Padre Manuel Martínez Cano, mCR.

María y Niño Jesús jugando con el veloMuchos jóvenes no saben ni el Padrenuestro; no les han enseñado religión.
Según Lactancio y San Agustín, la religión es cierta “religación” del hombre con Dios.
La religión es el conjunto de nuestras relaciones con Dios, como Principio de quien el hombre procede y como Fin al cual ordena su vida. El deseo de relacionarse con Dios está inscrito en el corazón del hombre, porque el hombre ha sido creado por Dios; Dios no cesa de atraer al hombre hacia sí y sólo en Dios encontrará el hombre la verdad y felicidad que busca incesantemente.
La religión es necesaria al hombre porque sólo en ella encuentra la satisfacción de sus más nobles aspiraciones. Sólo la religión proporciona al hombre la plenitud de la verdad y del bien, la verdadera felicidad. “Nos hiciste, Señor, para Ti y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en Ti” (San Agustín). La religión puede ser natural y sobrenatural, objetiva y subjetiva. Religión natural es la que el hombre puede conocer con su razón y practicar con la fuerza de su voluntad. Tiene su fundamento en el orden de la creación.
Religión sobrenatural es la que tiene como fundamento el orden sobrenatural, revelado por Dios, que el hombre conoce por la fe y practica con su voluntad, ayudada y fortalecida por la gracia santificante.
Religión objetiva es el conjunto de las verdades reveladas por Dios en la Sagrada Escritura y en la Tradición divina, enseñadas por el Magisterio de la Iglesia. Religión subjetiva es la virtud que mueve a las personas a creer las verdades reveladas por Dios, a cumplir los mandamientos y a dar culto a Dios por medio de la liturgia.
Todos los pueblos han sentido la necesidad de relacionarse con Dios y han practicado la religión, individual y socialmente. La antropología y las ciencias de la naturaleza enseñan la universalidad del hecho religioso en la historia de la Humanidad. De los pueblos prehistóricos se han descubierto indicios de religiosidad en los monumentos megalíticos, sepulturas, amuletos y objetos relacionados con Dios.
Los pueblos históricos reconocen su dependencia de un Ser Supremo y la vida después de la muerte. Distinguen entre el bien y el mal moral y tienen como obligatorios sus correspondientes ritos y sacrificios. En los pueblos cultos es patente y constante la fe en Dios y el desarrollo de sus religiones: Algunas de estas religiones son en realidad filosofías de la vida, pues no aceptan un Dios al que rendirle culto.
Entre los pueblos orientales, destaca la religiosidad de los chinos (confucionismo); la de los indios (budismo e hinduismo); la de los árabes (islamismo) y, sobre todo, la religión del pueblo elegido por Dios: Israel (judaísmo).
Entre los pueblos occidentales están las religiones de los griegos, romanos, galos, germanos, escandinavos, aztecas, incas, etc. A través de su historia, el hombre aparece como “animal religioso”. Este es un hecho indiscutible. Los pueblos no solo han sentido la necesidad de dar culto a Dios, si no la obligación de practicar su religión. Esta obligación ha sido grabada por Dios en la conciencia de las personas, para que todas se salven y para que las naciones alcancen su fin social.
La religión es la aceptación racional y libre con el que el hombre reconoce su dependencia de Dios y los deberes que para con Él se derivan de esa dependencia filial. El hombre tiene la obligación de relacionarse con Dios. El hombre creado por Dios, tiene la obligación de dar culto a Dios en público y en privado.
Dios ha creado al hombre sociable por naturaleza. La sociedad también es obra de Dios; por tanto, la sociedad tiene la obligación de dar culto a Dios. Las naciones deben reconocer públicamente su dependencia de Dios, conformando sus leyes con la Ley de Dios. Las autoridades civiles deben dar culto público a Dios y promover la religión en sus pueblos como lo más beneficioso para el bien común de las naciones.