Padre Manuel Martínez Cano, mCR.

Corazones de Jesús y de María mirando el mundoSuelen decir que la ciencia ha demostrado que Dios no existe. Afirmación falsa. La ciencia moderna no dice nada de la existencia o no existencia de Dios. La ciencia moderna ha limitado voluntariamente su campo de experimentación a lo que sólo se puede medir, pesar, cuantificar. Lo que no recogen las balanzas, microscopios, espectroscopios, no interesa a la ciencia. La ciencia sólo analiza lo material.

La ciencia moderna reconoce que no está cualificada para probar la existencia de algo trascendental y espiritual porque transciende sus métodos de investigación. No se puede medir o pesar un ser espiritual. La ciencia no niega la existencia de Dios porque no tiene como objeto de investigación la existencia de seres espirituales.

“Es altamente probable que todas nuestras teorías científicas sean erróneas. Las que hemos aceptado pueden ser comprobadas dentro de nuestros límites de observación. Por tanto, la verdad en la ciencia es una verdad pragmática, que mañana puede convertirse en un error; sin embargo, la verdad de la existencia de Dios es una verdad absoluta que perdurará siempre” (S.W.N. Sullivan).

La verdadera ciencia no ha contradecido nunca a la religión; porque Dios (suprema Verdad) es el autor de la ciencia y de la religión, de las verdades científicas y de las verdades religiosas, y Dios no se puede contradecir.

Max Planck, Premio Nobel de Física, afirma: “No se da contradicción alguna entre la Religión y las Ciencias Naturales; ambas son perfectamente compatibles entre sí”.

“No sólo no hay contradicción entre ciencia y fe, sino que mutuamente se ayudan y complementan” (Manuel Carreira S.J., Doctor en Ciencias Físicas).

“Contraponer la ciencia con la religión, es cosa de gente poco experta en uno u otro tema”(Paul Sabatier, Premio Nobel).

Su Santidad San Juan Pablo II afirmó en la Universidad de Madrid: “La Ciencia y la fe no son opuestas, sino convergentes en el descubrimiento de la realidad integral que tiene su origen en Dios”.

Vintilia Horia que fue Catedrático de la Universidad de Alcalá de Henares, dijo: “Es falso creer que la fe es algo perteneciente al pasado más remoto de nuestra civilización. Yo sostengo lo contrario. Hoy día la mayor parte de los científicos creen”.

La Religión no es un obstáculo para el desarrollo científico, como dicen los indocumentados.

Es evidente que el Universo no puede reducirse a simple física, y que debemos compaginar las verdades filosóficas, religiosas y científicas que conocemos. Einstein decía: “Si la religión sin ciencia es ciega, la ciencia sin religión cojea”.

Para emitir un juicio auténtico y verdadero sobre la creación hacen falta todas las aportaciones de los diversos campos del saber y obtener una síntesis completa de lo que es el Universo y nuestro papel en él. La posición correcta ha de ser de mutuo respeto y de circunscribirse, ciencia y religión, a su propio terreno. Así no hay conflicto.

El científico J.A. Wheeler ha reconocido que: “En contenido y utilidad el conocimiento científico es una fracción infinitesimal del conocimiento natural”.

Newton, genial físico, astrónomo y matemático, fundador de la física teórica clásica, afirmó: “Lo que sabemos es una gota, lo que ignoramos un inmenso océano. La admirable disposición y armonía del Universo no han podido sino salir del plan de un Ser omnisciente y omnipotente”.

Marconi, inventor de la telegrafía sin hilos, Premio Nobel: “Lo declaro con orgullo: soy creyente. Creo en el poder de la oración y creo no sólo como católico sino también como científico”.

Gregorio Marañón, insigne médico y biólogo, ha dicho: “Es evidente que la Ciencia, a pesar, de sus progresos increíbles, no puede, ni podrá nunca, explicárnoslo todo. Cada vez ganará nuevas zonas a lo que hoy nos parece inexplicable; pero la raya fronteriza del saber, por muy lejos que se lleve, tendrá siempre un infinito mundo misterioso a cuya puerta llamará angustiosamente nuestro “por qué” sin que nos den otra respuesta que una palabra: Dios”.

La ciencia moderna reconoce que no está cualificada para hablar de Dios. Sin embargo, científicos de todos los tiempos y de todos los campos de experimentación científica han manifestado públicamente su fe en Dios.

Cauchy, gran matemático, dijo: “Soy cristiano, es decir, creo en la divinidad de Jesucristo, como todos los grandes astrónomos, todos los grandes matemáticos del pasado. Soy católico. Y si me preguntáis la razón de ello, veréis que mi convicción no es el resultado de prejuicios de nacimiento, sino de un estudio profundo. Mis convicciones religiosas están profundamente arraigadas en mi espíritu y mi corazón; ellas son ante mis ojos verdades mucho más inamovibles que la del cuadrado de la hipotenusa y el teorema de Mac Laurin”.

Kepler, uno de los mayores astrónomos, afirma: “Dios es grande, grande en su poder, infinito en su sabiduría… Día vendrá en que podremos leer a Dios en la Naturaleza, como lo leemos en las Sagradas Escrituras”.

Linneo, fundador de la Botánica Sistemática, ha dicho: “He visto pasar de cerca al Dios eterno, infinito, omnisciente y omnipotente y me he postrado de hinojos en adoración”.

Gauss, uno de los más grandes matemáticos y científicos alemanes: “Cuando suene nuestra última hora, será grande e inefable nuestro gozo al ver a quien en todo nuestro quehacer sólo hemos podido columbrar”.

Liebig, famoso químico: “La grandeza e infinita sabiduría del Creador la reconocerá realmente sólo el que se esfuerce por extraer ideas del gran libro que llamamos Naturaleza”.

Robert Mayer, gran científico naturalista, colaboró en la fundamentación de la ley de la conservación de la energía: “Acabo mi vida con una convicción que brota de lo más hondo de mi corazón: la verdadera ciencia y la verdadera filosofía no pueden ser otra cosa que una propedéutica de la religión cristiana”.

Edison, el inventor más fecundo, 1.200 patentes: “Mi máximo respeto y mi máxima admiración a todos los ingenieros, especialmente al mayor de todos ellos: Dios”.

Schleich, célebre cirujano: “Me hice creyente a mi manera por el microscopio y la observación de la naturaleza, y quiero, en cuanto esté a mi alcance, contribuir a la plena concordia entre Ciencia y Religión”.

Millikan, gran físico, Premio Nobel: “Puedo, de mi parte, aseverar con toda decisión que la negación de la fe carece de toda base científica. A mi juicio, jamás se encontrará una verdadera contradicción entre la fe y la ciencia”.

Eddington, famosísimo astrónomo: “Ninguno de los inventores del ateísmo fue naturista. Todos ellos fueron filósofos muy mediocres”.

Einstein, fundador de la Física contemporánea, teoría de la Relatividad, Premio Nobel: “A todo investigador profundo de la naturaleza no puede menos de sobrecogerle una especie de sentimiento religioso, porque le es imposible concebir que haya sido él el primero en haber visto las relaciones delicadísimas que contempla. A través del universo incomprensible se manifiesta una inteligencia superior infinita”.

Planck, fundador de la teoría de los “cuanta” de la Física moderna, Premio Nobel: “Nada, pues, nos lo impide y el impulso de nuestro conocimiento lo exige… relacionar mutuamente el orden del universo y el Dios de la Religión. Dios está para el creyente en el principio de sus discursos, para el físico en el término de los mismos”.

Schrödinger, creador de la mecánica ondulatoria, Premio Nobel: “La obra maestra más fina es la hecha por Dios, según los principios de la mecánica cuántica”.

Mathaway, padre del cerebro electrónico: “La moderna física me enseña que la naturaleza no es capaz de ordenarse a sí misma. El universo supone una enorme masa de orden. Por eso requiere una “Causa Primera” grande, que no está sometida a la segunda ley de la transformación de la energía y que, por lo mismo, es sobrenatural”.

James Jeans, matemático, físico y astrónomo: “La moderna teoría científica nos fuerza a pensar en un Creador que trabaja fuera del tiempo y del espacio, pues, éstos forman parte de su Creación, cabalmente como un artista está fuera de su lienzo”.

Pasteur: “Porque he estudiado mucho, tengo la fe de un bretón; si hubiese estudiado más, tendría la fe de una bretona” (Bretaña es una región muy católica de Francia).