Contracorriente

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Contracorriente

Publicaciones de la categoría: P. Manuel Martínez Cano

La verdadera religión

10 jueves Ene 2019

Posted by manuelmartinezcano in P. Manuel Martínez Cano

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Padre Manuel Martínez Cano, mCR.

jesucristo y llagas en las manosVarias religiones afirman que han sido reveladas por Dios, pero la religión revelada por Dios sólo puede ser una, porque hay un solo Dios: Sólo hay una verdadera religión, las otras religiones son falsas. Las religiones que se practican en el mundo son contrarias entre sí en su doctrina moral y culto. Como Dios no puede contradecirse, sólo una de esas religiones puede ser la verdadera religión. El hombre tiene la obligación de buscar, indagar y reflexionar hasta encontrar la verdadera religión. La única religión que ofrezca garantías ciertas de su carácter divino y sobrenatural.

La filosofía y la historia demuestran que sólo la religión cristiana es la verdadera religión. Estos son los argumentos: 1) La trascendente personalidad de Jesucristo, su vida admirable, su sublime doctrina y el perenne éxito de su obra (la Iglesia), son las mayores garantías de que la religión cristiana es la única verdadera revelada por Dios. 2) La religión cristiana ofrece tales caracteres de honestidad, de elevación y santidad, que no puede explicarse sino por su origen divino, los milagros y las profecías son pruebas externas de su divinidad. 3) La religión cristiana, de origen patente en la historia, no sólo se presenta libre de error, de contradicción o de fraude, sino que además responde perfectamente a la naturaleza racional y a las más nobles aspiraciones del hombre.

Un milagro es un hecho sensible, histórico y extraordinario, que supera las fuerzas de la naturaleza creada, que sólo puede ser realizado por Dios. La Iglesia antes de afirmar que un hecho histórico es un auténtico milagro, analiza la verdad histórica, la verdad científica, la verdad teológica y la verdad en relación de ese hecho histórico.

La verdad histórica ha de demostrar la existencia histórica del hecho, con todas sus circunstancias de lugar, espacio, testigos. La verdad científica ha de probar que el hecho histórico supera las fuerzas de la naturaleza sensible, aún aplicadas artificiosamente por los hombres. La verdad teológica ha de confirmar que el hecho reconocido como superior a las leyes de la naturaleza, ha sido realizado por Dios. La verdad relacional constata que el milagro ha sido realizado por Dios para confirmar la autenticidad de una revelación, doctrina divina o la fe de los fieles.

Un milagro es una intervención de Dios en la historia de los hombres. Y Dios sólo ha hecho milagros en su Pueblo: Israel, en el Antiguo Testamento y en su nuevo Pueblo, la Iglesia Católica. Jesucristo, hizo muchos milagros. El Evangelio narra dieciocho curaciones de enfermos, doce que indican un dominio absoluto sobre la naturaleza, tres resurrecciones de muertos, cinco expulsiones de demonios. Milagros tan evidentes, que los enemigos de Jesús exclamaron: «¿Qué hacemos?, que este hombre hace muchos milagros» (Jn. 11, 47). La resurrección de Lázaro fue el detonante de la sentencia a muerte de Nuestro Señor. Y la resurrección de Jesús, la manifestación evidente de su divinidad.

En la historia de la Iglesia se recogen muchos y verdaderos milagros, perfectamente comprobados por la ciencia humana: los requeridos para la canonización de los santos, los de Lourdes, Fátima, etc… Los milagros, bien comprobados, son señales claras de la intervención de Dios en la historia; los milagros son la suprema garantía para saber cuál es la verdadera religión. Y, como en la Iglesia Católica han sucedido y suceden muchos milagros, la verdadera religión es la religión católica.

Profecía es la predicción cierta de un hecho futuro y libre, que actualmente no se puede prever, porque depende de la exclusiva voluntad de Dios y de la libertad de los hombres. Las profecías son milagros de orden intelectual. La predicción de un eclipse solar no es una profecía, porque el eclipse puede preverse naturalmente, ya que está sujeto a las leyes de la naturaleza.

Sólo Dios puede conocer el futuro libre y sólo Él puede dar a conocer al profeta un acontecimiento futuro naturalmente imprevisible. La profecía es, por tanto, clara señal de la intervención de Dios y garantía absoluta de profesar la verdadera religión. Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento se anuncian hechos futuros y libres, científicamente comprobados posteriormente.

Los milagros científicamente comprobados en la historia de la Iglesia y las profecías cumplidas con exactitud en la vida de Nuestro Señor Jesucristo, ratifican el carácter sobrenatural y divino de la religión cristiana, única verdadera religión revelada por Dios a los hombres.

La religión

03 jueves Ene 2019

Posted by manuelmartinezcano in P. Manuel Martínez Cano

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Padre Manuel Martínez Cano, mCR.

María y Niño Jesús jugando con el veloMuchos jóvenes no saben ni el Padrenuestro; no les han enseñado religión.
Según Lactancio y San Agustín, la religión es cierta «religación» del hombre con Dios.
La religión es el conjunto de nuestras relaciones con Dios, como Principio de quien el hombre procede y como Fin al cual ordena su vida. El deseo de relacionarse con Dios está inscrito en el corazón del hombre, porque el hombre ha sido creado por Dios; Dios no cesa de atraer al hombre hacia sí y sólo en Dios encontrará el hombre la verdad y felicidad que busca incesantemente.
La religión es necesaria al hombre porque sólo en ella encuentra la satisfacción de sus más nobles aspiraciones. Sólo la religión proporciona al hombre la plenitud de la verdad y del bien, la verdadera felicidad. «Nos hiciste, Señor, para Ti y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en Ti» (San Agustín). La religión puede ser natural y sobrenatural, objetiva y subjetiva. Religión natural es la que el hombre puede conocer con su razón y practicar con la fuerza de su voluntad. Tiene su fundamento en el orden de la creación.
Religión sobrenatural es la que tiene como fundamento el orden sobrenatural, revelado por Dios, que el hombre conoce por la fe y practica con su voluntad, ayudada y fortalecida por la gracia santificante.
Religión objetiva es el conjunto de las verdades reveladas por Dios en la Sagrada Escritura y en la Tradición divina, enseñadas por el Magisterio de la Iglesia. Religión subjetiva es la virtud que mueve a las personas a creer las verdades reveladas por Dios, a cumplir los mandamientos y a dar culto a Dios por medio de la liturgia.
Todos los pueblos han sentido la necesidad de relacionarse con Dios y han practicado la religión, individual y socialmente. La antropología y las ciencias de la naturaleza enseñan la universalidad del hecho religioso en la historia de la Humanidad. De los pueblos prehistóricos se han descubierto indicios de religiosidad en los monumentos megalíticos, sepulturas, amuletos y objetos relacionados con Dios.
Los pueblos históricos reconocen su dependencia de un Ser Supremo y la vida después de la muerte. Distinguen entre el bien y el mal moral y tienen como obligatorios sus correspondientes ritos y sacrificios. En los pueblos cultos es patente y constante la fe en Dios y el desarrollo de sus religiones: Algunas de estas religiones son en realidad filosofías de la vida, pues no aceptan un Dios al que rendirle culto.
Entre los pueblos orientales, destaca la religiosidad de los chinos (confucionismo); la de los indios (budismo e hinduismo); la de los árabes (islamismo) y, sobre todo, la religión del pueblo elegido por Dios: Israel (judaísmo).
Entre los pueblos occidentales están las religiones de los griegos, romanos, galos, germanos, escandinavos, aztecas, incas, etc. A través de su historia, el hombre aparece como «animal religioso». Este es un hecho indiscutible. Los pueblos no solo han sentido la necesidad de dar culto a Dios, si no la obligación de practicar su religión. Esta obligación ha sido grabada por Dios en la conciencia de las personas, para que todas se salven y para que las naciones alcancen su fin social.
La religión es la aceptación racional y libre con el que el hombre reconoce su dependencia de Dios y los deberes que para con Él se derivan de esa dependencia filial. El hombre tiene la obligación de relacionarse con Dios. El hombre creado por Dios, tiene la obligación de dar culto a Dios en público y en privado.
Dios ha creado al hombre sociable por naturaleza. La sociedad también es obra de Dios; por tanto, la sociedad tiene la obligación de dar culto a Dios. Las naciones deben reconocer públicamente su dependencia de Dios, conformando sus leyes con la Ley de Dios. Las autoridades civiles deben dar culto público a Dios y promover la religión en sus pueblos como lo más beneficioso para el bien común de las naciones.

La Emperatriz de América triunfa en España

27 jueves Dic 2018

Posted by manuelmartinezcano in P. Manuel Martínez Cano

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Padre Manuel Martínez Cano, mCR.

Virgen de Guadalupe - Bandera de MéjicoLa Guadalupana, Nuestra Señora de Guadalupe, triunfa en España. En el Templo Nacional Expiatorio del Sagrado Corazón de Jesús del Tibidabo, en Barcelona, la Virgen Santísima fue alabada, honrada y aclamada por los fieles que abarrotaban el Templo. Muchos hispanoamericanos. Santo Rosario, entrada triunfal de la Virgen al son de las canciones y música de mariachis mejicanos. Espectacular, piadosa, fervorosa manifestación de amor a la Reina del Cielo y de la Tierra.

Santa Misa, celebrada por un servidor de ustedes y de la Virgen santísima. Silencio fervoroso, canciones litúrgicas preciosas. En los primeros bancos y en sus sillas de ruedas hombres, mujeres y religiosas del Cottolengo del Padre Alegre, «Un trocito del Cielo en la tierra», como me dijo su capellán el día de la Inmaculada. En los bancos laterales las madres, jóvenes y heroicas con sus hijos; voluntarios de la Casa Guadalupe de la diócesis de Terrassa amparo y refugio de las almas desoladas. Al final de la Santa Misa la madre de un niño leyó una carta de agradecimiento a Dios y a la Virgen Santísima por su protección y amparo, emocionó profundamente a todos los presentes.

Como en la Solemne Vigilia de Cristo Rey del mes pasado, salimos a la plaza del Tibidabo para bendecir con el Santísimo Sacramento a la Ciudad de la Virgen de la Merced. ¡Cuánta misericordia se derrocha en Barcelona en sus pobres y enfermos! ¡Cuánto amor al Santísimo Sacramento! Ya tenemos cuatro santos lugares de Adoración Perpetua. Estos actos religiosos no se publican en los medios de comunicación democráticos. Están al servicio de sus amos.

Terminó la manifestación extraordinaria de amor a la Reina y Emperatriz con la imposición del manto de la Virgen a todos sus hijos, acto emotivo como el que más. Como tenía que volver a casa pronto, no gocé del ágape fraternal. Todo fue organizado, con perfección monástica, por los Jóvenes de San José, fundados para atender a los sin techo. Estas buenas personas de Barcelona los quieren mucho. Conversan amigablemente, les hablan de Dios, rezan juntos y les entregan bolsas de comida.

Un ambiente de gozo espiritual penetraba en los huesos y el corazón de todos los hijos de María Santísima. Niños, adolescentes, jóvenes, mayores y ancianos, todos unidos: La familia de los hijos de María santísima.

En diciembre de 1531 caminaba el indio Juan Diego por la colina del Tepeyac (Méjico) y oyó que le llamaban. Era una hermosísima señora que le dijo: «Yo soy la siempre Virgen María, Madre del verdadero Dios, por quien se vive». Y le pidió que fuera al obispo Zumárraga y le dijera que levantara allí un templo. El obispo le pidió una prueba para creer en sus palabras. La Virgen mostró a Juan Diego, en la cima del monte árido, unas rosas y otras flores en pleno invierno en aquella tierra estéril. ¡Rosas de Castilla, de España!

Juan Diego voló hacia Méjico, con su tilma o ayate, que usan los indios más pobres, para protegerse del frío, repleta de flores. Entró en el Palacio Episcopal y, ante Zumárraga, extendió el ayate. Las flores dejaron perplejo al obispo y acompañantes, pero casi mueren de sorpresa, al ver «pintada» en la tilma la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe. El más antiguo estudio realizado con rigor, Nicam Mopohua, goza de universal aprobación. Los hombres de ciencia no aciertan a explicar la imagen impresa en la tilma de San Juan Diego de la Virgen de Guadalupe. Es un milagro permanente.

El Papa Pío XII el 12 de octubre de 1945 dijo: «El la tilma del pobre Juan Diego, pinceles que no eran de acá abajo dejaban pintada una imagen dulcísima». La Virgen ya era Patrona y «Reina de Méjico». Y el papa de la Virgen de Fátima, proclamó a la Virgen de Guadalupe «Emperatriz de América», de todas las Américas.

En España tenemos también nuestra Virgen de Guadalupe, la Reina del Cielo y de la tierra. Su historia, su imagen y su culto son radicalmente distintos: La Virgen de Extremadura y la Virgen de Tepeyac. México «La Nueva España» es una de las 21 naciones que España evangelizó; de «Hispanoamérica» ha dicho San Juan Pablo II que es «Una obra sin par en la Historia». Historiadores famosos han dicho que, después de la Encarnación del Verbo, la Hispanidad es el acontecimiento histórico más grandioso de toda la Historia.

Doce de Octubre la Virgen de Guadalupe proclamada por el papa Emperatriz de las Américas. Doce de Octubre la Virgen del Pilar, patrona de la Hispanidad.

¡Viva la Santísima Virgen María! ¡Viva la Niña Hermosa de Nazaret!

El nacimiento de Jesús

20 jueves Dic 2018

Posted by manuelmartinezcano in P. Manuel Martínez Cano

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Padre Manuel Martínez Cano, mCR.

Nacimiento del Niño Jesús y pastorContempla a María en compañía de José caminando hacia Belén. El César ha mandado que cada uno se empadrone en el lugar de su nacimiento. Y la Virgen que está a punto de dar a luz, con el corazón herido, acepta la Divina Voluntad y confía en el Señor. El viaje es largo, unos cinco días; y duro. Acompaña a la Virgen Hermosa, mírala abrigada con ropas pobres. San José no le quita el ojo de encima, contempla el rostro de su esposa toda pureza, toda modestia; va recogida en su belleza y hermosura celestial. Los ángeles acompañan y protegen a los padres del Rey y Señor del Cielo y Tierra. Cinco días de camino, llegan a la ciudad de David, Belén.
“Y sucedió que, mientras estaban allí, le llegó a ella el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada. En aquella misma región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño. De repente un ángel del Señor se les presentó; la gloria del Señor los envolvió de claridad, y se llenaron de gran temor. El ángel les dijo: “No temáis, os anuncio una buena noticia que será de gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”. De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios diciendo: “Gloria a Dios en el Cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad”.
 Y sucedió que, cuando los ángeles se marcharon al Cielo, los pastores se decían unos a otros: “Vayamos, pues, a Belén, y veamos lo que ha sucedido y que el Señor nos ha comunicado”.
Fueron corriendo y encontraron a María y a José y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores. María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho”. (Lucas 2, 6-20).
La Virgen María, con inmensa alegría, admiración respetuosa y amor encendido, arrulla a Jesús en sus brazos, lo estrecha contra su pecho, le adora con profundo respeto, le besa con cariño infinito, ¡Hijo mío y Dios mío! Exclama. Le envuelve en los pobres pañales que tenía preparado. Pobres pero limpios. Misterio profundo: Dios hecho un niño; la omnipotencia reducida a suma impotencia; el dueño de Cielos y Tierra sin cuna donde ser colocado ¡un establo es el palacio del Hijo de Dios! ¡un pesebre, el trono del Hijo de Dios! Allí concelebramos la Santa Misa el padre Turú y yo.
«Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron». Hace frío, pero Jesús no siente el frío de la noche; lo primero que ha visto sus ojos al abrirlos a la luz de este mundo, ha sido el rostro de su Madre tan pura, tan guapa, tan hermosa… Madre e Hijo no se hartan de contemplarse mutuamente. La mirada de la Virgen es consuelo y alegría para Jesús y la mirada de Jesús es aumento de alegría y santidad para María.
En el portal de Belén, Jesús reunió dos cosas que el mundo democratista tiene por irreconocibles: ¡pobreza y felicidad! Miremos la cueva ¡cuánta pobreza! Miremos a Jesús, María y José ¡cuánta felicidad! El desasimiento del corazón de todas las cosas de la tierra, esta es la gran asignaturas para alcanzar la felicidad. San Ignacio de Loyola dice: “Que el relajamiento de las órdenes religiosas vino por las riquezas”. Santa Clara decía a sus hijas: «Por amor del Santísimo y amadísimo Niño envuelto en pobrecillos pañales, acostado en un pesebre, y de su Santísima Madre, amonesto, ruego y exhorto a mis hermanas que se vistan siempre de ropas viles». Hermanas religiosas, no seáis mundanas. La moda es un ídolo.
Compañera inseparable de la pobreza es la humildad. El Verbo divino, Dios omnipotente, reducido a la impotencia de un pobre Niño. ¡Qué difícil es la humildad! El anonadamiento, sobre todo cuando se tiene conciencia de las razones y del valer propio. Tenemos que aprender de Jesús a sacrificarlo todo por amor a quien primero se humilló por nosotros. ¡Qué felicidad hubiera sido estar presente en la cueva de Belén! Besar los pies del Niño recién nacido. ¡Si viviéramos nuestras comuniones, la Santa Misa, la visita al Santísimo! Nosotros recibimos a Dios, a Jesús sacramentado, cada vez que comulgamos. La Santísima Trinidad vive en nuestras almas.
Y los ángeles cantan ¡Gloria a Dios! Jesús viene al mundo a reparar la gloria de Dios oscurecida en nuestros días. Nosotros podemos reparar la gloria de Dios. San Juan de la Cruz decía que «Vale más un acto de amor a Dios que la creación entera» ¡Dios mío, te amo! ¡Jesús en tí confió! ¡Virgen Santísima, te quiero mucho! ¡Jesús hazme humilde como Tú!
Y los ángeles cantan: «Paz a los hombres de buena voluntad». San Gregorio decía: «Ninguna cosa hay más rica, ni más amable, ni más pacífica que la buena voluntad». Cuando nuestra voluntad se entrega generosa a la voluntad divina todo es paz, anchura de corazón, alegría. La Paz se pierde por el pecado mortal: «¿Quién jamás ha resistido a Dios y gozado de paz?» (Job 2, 4). También se pierde por nuestra falta de generosidad con Dios y con el prójimo. No nos engañemos. La paz no está en gozar las cosas desordenadamente. La paz está en Jesús, en Belén, en aquella pobre cueva con María y José.

La Encarnación

13 jueves Dic 2018

Posted by manuelmartinezcano in P. Manuel Martínez Cano

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Padre Manuel Martínez Cano mCR.

la Anunciación de MaríaVamos hacia Navidad y vamos a prepararnos un poquico siguiendo las huellas del Evangelio. San Ignacio de Loyola nos dice que para meditar los misterios de la vida de Cristo, revivamos la escena. No solo viendo las personas, como en una proyección; y oyendo lo que dicen las personas, como si escuchara la radio; y viendo lo que hace, como quien contempla el cine; sino tomando parte en la escena: representando el papel de Jesús, escuchándolo en el monte de las Bienaventuranzas, contemplándolo al pie de la cruz. Después reflexionar sobre sí mismo, para ordenar nuestra vida, para corregir nuestras afecciones desordenadas y seguir a Jesús, imitándole.
San Ignacio dice que «Las Tres divinas personas miraban toda la planicie o redondez de todo el mundo llena de hombres, y cómo viendo que todos descendían al infierno, se determina en su eternidad que la segunda persona se haga hombre para salvar el género humano».
Dios había castigado a su Pueblo Israel con el diluvio universal, con el fuego de Sodoma y Gomorra, con la esclavitud. Parecía como si Dios preparaba otro castigo. Pero no fue así Las Tres divinas personas movidas por su infinita misericordia deciden hacer la redención del hombre. En medio de aquella sociedad podrida, comenzó a subir un día al Cielo un incienso perfumado, un aroma de pureza, de todas las virtudes. Dios miró a la tierra y contempló a la Niña Hermosa de Nazaret María Santísima; era tan santa que arrancó de los cielos al mismo Hijo de Dios, encarnándolo es sus purísimas entrañas, haciéndole hijo suyo. «Cuando más abundó el pecado tanto más abundó la gracia. (Romanos 5, 20).
Con santa curiosidad asómate a la ventana de la casa de Nazaret y contempla a la Niña Hermosa en oración ¡Qué hermosos ojos!: «En el mes sexto, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret,  a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel.  El ángel le dijo: “No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin”. Y María dijo al ángel: “¿Cómo será eso, pues no conozco varón?”. El ángel le contestó: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible”. María contestó: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”.
Y el ángel se retiró. (San Lucas 1, 26-38).
Y Dios se hizo hombre ¡por mí! El verbo, la Segunda persona de la Santísima Trinidad, se ofrece para reparar los pecados de los hombres y aplacar la justicia de Dios Padre «Hágase en mi según tu palabra». No según mi capricho, gustos, comodidades, modas, políticas; no según lo que diga el mundo, sino siempre según tu voluntad, Señor.
¡Hermano de Jesús! ¡Hijo de María! A quién vamos a temer. Protestantes que me leéis: la Virgen María es la Madre de Dios.

 

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