Padre Manuel Martínez Cano mCR.
He oído y leído, muchas veces, que Cataluña está dividida en dos partes. También he escrito varias veces que hay verdades teologales, morales, filosóficas, históricas, políticas… que nadie podrá cambiar nunca: Lo que una vez es verdad, siempre será verdad, decía Santo Tomás de Aquino. Las cosas, por mucho que se repitan, no tienen por qué ser necesariamente verdad.
Las ideologías modernas, elaboradas sobre mentiras, están destrozando las familias y las naciones. Jon Juaristi, ex etarra, euskaldun, catedrático, ha dicho: «hay que hacer saber a los engañados vascos que jamás hubo una patria vasca ocupada y destruida por España… (El nacionalismo vasco) reclama la reparación de unas ofensas que no existen en nombre de una patria vasca que no existió nunca». En otra ocasión afirma: «¿Te preguntas viajero, por qué hemos muerto jóvenes, y porque hemos matado tan estúpidamente? -Nuestros padres mintieron: eso es todo».
No es el mismo artículo de la semana pasada. Aquel se titulaba «tiempos satánicos». Sí, el demonio tiene varios nombres. Santa Teresa de Jesús, decía: “Es el que no puede amar»; el que sólo odia.
Tiempos recios son estos, decía Santa Teresa de Jesús. Tiempos satánicos son los nuestros, decimos nosotros. Muchas mentes están endemoniadas. En nombre de la Iglesia se predican herejías y se cometen sacrilegios horrendos con la Eucaristía.
Lujuria es el uso desordenado del placer sexual. Consiste principalmente en el uso de la facultad generativa fuera del matrimonio, o dentro de él contra sus propias leyes.
La castidad virginal es la abstención voluntaria y perpetua del placer sexual. Jesús enseñó que la virginidad es superior al matrimonio. Y la Iglesia lo definió como verdad de fe en el Concilio de Trento. «Si alguno dijere que el Estado conyugal debe anteponerse al estado de virginidad o de celibato, y que no es mejor y más perfecto permanecer en virginidad o celibato que unirse en matrimonio (cf. Mt. 19, 11 s; 1ª Cor. 7, 25 s 38 y 40), sea anatema». (D. 980).