Montserrat
¿Educar o manipular?
Evidentemente, lo que una ideología llama “educar” debemos traducirlo por manipular, amaestrar o “lavar el cerebro”, inculcar unos principios ideológicos, es decir, opiniones interesadas, en este caso en la consecución del gran sueño del racionalismo revolucionario: la creación de un hombre nuevo. Una educación consistente en programar a los seres humanos para que reproduzcan con exactitud los parámetros establecidos por la “ideología de género” y así arribar a una sociedad al margen de la tradición, de la recta razón y de la propia naturaleza humana. (Manuel Antonio Orodea – Razón Española)
Espíritu regional y nacional
El espíritu nacional no es contrario al regional, porque no es más que la síntesis de los espíritus regionales. ¡Ay de aquel que queriendo favorecer el espíritu de una nación y de una raza histórica trate de mermar los atributos y caracteres de los espíritus regionales que al comunicarse y unirse la han engendrado! (Juan Vázquez de Mella – El Verbo de la Tradición)
La verdad
El segundo orden de finalización viene exigido por la naturaleza racional considerada en su objeto: la verdad. No la verdad como pura opinión, equivalente a la doxa, al convencimiento subjetivo, estimativo, móvil, del individuo, tan propio de la epistemología liberal. Sino a la verdad en su sentido fuerte, la que se relaciona con la episteme, el logos, el cosmos. La verdad que se funda en la manifestación inteligible del ser de las cosas, de lo existente. Veritas est adaequatio rei et intellectus, decía Santo Tomás. (Julio Alvear Téllez – Verbo)
Siento su constante presencia
Aunque estos momentos son muy cortos, no obstante su poder que pasa al alma permanece muchísimo tiempo. Sin el menor esfuerzo siento un profundo recogimiento que entonces me envuelve y que no disminuye a pesar de que converso con la gente, ni me molesta en el cumplimiento de mis deberes. Siento su constante presencia sin ningún esfuerzo del alma, siento que estoy unida a Dios tan estrechamente como una gota de agua con el océano sin fondo. (Santa María Faustina Kowalska – Diario – La Divina Misericordia en mi alma)
Clericales
¿Por qué se ha tenido al Papa? ¿Por qué a los Obispos y Curas? ¿Por qué a los frailes de todo color? ¿Por qué al común de las gentes de piedad y de sana conducta? Por clericales siempre, es decir, por antiliberales. ¿Cómo puede, pues, nadie alegar buena fe en un asunto en que aparece tan claramente deslindada la corriente ortodoxa de la que no lo es? (Sardá y Salvany – El liberalismo es pecado)
El divorcio y los hijos
«Llegamos al punto más delicado de las consecuencias que puede tener el divorcio vincular, a la entraña viva y palpitante de la cuestión de los efectos que produce la disolución del matrimonio -la dispersión de la familia y la separación de los padres- en los hijos, víctimas inocentes de las turbulencias y de las discordias, y, posiblemente, del egoísmo pasional de sus progenitores; se dice que no es el divorcio, sino la desunión y el desafecto que realmente existe entre los padres lo que perjudica a la prole; más la exactitud de esta afirmación no es óbice para que la disolución del vínculo y la destrucción del hogar donde nacieron y donde debieran educarse e instruirse coloque a los hijos en situación tan peligrosa y delicada que exige, por parte de todos los que intervinieron en estos asuntos, la mayor ternura, discreción y prudencia». Esta exhortación a la ternura por parte de un autor divorcista (F. Delgado Iribarren, El divorcio, Madrid 1932, pág. 270). (Alfonso López Quintás – Manipulación del hombre en la defensa del divorcio)
La perfecta autoposesión
Evidentemente la perfecta autoposesión de sí se da sólo en Dios en quien su ser se identifica con su acto intelectivo. En los ángeles no hay perfecta autoposesión, porque en ellos hay una cierta potencia respecto de la perfecta autoposesión, la que pueden alcanzar o perder para siempre mediante un acto electivo. En el caso del hombre, cuya entidad espiritual es forma de una materia, tiene una libertad cuya autoposesión es completamente potencial. La vida humana consistirá en un camino en el cual esa autoposesión se perfecciona o se impide. (José Luis Widow – Verbo)
Como se ve, se trata de una libertad que está independizada de cualquier orden objetivo: el objeto del acto puede ser cualquiera si es que con ello no daña la libertad de otros. No hay un orden intrínseco de la acción moral a partir del cual ella pueda ser evaluada. La evaluación en ese terreno no puede ser sino subjetiva. Por esto, decir hoy día que el fin de la polis es que el hombre sea libre conlleva el peligro de que se entienda al modo moderno. Pero no habría problema en afirmarlo si la libertad se entendiera al modo agustiniano. “Para ser libre, debe ser bueno”, dice Castellano. Me parece -aunque no tengo seguridad- de que lo que quiere afirmar nuestro autor es que “ser libre es ser bueno”. ¿Por qué podría afirmar esto? En otros textos afirma que ser libre es ser dueño de sí mismo. Esta idea puede ayudar a entender la primera. La libertad es la autoposesión del espíritu o intelecto de manera tal que no depende en nada de aquello que está fuera de sí, sino de su sólo acto interior. (José Luis Widow – Verbo)
Forman grupos de presión que marcan las pautas del comportamiento social y personal. Se asimilan a la opinión pública, que es creación suya, y, por ello, gozan de un poder omnímodo. Coherentemente con todo lo dicho en el punto anterior, la demagogia es su táctica habitual. Descendamos un momento al detalle concreto. Espigamos en la prensa del día la noticia de una concentración convocada por una agrupación feminista condenando la agresión a una joven por su expareja. Uno de las consignas coreadas, se nos informa, fue este anacronismo: “No es un caso aislado, es el patriarcado”. Previamente, se recogen las declaraciones de una representante feminista que afirma: “Los malos tratos y la violencia machista son consecuencia de las situaciones de desigualdad y discriminación que vivimos las mujeres en la sociedad”. (Manuel Antonio Orodea – Razón Española)
Mandaron al Señor sentarse en un pedazo de madero y entonces trenzaron una corona de espinas y ciñeron con ella la Sagrada Cabeza; pusieron una caña en su mano, y se burlaban de Él homenajeándolo como a un rey. Le escupían en la Cara y otros tomaban la caña y le pegaban en la Cabeza; otros le producían dolor a puñetazos, y otros le taparon la Cara y le golpeaban con los puños. Jesús lo soportaba silenciosamente. ¿Quién puede entender, su dolor? Jesús tenía los ojos bajados hacia la tierra. Sentí lo que sucedía entonces en el dulcísimo Corazón de Jesús. Que cada alma medite lo que Jesús sufría en aquel momento. Competían en insultar al Señor. Yo pensaba ¿de dónde podía proceder tanta maldad en el hombre? La provoca el pecado. Se encontraron el Amor y el pecado. (Santa María Faustina Kowalska – Diario – La Divina Misericordia en mi alma)
Y la ideología destruyó aquel modelo de enseñanza. ¿No nos asiste ningún derecho a, por lo menos, cuestionar la explicación “oficial” ideológica y sospechar que detrás de la violencia masculina contra las mujeres se encuentra, entre otros factores, antes que el espantajo del machismo, esa destrucción de instituciones fundamentales para la formación humana? (Manuel Antonio Orodea – Razón Española)