice entonces reinante. Decretamos, pues, que en las iglesias catedrales y en las colegiatas de España e Italia y de las dos Américas, el día 12 de Octubre o, si el Ordinario del lugar lo cree más conveniente, el domingo siguiente, se celebre, con rito solemne, después del Oficio del día, la Misa de la Santísima Trinidad. Esperamos que los Obispos de los demás países obrarán de manera análoga, pues conviene que todos celebren piadosamente y con espíritu de agradecimiento lo que a todos aprovechó.

Entre tanto, como prenda de los favores celestiales y en testimonio de nuestra paternal benevolencia, a vosotros, venerables hermanos, y a vuestro clero y pueblo, impartirnos con todo afecto en el Señor, la bendición apostólica.

Dado en Roma, junto a San Pedro, a 16 de julio de 1892, año decimoquinto de nuestro Pontificado.

León XIII, Papa

Hispanoamérica. La verdad 70

11 lunes Jun 2018

Posted by manuelmartinezcano in Hispanoamérica. La verdad

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Una Epopeya misionera

Padre Juan Terradas Soler C. P. C. R

Los Papas de la colonización (1825 – 1939) (12)

“Quarto abeunte saeculo” (2)

Cristobal Colón - Las navesAl Pontífice Alejandro VI se apresura en seguida a escribirle para solicitar de él obreros apostólicos. La razón que da para que el Sumo Pontífice acoja su demanda es la siguiente: “Espero que, con la ayuda de Dios, podré extender el Evangelio y el nombre de Jesucristo en amplias regiones”. Y—así lo creemos—el gozo inunda su corazón cuando escribe desde Lisboa a Rafael Sánchez, a la vuelta de su primer viaje a las Indias: “Sean por siempre dadas gracias a Dios, que benignamente ha concedido tan felices resultados, gócese Cristo en la tierra cual se regocija en los cielos, al ver la próxima salvación de tantos pueblos entregados hasta ahora a la perdición”; y cuando pide a Fernando e Isabel que sólo los cristianos católicos vayan al Nuevo Mundo, y que ellos solos puedan tener relaciones comerciales con los indígenas, alegando que “solamente había intentado—con su expedición y sus esfuerzos—que la religión cristiana creciera y fuera honradas”. De esto se dio perfecta cuenta Isabel, que había entendido a Colón mejor que nadie. Más aún, consta que tal fue el motivo que abiertamente fue propuesto a esta piadosísima mujer, de espíritu varonil y recio corazón. Ella había asegurado que Colón se lanzaría un día animosamente al vasto mar “para realizar por la gloria de Dios una grandísima proeza”. Y, cuando Colón volvió del segundo viaje, le escribió, haciéndole saber que “todos los gastos que ella había hecho para las expediciones de Indias, y los que en adelante haría, los daba por muy bien empleados, ya que mediante ellos se conseguiría la extensión de la religión católica”.

Si no fuera así, ¿de dónde podía provenir tanta constancia y tanta fortaleza de ánimo para sufrir hasta el último momento lo que Colón tuvo que sufrir, de no haber una causa más que humana? Contrarios pareceres de parte de los eruditos, repulsas de los príncipes, tempestades del mar enfurecido, vigilias frecuentes que más de una vez llegaron hasta hacerle perder el uso de la vista. A ello hay que añadir las guerras contra los bárbaros, las infidelidades de compañeros y amigos, las conspiraciones de malvados, las perfidias de los envidiosos, las calumnias de los detractores, los grillos puestos al inocente. Necesariamente hubiera sucumbido ante tanto y tan grandes trabajos, si no le hubiera animado la plena comprensión de la hermosísima empresa que veía había de ser tan gloriosa para el nombre cristiano, y de tanto provecho para la salvación de ingentes multitudes. La excelencia de la magna gesta aparece ilustrada de una manera maravillosa por las circunstancias del tiempo en que se realizó. Colón, a la verdad, descubrió América poco antes de que la Iglesia fuese agitada por una violenta tempestad. En cuanto, pues, es lícito al hombre apreciar, por los acontecimientos de la Historia, las vías de la divina providencia, parece que verdaderamente vio la luz aquella gloria de Liguria, por singular designio de Dios, para reparar los males infligidos por Europa al nombre católico. Era ciertamente la Iglesia la que debía tomar a su cargo la empresa de llamar a los indios a la religión cristiana. Esta obra, ya desde el principio comenzada por ella, la continuó después, impulsada por una caridad sin límites; y hoy día la continua, habiéndola llevado estos últimos tiempos hasta la apartada Patagonia (144).

(144) El 1 de junio de 1879, los dos primeros misioneros salesianos llegaban a los confines de Patagonia. En los años siguientes, los hijos, de Don Bosco obtuvieron éxitos sorprendentes, en aquel extremo boreal del continente americano. (Véase Vida de San Juan Bosco, por LEMOYNE-FIERRO, pág. 598, Madrid, 1957.)

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