Contracorriente

~ Blog del P. Manuel Martínez Cano, mCR

Contracorriente

Publicaciones de la categoría: P. Manuel Martínez Cano

La ciencia y Dios

06 jueves Jun 2019

Posted by manuelmartinezcano in P. Manuel Martínez Cano

≈ Deja un comentario

Padre Manuel Martínez Cano, mCR.

Corazones de Jesús y de María mirando el mundoSuelen decir que la ciencia ha demostrado que Dios no existe. Afirmación falsa. La ciencia moderna no dice nada de la existencia o no existencia de Dios. La ciencia moderna ha limitado voluntariamente su campo de experimentación a lo que sólo se puede medir, pesar, cuantificar. Lo que no recogen las balanzas, microscopios, espectroscopios, no interesa a la ciencia. La ciencia sólo analiza lo material.

La ciencia moderna reconoce que no está cualificada para probar la existencia de algo trascendental y espiritual porque transciende sus métodos de investigación. No se puede medir o pesar un ser espiritual. La ciencia no niega la existencia de Dios porque no tiene como objeto de investigación la existencia de seres espirituales.

«Es altamente probable que todas nuestras teorías científicas sean erróneas. Las que hemos aceptado pueden ser comprobadas dentro de nuestros límites de observación. Por tanto, la verdad en la ciencia es una verdad pragmática, que mañana puede convertirse en un error; sin embargo, la verdad de la existencia de Dios es una verdad absoluta que perdurará siempre» (S.W.N. Sullivan).

La verdadera ciencia no ha contradecido nunca a la religión; porque Dios (suprema Verdad) es el autor de la ciencia y de la religión, de las verdades científicas y de las verdades religiosas, y Dios no se puede contradecir.

Max Planck, Premio Nobel de Física, afirma: «No se da contradicción alguna entre la Religión y las Ciencias Naturales; ambas son perfectamente compatibles entre sí».

«No sólo no hay contradicción entre ciencia y fe, sino que mutuamente se ayudan y complementan» (Manuel Carreira S.J., Doctor en Ciencias Físicas).

«Contraponer la ciencia con la religión, es cosa de gente poco experta en uno u otro tema»(Paul Sabatier, Premio Nobel).

Su Santidad San Juan Pablo II afirmó en la Universidad de Madrid: «La Ciencia y la fe no son opuestas, sino convergentes en el descubrimiento de la realidad integral que tiene su origen en Dios».

Vintilia Horia que fue Catedrático de la Universidad de Alcalá de Henares, dijo: «Es falso creer que la fe es algo perteneciente al pasado más remoto de nuestra civilización. Yo sostengo lo contrario. Hoy día la mayor parte de los científicos creen”.

La Religión no es un obstáculo para el desarrollo científico, como dicen los indocumentados.

Es evidente que el Universo no puede reducirse a simple física, y que debemos compaginar las verdades filosóficas, religiosas y científicas que conocemos. Einstein decía: «Si la religión sin ciencia es ciega, la ciencia sin religión cojea».

Para emitir un juicio auténtico y verdadero sobre la creación hacen falta todas las aportaciones de los diversos campos del saber y obtener una síntesis completa de lo que es el Universo y nuestro papel en él. La posición correcta ha de ser de mutuo respeto y de circunscribirse, ciencia y religión, a su propio terreno. Así no hay conflicto.

El científico J.A. Wheeler ha reconocido que: «En contenido y utilidad el conocimiento científico es una fracción infinitesimal del conocimiento natural».

Newton, genial físico, astrónomo y matemático, fundador de la física teórica clásica, afirmó: «Lo que sabemos es una gota, lo que ignoramos un inmenso océano. La admirable disposición y armonía del Universo no han podido sino salir del plan de un Ser omnisciente y omnipotente».

Marconi, inventor de la telegrafía sin hilos, Premio Nobel: «Lo declaro con orgullo: soy creyente. Creo en el poder de la oración y creo no sólo como católico sino también como científico».

Gregorio Marañón, insigne médico y biólogo, ha dicho: «Es evidente que la Ciencia, a pesar, de sus progresos increíbles, no puede, ni podrá nunca, explicárnoslo todo. Cada vez ganará nuevas zonas a lo que hoy nos parece inexplicable; pero la raya fronteriza del saber, por muy lejos que se lleve, tendrá siempre un infinito mundo misterioso a cuya puerta llamará angustiosamente nuestro «por qué» sin que nos den otra respuesta que una palabra: Dios».

La ciencia moderna reconoce que no está cualificada para hablar de Dios. Sin embargo, científicos de todos los tiempos y de todos los campos de experimentación científica han manifestado públicamente su fe en Dios.

Cauchy, gran matemático, dijo: «Soy cristiano, es decir, creo en la divinidad de Jesucristo, como todos los grandes astrónomos, todos los grandes matemáticos del pasado. Soy católico. Y si me preguntáis la razón de ello, veréis que mi convicción no es el resultado de prejuicios de nacimiento, sino de un estudio profundo. Mis convicciones religiosas están profundamente arraigadas en mi espíritu y mi corazón; ellas son ante mis ojos verdades mucho más inamovibles que la del cuadrado de la hipotenusa y el teorema de Mac Laurin».

Kepler, uno de los mayores astrónomos, afirma: «Dios es grande, grande en su poder, infinito en su sabiduría… Día vendrá en que podremos leer a Dios en la Naturaleza, como lo leemos en las Sagradas Escrituras».

Linneo, fundador de la Botánica Sistemática, ha dicho: «He visto pasar de cerca al Dios eterno, infinito, omnisciente y omnipotente y me he postrado de hinojos en adoración».

Gauss, uno de los más grandes matemáticos y científicos alemanes: «Cuando suene nuestra última hora, será grande e inefable nuestro gozo al ver a quien en todo nuestro quehacer sólo hemos podido columbrar».

Liebig, famoso químico: «La grandeza e infinita sabiduría del Creador la reconocerá realmente sólo el que se esfuerce por extraer ideas del gran libro que llamamos Naturaleza».

Robert Mayer, gran científico naturalista, colaboró en la fundamentación de la ley de la conservación de la energía: «Acabo mi vida con una convicción que brota de lo más hondo de mi corazón: la verdadera ciencia y la verdadera filosofía no pueden ser otra cosa que una propedéutica de la religión cristiana».

Edison, el inventor más fecundo, 1.200 patentes: «Mi máximo respeto y mi máxima admiración a todos los ingenieros, especialmente al mayor de todos ellos: Dios».

Schleich, célebre cirujano: «Me hice creyente a mi manera por el microscopio y la observación de la naturaleza, y quiero, en cuanto esté a mi alcance, contribuir a la plena concordia entre Ciencia y Religión».

Millikan, gran físico, Premio Nobel: «Puedo, de mi parte, aseverar con toda decisión que la negación de la fe carece de toda base científica. A mi juicio, jamás se encontrará una verdadera contradicción entre la fe y la ciencia».

Eddington, famosísimo astrónomo: «Ninguno de los inventores del ateísmo fue naturista. Todos ellos fueron filósofos muy mediocres».

Einstein, fundador de la Física contemporánea, teoría de la Relatividad, Premio Nobel: «A todo investigador profundo de la naturaleza no puede menos de sobrecogerle una especie de sentimiento religioso, porque le es imposible concebir que haya sido él el primero en haber visto las relaciones delicadísimas que contempla. A través del universo incomprensible se manifiesta una inteligencia superior infinita».

Planck, fundador de la teoría de los «cuanta» de la Física moderna, Premio Nobel: «Nada, pues, nos lo impide y el impulso de nuestro conocimiento lo exige… relacionar mutuamente el orden del universo y el Dios de la Religión. Dios está para el creyente en el principio de sus discursos, para el físico en el término de los mismos».

Schrödinger, creador de la mecánica ondulatoria, Premio Nobel: «La obra maestra más fina es la hecha por Dios, según los principios de la mecánica cuántica».

Mathaway, padre del cerebro electrónico: «La moderna física me enseña que la naturaleza no es capaz de ordenarse a sí misma. El universo supone una enorme masa de orden. Por eso requiere una «Causa Primera» grande, que no está sometida a la segunda ley de la transformación de la energía y que, por lo mismo, es sobrenatural».

James Jeans, matemático, físico y astrónomo: «La moderna teoría científica nos fuerza a pensar en un Creador que trabaja fuera del tiempo y del espacio, pues, éstos forman parte de su Creación, cabalmente como un artista está fuera de su lienzo».

Pasteur: «Porque he estudiado mucho, tengo la fe de un bretón; si hubiese estudiado más, tendría la fe de una bretona» (Bretaña es una región muy católica de Francia).

La vida, Dios y el ateísmo

30 jueves May 2019

Posted by manuelmartinezcano in P. Manuel Martínez Cano

≈ Deja un comentario

Padre Manuel Martínez Cano, mCR.

Santa Maria ReinaLa Geología enseña que la Tierra estuvo sin vida durante el período azoico ¿Cómo empezó la vida en el período paleozoico? ¿Por generación espontánea, como dicen los materialistas, o por Dios, que crea a todo ser viviente, como dice la Biblia?

Pasteur, Tindall, Burke, Maumus, etc… Han demostrado científicamente que la generación espontánea es un absurdo.

La teoría de que la vida ha venido a la Tierra en gérmenes procedentes de otros astros ha sido también rechazada por la ciencia, porque esos gérmenes tenían que haber perecido en su camino por el frío excesivo, por la falta de humedad y por la acción de los rayos ultravioletas; y en todo caso habría que preguntarse cómo empezó la vida en esos supuestos astros.

La materia no puede dar lo que no tiene. De lo inerte no brota vida; un ser orgánico no puede proceder de un ser inorgánico. Todos los seres vivos, células, plantas, animales, hombres, etc. proceden de otro ser vivo. La vida que vemos en la tierra la tuvo que dar un ser vivo. Ese ser vivo es el Creador y Señor de todas las cosas; Dios todopoderoso.

Jorge Wold, biólogo de la Universidad de Harvard, Premio Nobel, ha dicho: «No hay ninguna oposición entre la aceptación de la explicación científica del origen de la vida y la creencia en Dios, pues Éste es el autor de las leyes que rigen el proceso biológico».

Es un hecho de experiencia normal y constante que el hombre siente en sí mismo el deber de la ley moral que le obliga en conciencia a hacer el bien y evitar el mal.

La conciencia del deber, de hacer el bien no se explica sin la existencia de un Supremo Legislador, único que puede hacer sentir en la conciencia del hombre ese deber y esa obligación de una manera universal, constante y eficaz, aunque contraríe los propios intereses y pasiones desordenadas. Ese Supremo Legislador es Dios.

Juan Zaragüeta, Catedrático de la Universidad de Madrid afirma que, además de las leyes de la Naturaleza, las leyes de la conciencia hablan de la existencia de Dios «pues nadie se manda a sí mismo, sino que la conciencia recibe las órdenes de un Ser superior a ella, que es precisamente Dios».

La existencia de Dios es connatural al alma humana, la descubre el sentido común. Una de las cosas que más fácilmente aprende el niño y que más imperiosamente le domina es la existencia de Dios. Y el adulto no puede sustraerse a la objetividad de la existencia de Dios, verdaderamente avasalladora, si está libre de prejuicios y pasiones desordenadas.

Nadie acepta que el reloj que lleva en la muñeca se ha hecho solo, porque la existencia de su reloj supone la existencia de una inteligencia y un poder que lo ha inventado y hecho.

De la misma manera que el reloj reclama la existencia de una inteligencia y un poder, el mundo con su variedad, con su conjunto innumerable de seres a cuál más maravilloso, con su orden y movimiento, presupone una inteligencia y un poder infinitos. Esa inteligencia y poder infinitos la tiene Dios, principio y fin de todas las cosas. No hay reloj sin relojero, no hay mundo sin Creador.

A. Compton, profesor de Física en la Universidad de Chicago, ha dicho: «Lejos de estar en conflicto, la Ciencia se ha hecho aliada de la Religión. Al aumentar nuestros conocimientos de la naturaleza, nos hemos relacionado mejor con el Dios de la naturaleza. Naturalmente, son muy pocos los modernos hombres de ciencia que defienden una actitud atea».

Ateo es el que niega la existencia de Dios. Lógicamente no debería haber ateos, pues las razones de la existencia de Dios son asequibles a cualquier inteligencia, de tal modo que toda persona sensata y razonable puede conocer la existencia de Dios.

Sin embargo, hay hombres y mujeres que viven como si Dios no existiera. También hay políticos ateos que procuran desterrar a Dios de la sociedad. Incluso no han faltado ateos especulativos que han inventado hipótesis y sistemas ideológicos, para explicar el mundo y todas las cosas sin Dios, y así relegar a Dios a la categoría de mito; pretensión inútil, pues nada han conseguido.

El ateo afirma que Dios no existe, pero no tiene pruebas para demostrar que Dios no existe, porque no las hay. El ateísmo es, pues, una profesión de fe en la inexistencia de Dios. El ateo no tiene razones para justificar su posición.

Francisco González de Posada, Rector de la Universidad de Santander y Catedrático de Física, ha dicho: «La ciencia de hoy no le da al ateo ningún dato que le confirme en su ateísmo».

«No hay más que dos clases de personas a las que se pueden llamar razonables: aquellos que sirven a Dios con todo su corazón, porque lo conocen, o aquellos que buscan a Dios con todo su corazón, porque no lo conocen» (Pascal).

«Yo quisiera poder ver un hombre sobrio, moderado, casto, equitativo… que negase la existencia de Dios y la inmortalidad del alma. Ése, al menos, hablaría sin interés, pero un hombre así no se encuentra» (La Bruyère).

«Nadie niega a Dios, sino quien tiene interés en que Dios no exista» (San Agustín).

Pruebas de la existencia de Dios

23 jueves May 2019

Posted by manuelmartinezcano in P. Manuel Martínez Cano

≈ Deja un comentario

Padre Manuel Martínez Cano, mCR.

Dios coronado creador del UniversoDesde el inicio de la historia hasta el día de hoy los hombres han expresado su relación con Dios por medio de sus creencias y costumbres religiosas (oraciones, sacrificios, cultos, meditaciones, etc.). De tal manera que el hombre aparece en la historia como un ser esencialmente religioso.

La relación con Dios exige de la persona el esfuerzo de su inteligencia, la rectitud de su voluntad, la humildad de corazón y el testimonio de otros hombres y mujeres que le enseñen a buscar a Dios.

La persona que sinceramente busca a Dios «descubre ciertas vías o caminos” para llegar al conocimiento de Dios. Son argumentos de razón convincentes que partiendo de la creación permiten llegar a la certeza de la existencia de Dios.

Los más famosos argumentos de razón, para demostrar la existencia de Dios, son las llamadas «cinco vías» de Santo Tomás de Aquino. Por los argumentos del doctor Angélico y el sentido común el hombre llega al conocimiento de la existencia de Dios.

Werner Heisemberg, el físico que ha revolucionado la ciencia del siglo XX, Premio Nobel, ha dicho: «Es posible establecer contacto entre el alma y Dios, de la misma manera que un ser humano puede establecer contactos con otros seres humanos. Lo que sí creo cierto es en Dios y que de Él viene todo. Las partículas atómicas tienen un orden y una armonía que tienen que haber sido impuestas por alguien».

Una de las cinco vías de Santo Tomás es la del Ser necesario.

Alguien ha tenido que existir eternamente. Porque, si en un momento determinado no hubiese existido algo, en dicho momento no existiría nada; y como de la nada no puede salir cosa alguna, tampoco existiríamos nosotros ahora. Pero como estamos seguros de que nosotros existimos, necesariamente hemos de reconocer que algo, o alguien, ha existido siempre. A este Ser eterno le damos el nombre de Dios.

Junto a nosotros hay otros seres. La existencia del mundo visible también es evidente. Alguien ha tenido que hacer las maravillas de nuestro entorno. Hay quienes afirman que ese alguien es la naturaleza o la materia. A esta objeción responde la ciencia afirmando que la materia no es eterna, que empezó a existir.

El universo, la naturaleza, no se ha hecho a sí misma, porque ha empezado a existir. Necesariamente, pues, tiene que existir una causa fuera de la naturaleza que lo ha creado todo. Esta causa es sobrenatural. Y a esta causa sobrenatural es a la que damos el nombre de Dios.

Alfredo Kastler, Premio Nobel de Física, ha dicho: «La idea de que el mundo, el universo material, se ha creado a sí mismo, me parece absurda. Yo no concibo el mundo sino con un Creador, por consiguiente, Dios. Para un físico un sólo átomo es tan complicado, supone tal inteligencia, que un universo materialista carece de sentido».

Observemos ahora al mundo creado. ¿Qué vemos en su conjunto? En el campo microscópico vemos el mundo fascinante de los átomos, las moléculas, los electrones, etc., con unas leyes y reglas que dan la sensación de una inteligente ordenación de todos estos elementos simples.

Si contemplamos la naturaleza, nos encontramos con uno de los fenómenos más sorprendentes de la creación: la vida, con una complejidad y unas realizaciones muchísimo más admirables que el cerebro electrónico más perfecto construido por el hombre.

Si de los seres vivientes observamos al hombre, el asombro crece ante la diversidad de sus órganos y de sus funciones. Porque además de todas las características de los seres vivos, tiene la particularidad de sus facultades espirituales, la inteligencia y la voluntad, que le hacen ser considerado como el rey de la creación.

Si dejamos la tierra y observamos el universo, nuestro asombro seguirá aumentando ante los enormes astros que se desplazan a velocidades fantásticas, con un orden matemáticamente calculado.

Esta armonía, este orden que observamos en todas las cosas, presupone una sabia organización y una poderosa inteligencia ordenadora. A esta inteligencia ordenadora damos el nombre de Dios.

Copérnico, eminentísimo astrónomo, dijo: «Si existe una ciencia que eleve el alma del hombre y la remonte a lo alto en medio de la pequeñez de la Tierra, es la Astronomía, pues no se puede contemplar el orden magnífico que gobierna el Universo sin mirar ante sí y en todas las cosas al Creador mismo, fuente de todo bien».

La materia está sujeta al principio de inercia, no puede moverse por sí sola. Sin embargo, todos admiramos la prodigiosa maravilla del variadísimo y ordenadísimo movimiento del universo. Millones de estrellas, bolas gigantescas de masas impresionantes van a enormes velocidades por el espacio. La Tierra va a 10.000 Km. por hora, y el Sol a 300 Km. por segundo.

Este movimiento de las estrellas es tan exacto que se puede hacer el almanaque con muchísima anticipación, anunciando el día que ocurrirá un eclipse, la hora, cuánto durará, qué parte de la Luna o del Sol se ocultará, desde que punto de la Tierra será visible, etc…

Ahora bien, si un coche no se pone en marcha por sí solo, ¿quién ha puesto en movimiento esos millones de estrellas de masas tan impresionantes? Es el motor inmóvil que ha puesto la fuerza motriz en todas las cosas. Ese motor inmóvil, origen de todo movimiento, es Dios.

James B. Irwin, que tomó parte en el primer vuelo espacial lunar del 26 de Julio de 1.971, confiesa que su descenso y su paseo por la Luna fueron más que una empresa científica; le devolvieron la fe perdida: «Mientras nuestros cuerpos subían hasta los cielos, nuestros espíritus también se elevaban. Cuando entramos en el espacio, tuvimos una visión nueva de nosotros mismos, de la Tierra y de la proximidad de Dios… el sentido de la presencia de Dios y el sentimiento aplastante de que Él estaba con nosotros es algo que solamente he podido comprobar algún tiempo después del vuelo».

 

Las cosas y la indiferencia ignaciana

16 jueves May 2019

Posted by manuelmartinezcano in P. Manuel Martínez Cano

≈ Deja un comentario

Padre Manuel Martínez Cano, mCR.

Dios creador del UniversoEs verdad que Dios creó las cosas para el hombre, pero con una finalidad concreta: «Hemos de usar rectamente de las cosas criadas porque debemos usarlas para lo que fueron hechas por Dios. Y han sido hechas para dos cosas, a saber: para gloria de Dios, porque todo lo hizo para sí; esto es para su gloria, como se dice en los Proverbios, 16; y para nuestra utilidad, es decir, para que usándolas no cometamos pecado» (Santo Tomás de Aquino).

Dios ha creado las cosas para que nos ayuden a conocerle y amarle.

Por la contemplación de las cosas creadas nos podemos elevar a la contemplación de Dios, porque todas ellas son manifestaciones de Dios: «El Cielo y la Tierra y todas las cosas que en ellos hay me dicen que te ame, y no cesan de decirlo a todos, de suerte que soy inexcusable (…) cosa es sorprendente que el hombre no alabe de continuo a Dios, cuando todas las criaturas le invitan a alabarle» (San Agustín).

La naturaleza humana debilitada por el pecado original inclina al hombre a buscar lo agradable, lo dulce, lo honroso; y rehúye y esquiva sibilinamente lo desagradable, lo amargo, lo humillante. Pero nosotros debemos gobernarnos con la razón, iluminada por la fe.

San Ignacio da la regla de oro para usar bien las cosas: «El hombre tanto ha de usar dellas, (las cosas) quanto le ayuden para su fin, y tanto debe apartarse dellas, quanto para ello le impiden».

Nuestra norma de vida no ha de ser el sentimiento o el gusto, sino la razón iluminada por la fe, porque «el extravío de la vida está en usar y gozar mal de las criaturas» (San Agustín).

Si no usamos las cosas con la razón iluminada por la fe, nos convertiremos en esclavos de las cosas, porque las criaturas no pueden saciar el corazón del hombre: «Mientras el alma desea las criaturas, tiene hambre continua, porque aunque logre lo que de la criatura pretende, permanece vacía, porque nada hay que la llene sino Tú, Señor, a cuya imagen ha sido criada» (San Agustín).

«Mi mayor iniquidad es el dejarme dominar de las cosas que he de usar» (San Agustín).

San Ignacio dice que para usar bien las cosas hay que llegar a la indiferencia: «es menester hacernos indiferentes a todas las cosas criadas, en todo lo que le es concedido a la libertad de nuestro libre albedrío y no le está prohibido; en tal manera que no queramos de nuestra parte, más salud que enfermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que corta, y por consiguiente en todo lo demás».

La indiferencia que enseña San Ignacio no es el pasotismo, sino la fuerza de la voluntad por la que el hombre, en pleno ejercicio de su libertad, dirige sus afectos y sentimientos de tal manera, que lo desagradable a la naturaleza no sea obstáculo para elegir bien: si la enfermedad me lleva al Cielo, quiero la enfermedad; si la salud me lleva al Cielo, la salud quiero.

El Principio y Fundamento de San Ignacio concluye con estas palabras: «Solamente deseando y eligiendo lo que más conduce para el fin que somos criados». Admirable regla de vida; cuando veamos qué es lo mejor para salvarnos, se acabó la indiferencia. Lo hacemos y así iremos al Cielo. En todas las cosas debemos proceder por motivos sobrenaturales, usando las cosas solo para la mayor gloria a Dios y salvación del alma.

La Iglesia, encuentro de los hombres con Dios

09 jueves May 2019

Posted by manuelmartinezcano in P. Manuel Martínez Cano

≈ Deja un comentario

Padre Manuel Martínez Cano, mCR.

Jesús calma la tempestadHace años, me encargaron confeccionar unas lecciones de religión para uso interno. Coloqué sobre mi mesa varios manuales de Teología Dogmática moral, ascética, historia de la Iglesia y el Magisterio de la Iglesia, de Enrique Denzinger.

Como en nuestros días pocos conocen la verdadera doctrina de la Iglesia Católica he publicado y seguiré publicando, Dios mediante, parte de algunos temas. He olvidado los auténticos autores. Firmo yo. Es doctrina católica.

La Iglesia Católica es el proyecto visible del amor de Dios a la humanidad que quiere que todo el género humano forme un único Pueblo de Dios, se una en el único Cuerpo Místico de Cristo y se realice en un único Templo del Espíritu Santo.

La Iglesia es el Pueblo de Dios adquirido para Él mismo como raza elegida, sacerdocio real, nación santa. La identidad de este Pueblo Elegido es la dignidad y libertad de los hijos de Dios, en cuyos corazones habita el Espíritu Santo como en un templo; su ley es el Nuevo mandamiento de Jesús de amarse unos a otros como Él nos amó; su misión es ser la sal de la tierra y la luz del mundo para la salvación eterna del género humano; su destino es el Reino de Dios que Él mismo comenzó en este mundo y que ha de ser extendido por todos los fieles, por todas las naciones.

Es en la Iglesia donde se realiza la unión de los hombres con Dios por medio de la caridad. La estructura de la Iglesia está totalmente organizada y ordenada para que los fieles amen a Dios y al prójimo.

La Iglesia es signo e instrumento de la unión íntima de los hombres con Dios y de la unidad de todo el género humano como hijos de Dios. Esta unidad humana ya ha comenzado, porque son miembros de la Iglesia hombres de toda raza, lengua y nación.

Son miembros de la Iglesia todos los bautizados y los catecúmenos que desean ser bautizados.

El Concilio Vaticano II, en su Constitución dogmática sobre la Iglesia dice: «Los hombres entran en la Iglesia por el bautismo como puerta obligada (…) Los catecúmenos que, por la moción del Espíritu Santo, solicitan con voluntad expresa ser incorporados a la Iglesia, se unen a ella por este mismo deseo; y la Madre Iglesia los abraza ya amorosa y solícitamente como a hijos».

Los pecadores son miembros de la Iglesia de Cristo. A tales pecadores les recuerda el Concilio Vaticano II que «no alcanza la salvación, aunque estén incorporados a la Iglesia, quienes no perseverando en la caridad, permanecen en el seno de la Iglesia en «cuerpo», pero no en «corazón» «no podrán salvarse quienes, sabiendo que la Iglesia Católica fue instituida por Jesucristo como necesaria, desdeñaran entrar o no quisieran pertenecer a ella» (Constitución dogmática, Lumen Gentium, 14).

← Entradas anteriores
Entradas recientes →
abril 2026
L M X J V S D
 12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
27282930  
« Sep    

Introduce tu dirección de correo electrónico para seguir este Blog y recibir las notificaciones de las nuevas publicaciones en tu buzón de correo electrónico.

Unión Seglar de San Antonio María Claret

P. José María Alba Cereceda, S.I.

palba2

Archivos

Categorías

  • Artículos (1.171)
  • Artículos – Contracorriente (919)
  • Carta Dominical (118)
  • Chispicas (266)
  • Cosicas (108)
  • De Hispanoamérica (1)
  • Dominicas (266)
  • El Coladero (1)
  • El nacimiento de la España moderna (75)
  • Francisco franco (176)
  • Guerra Campos (286)
  • Hemos leído (99)
  • Hispanoamérica. La verdad (192)
  • Historia de España (57)
  • Hitos (175)
  • Imagén – Contracorriente (132)
  • La Iglesia vive de la Eucaristia (22)
  • La voz de los santos (154)
  • Magisterio (38)
  • Meditaciones de la Virgen (174)
  • Mensajes de fe (214)
  • Miguicas (265)
  • Mojones (184)
  • Mostacicas (265)
  • Noticas (10)
  • Oraciones (391)
  • P. Manuel Martínez Cano (736)
  • Padre Alba (268)
  • Palabras de Dios (94)
  • Para pensar (27)
  • Pensamientos (99)
  • Pensar es sano (111)
  • Sabaticas (266)
  • Santos (111)
  • Semillicas (265)
  • Sintonía con la jerarquia (184)
  • Uncategorized (1.327)
  • Vida mixta (13)
  • Vida religiosa ayer, hoy y mañana (22)

Ejercicios Espirituales predicados por el P. Cano

Meditaciones y Pláticas del P. José María Alba Cereceda, S.I.

Varios volumenes de apóx. 370 páginas. Precio volumen: 10 €. Pedidos: hnopablolibros@gmail.com

Twitter Papa Francisco

Mis tuits

Twitter P. Cano

Mis tuits

“Espíritu Santo, infúndenos la fuerza para anunciar la novedad del Evangelio con audacia, en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente”. Padre Santo Francisco.

"Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la construyen. (Salmo 127, 1)"

Nuestro ideal: Salvar almas

Van al Cielo los que mueren en gracia de Dios; van al infierno los que mueren en pecado mortal

"Id al mundo entro y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado" Marcos 16, 15-16.

"Es necesario que los católicos españoles sepáis recobrar el vigor pleno del espíritu, la valentía de una fe vivida, la lucidez evangélica iluminada por el amor profundo al hombre hermano." San Juan Pablo II.

"No seguirás en el mal a la mayoría." Éxodo 23, 2.

"Odiad el mal los que amáis al Señor." Salmo 97, 10.

"Jamás cerraré mi boca ante una sociedad que rechaza el terrorismo y reclama el derecho de matar niños." Monseñor José Guerra Campos.

¡Por Cristo, por María y por España: más, más y más!

www.holyart.es

Blog de WordPress.com.

  • Suscribirse Suscrito
    • Contracorriente
    • Únete a otros 279 suscriptores
    • ¿Ya tienes una cuenta de WordPress.com? Inicia sesión.
    • Contracorriente
    • Suscribirse Suscrito
    • Regístrate
    • Iniciar sesión
    • Denunciar este contenido
    • Ver el sitio en el Lector
    • Gestionar las suscripciones
    • Contraer esta barra
 

Cargando comentarios...