Obra Cultural
Porque amó mucho dio fruto abundante
A Juan Pablo II, en Zaragoza, se le planteó un problema teológico: si el que canta reza dos veces, el pueblo español, bailando para la Eucaristía y para la Virgen, ¿cuántas veces reza? Claro que el mismo Papa da la pista cuando nos dice que lo que realmente aquilata el valor de la oración y hace fecundas todas las obras es el amor que en ellas se pone, amor al Dios que es el Amor de los amores y que «puede aferrar todos los recursos de nuestro cuerpo, de nuestro espíritu, de nuestro corazón, para hacer que den fruto» (París, V-80).
Al renovar Copérnico la idea de inmovilidad del Sol en el espacio y doble movimiento de la Tierra, entre las primeras reacciones llamativas, por motivo religioso, está la de Lutero, proclamador de la libre interpretación de la Biblia, el loco -«Narr»-, que vino a trastornar la Sagrada Escritura. Esa ortodoxia luterana repercutió en astrónomos de Suecia, por presión de la Facultad de Teología de Upsala, hasta casi final del siglo XVII. Aún no mediado el XVI, en plena Contrarreforma, Paulo III recibió complacido la obra de Copérnico, en su primera edición latina de Nuremberg, impresa con dedicatoria al Sumo Pontífice, previamente autorizada. En la Universidad de Salamanca, entonces la primera del mundo en Teología, se enseñaba sin dificultad la nueva doctrina.
Fue Institución católica doctrinal y jurídica; llamada también «Santo Oficio». Para preservar de infiltraciones erróneas la doctrina católica (ortodoxia) y proteger a los fieles contra aquéllas, al difundirse ese peligro se estableció, en virtud del derecho de la Iglesia, la organización que velase por investigar -«inquirir»- en enseñanzas orales o escritas sospechosas de error, si lo contenían, dictaminando en consecuencia sobre la doctrina examinada y disponiendo sobre lo que correspondiese a los responsables de ella.
La respuesta inmediata es: el Papa es el Sucesor de San Pedro; por tanto, Vicario de Cristo, Cabeza visible de la única Iglesia por Él fundada. En los expresivos términos de la doctora de la Iglesia Santa Catalina de Siena, el Papa es il dofoe Cristo in terra, el dulce Cristo en la tierra. La figura blanca del Santo Padre tiene la dulcedumbre de la Sabiduría y del Amor divinos. El Papa es la piedra angular de la catolicidad: sin él, o de espaldas a él, no hay Iglesia católica, ni fiel católico posible.
Jesús tuvo, tiene, millones de hermanos. Todos los hombres de la humanidad. Pero no tuvo hermanos según la carne, según la sangre. Fue el hijo único de María. Los Evangelios hablan, repetidas veces, de los «hermanos del Señor», y esto ha sembrado la duda en amplios sectores.