Montserrat

El espantajo del machismo

Santa Luisa de MarillacY la ideología destruyó aquel modelo de enseñanza. ¿No nos asiste ningún derecho a, por lo menos, cuestionar la explicación “oficial” ideológica y sospechar que detrás de la violencia masculina contra las mujeres se encuentra, entre otros factores, antes que el espantajo del machismo, esa destrucción de instituciones fundamentales para la formación humana? (Manuel Antonio Orodea – Razón Española)

Un abismo las separa

Pueden conseguir así efectos de momento entre la indocta masa liberal; pero la verdad no tarda en abrirse paso a través de las argucias y sutilezas, y concluye por ser objeto de mofa o desprecio el sofisma si lleva su temeridad hasta el punto de confundir en uno, según lo exigen y lo piden las necesidades de la polémica, el principio y ser de la Monarquía cristiana y de la parlamentaria liberal. Un abismo las separa. (Juan Vázquez de Mella – El Verbo de la Tradición)

Declaración de Derechos

Debe considerarse también una segunda cuestión sobre la libertad de expresión. La Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, como se ha apuntado, afirma que se castiga el abuso de la libertad. Por su parte, la Constitución italiana de 1948 –una de las Constituciones hechas en serie, que puede tomarse como ejemplo para el problema que nos interesa- prohíbe todas las manifestaciones de la libertad contrarias a las “buenas costumbres”. (Danilo Castellano – Verbo)

Atrevidos reformadores

No eran dogmas abstractos y metafísicos los nuevos que predicaba en sustitución de los antiguos; eran hechos que bastaba tener ojos para verlos y simple buen sentido para abominarlos. Gran fenómeno se vio en esta ocasión, y que se presta mucho a serias meditaciones. El pueblo sencillo e iliterato, pero honrado, fue el más refractario a la novedad. Los grandes talentos corrompidos por el filosofismo fueron los primeros seducidos. EI buen sentido natural de los pueblos hizo justicia en seguida a los atrevidos reformadores. (Sardá y Salvany – El liberalismo es pecado)

Los hijos sufrimos

No son los hechos la única fuente promotora de legislación. Pero, si alguien lo entiende así, debe atenerse fielmente a la realidad y cuidarse de no desplazar hipócritamente a un segundo plano los datos de experiencia que claman contra la práctica del divorcio. Me refiero, entre otros, a la erosión ética que provoca la concepción del matrimonio que se deriva de la ley y de la práctica divorcistas; al consiguiente incremento del concubinato, según consta en estudios sociológicos solventes al trauma espiritual y a la situación de desamparo físico y moral que deben sufrir los hijos de padres divorciados. “Mis padres -ha manifestado la conocida actriz Jane Fonda- se preocupaban más de ellos mismos que de sus hijos, y ello fue deplorable para mí. Además, con su divorcio perdieron atención por el sujeto paciente del mismo: los hijos que fuimos los que realmente sufrimos las consecuencias de la equivocación matrimonial de mis padres”. (Alfonso López Quintás – Manipulación del hombre en la defensa del divorcio)

La concepción clásica de la libertad

Si la libertad no se identifica con el poder hacer lo que se desea, entonces “no consiste en ser legibus solutus, es decir, superior a la ley, sino en ponerla en práctica sin necesidad de recurrir a la coerción: “Hoc modo -escribe Santo Tomás- unusquisque sibi est lex, inquantum participat ordinem alicuius regulantis”. No hay oposición entre actuar libremente y hacerlo sujeto a una ley, pues si ésta es un principio que ordena los actos humanos al bien, y la libertad se define, como se verá, por su orden al bien, entonces, la ley no sólo no es un obstáculo para la libertad, sino una condición para su ejercicio. (José Luis Widow – Verbo)

Después de la flagelación

Cuando me sumerjo en la Pasión del Señor, a menudo en la adoración veo al Señor Jesús bajo este aspecto: después de la flagelación los verdugos tomaron al Señor y le quitaron su propia túnica que ya se había pegado a las llagas; mientras la despojaban volvieron a abrirse sus llagas. Luego vistieron al Señor con un manto rojo, sucio y despedazado sobre las llagas abiertas. El manto llegaba a las rodillas solamente en algunos lugares. (Santa María Faustina Kowalska – Diario – La Divina Misericordia en mi alma)