Padre Manuel Martínez Cano mCR.

ÚLTIMO PAPANo es el mismo artículo de la semana pasada. Aquel se titulaba “tiempos satánicos”. Sí, el demonio tiene varios nombres. Santa Teresa de Jesús, decía: “Es el que no puede amar”; el que sólo odia.

Un antiguo alumno, me ha enviado un artículo publicado en Infocatólica. Monseñor Nunzio Galantino, secretario general del Episcopado italiano, interviniendo en la Pontificia Universidad Luteranense, en un Congreso promovido por el ateneo del Papa, ha afirmado que: “La reforma iniciada por Martín Lutero hace 500 años fue un acontecimiento del Espíritu Santo”.

Señor, Jesucristo, perdóname si estoy equivocado. Estas palabras del Obispo secretario es un pecado contra el Espíritu Santo. Lutero dividió la Iglesia, suprimió cinco sacramentos, odiaba la Santa Misa y al Papa; se juntó con una monja, era borracho, glotón… Atribuir al Espíritu Santo, tanta malicia y pecado, no tiene perdón de Dios. Aunque bien sabemos, que Dios nos perdona todos los pecados, en el sacramento de la penitencia.

El secretario pro-protestante, ha dicho que: “La reforma responde a la verdad expresada en la fórmula ecclesia semper reformada – La Iglesia tiene que ser reformada siempre”. Volvemos a lo mismo, Lutero no reformó nada en la iglesia, pervirtió el dogma y la moral. Pervirtió a sus seguidores, destruyó la unidad de la Iglesia. Lutero es un heresiarca, un cismático, un instrumento del diablo. Yo rezo por la salvación de su alma, aunque su muerte, estremece.

Sigue nuestro ponente, afirmando que: “El amor de Lutero por la Palabra anticipa la sacramentalidad de la Palabra afirmada por el Concilio Vaticano II”.

¿Qué Palabra, Monseñor? No la Palabra de Dios, que él acomodaba a sus delirios y aberraciones. Para Lutero no hay transubstanciación de las especies sacramentales; en la consagración. Para él, Cristo no está vivo en la Eucaristía. Interpretación diabólica del libre examen de Lutero.

El prelado afirmó: “También hoy la Iglesia necesita una reforma”. ¡Reforma a lo Lutero, o a lo San Ignacio de Loyola! Lutero no reformó nada, corrompió la doctrina de la iglesia. San Ignacio se reformó a sí mismo y reformó a los hombres de Iglesia mundanos.

¡Ojo! Reformadores de ahora. No se puede dar la comunión a un adúltero o adúltera si no cambia de vida. La Iglesia así lo ha enseñado siempre. Y Santo Tomás de Aquino ha dicho: “Lo que una vez es verdad, siempre será verdad”.

El padre José María Alba Cereceda S.I., fue presidente de la Asociación de Sacerdotes y Religiosos de San Antonio María Claret. Título que heredé a su muerte. San Antonio, escribiendo a un hijo espiritual, le decía: “Martín Lutero fue un religioso indigno de tal nombre, rebelándose contra la Iglesia nuestra madre, comenzó a enseñar lo contrario.

Fija bien en esto la atención, hijo mío; porque quizás hallarás algún mal cristiano que, envenenado con las erratas máximas de la herejía, querrá persuadirte los horrores de aquel heresiarca y de sus secuaces; pero en este caso huye de él como de la víbora, invoca a dios, y pídele que te conserve en la fe de las santas creencias.

Debo advertirte, que hay algunos que, viendo que no pueden resistir a la fuerza de los argumentos de la divinidad de la Iglesia Católica, no se le oponen de frente o a cara descubierta; antes fingen alabarla, para poder dar más seguro del golpe, y dirigen sus tiros contra su cabeza, que es el Papa; pero ya conocerás que si a un cuerpo le quitan la cabeza, debe perecer. Esto hacen, pues los protestantes y demás sectarios; para acabar con la corporación de la Iglesia Católica, intentan quitarle la Cabeza visible, el Papa.

El protestantismo no fue, ni es actualmente otra cosa que una violenta explosión de todas las pasiones rencorosas contra la Iglesia Católica.

La única Iglesia verdadera es la nuestra Católica, Apostólica, Romana, en la cual has de perseverar unido de corazón y exteriormente, y con toda puntualidad has de observar sus santas leyes, si quieres salvarte; de lo contrario, te perderás para siempre”.