Padre Manuel Martínez Cano, mCR.

jesucristo y llagas en las manosVarias religiones afirman que han sido reveladas por Dios, pero la religión revelada por Dios sólo puede ser una, porque hay un solo Dios: Sólo hay una verdadera religión, las otras religiones son falsas. Las religiones que se practican en el mundo son contrarias entre sí en su doctrina moral y culto. Como Dios no puede contradecirse, sólo una de esas religiones puede ser la verdadera religión. El hombre tiene la obligación de buscar, indagar y reflexionar hasta encontrar la verdadera religión. La única religión que ofrezca garantías ciertas de su carácter divino y sobrenatural.

La filosofía y la historia demuestran que sólo la religión cristiana es la verdadera religión. Estos son los argumentos: 1) La trascendente personalidad de Jesucristo, su vida admirable, su sublime doctrina y el perenne éxito de su obra (la Iglesia), son las mayores garantías de que la religión cristiana es la única verdadera revelada por Dios. 2) La religión cristiana ofrece tales caracteres de honestidad, de elevación y santidad, que no puede explicarse sino por su origen divino, los milagros y las profecías son pruebas externas de su divinidad. 3) La religión cristiana, de origen patente en la historia, no sólo se presenta libre de error, de contradicción o de fraude, sino que además responde perfectamente a la naturaleza racional y a las más nobles aspiraciones del hombre.

Un milagro es un hecho sensible, histórico y extraordinario, que supera las fuerzas de la naturaleza creada, que sólo puede ser realizado por Dios. La Iglesia antes de afirmar que un hecho histórico es un auténtico milagro, analiza la verdad histórica, la verdad científica, la verdad teológica y la verdad en relación de ese hecho histórico.

La verdad histórica ha de demostrar la existencia histórica del hecho, con todas sus circunstancias de lugar, espacio, testigos. La verdad científica ha de probar que el hecho histórico supera las fuerzas de la naturaleza sensible, aún aplicadas artificiosamente por los hombres. La verdad teológica ha de confirmar que el hecho reconocido como superior a las leyes de la naturaleza, ha sido realizado por Dios. La verdad relacional constata que el milagro ha sido realizado por Dios para confirmar la autenticidad de una revelación, doctrina divina o la fe de los fieles.

Un milagro es una intervención de Dios en la historia de los hombres. Y Dios sólo ha hecho milagros en su Pueblo: Israel, en el Antiguo Testamento y en su nuevo Pueblo, la Iglesia Católica. Jesucristo, hizo muchos milagros. El Evangelio narra dieciocho curaciones de enfermos, doce que indican un dominio absoluto sobre la naturaleza, tres resurrecciones de muertos, cinco expulsiones de demonios. Milagros tan evidentes, que los enemigos de Jesús exclamaron: “¿Qué hacemos?, que este hombre hace muchos milagros” (Jn. 11, 47). La resurrección de Lázaro fue el detonante de la sentencia a muerte de Nuestro Señor. Y la resurrección de Jesús, la manifestación evidente de su divinidad.

En la historia de la Iglesia se recogen muchos y verdaderos milagros, perfectamente comprobados por la ciencia humana: los requeridos para la canonización de los santos, los de Lourdes, Fátima, etc… Los milagros, bien comprobados, son señales claras de la intervención de Dios en la historia; los milagros son la suprema garantía para saber cuál es la verdadera religión. Y, como en la Iglesia Católica han sucedido y suceden muchos milagros, la verdadera religión es la religión católica.

Profecía es la predicción cierta de un hecho futuro y libre, que actualmente no se puede prever, porque depende de la exclusiva voluntad de Dios y de la libertad de los hombres. Las profecías son milagros de orden intelectual. La predicción de un eclipse solar no es una profecía, porque el eclipse puede preverse naturalmente, ya que está sujeto a las leyes de la naturaleza.

Sólo Dios puede conocer el futuro libre y sólo Él puede dar a conocer al profeta un acontecimiento futuro naturalmente imprevisible. La profecía es, por tanto, clara señal de la intervención de Dios y garantía absoluta de profesar la verdadera religión. Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento se anuncian hechos futuros y libres, científicamente comprobados posteriormente.

Los milagros científicamente comprobados en la historia de la Iglesia y las profecías cumplidas con exactitud en la vida de Nuestro Señor Jesucristo, ratifican el carácter sobrenatural y divino de la religión cristiana, única verdadera religión revelada por Dios a los hombres.