Papa Francisco
En este punto, el Maestro se dirige a todos aquellos que le siguen, presentándoles con claridad el camino a recorrer: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que renuncie a sí mismo, tome su cruz, y me siga» (v. 24). Siempre, y aún hoy, la tentación es la de querer seguir a un Cristo sin cruz, o más bien, de enseñar a Dios el camino justo. Como Pedro: no, no, Señor, eso no… eso no pasará. Pero Jesús nos recuerda que su camino, es el camino del amor, y no hay verdadero amor sin el don de sí. Somos llamados a no dejamos absorber por la visión de este mundo, sino a ser siempre más conscientes de la necesidad y de los esfuerzos para nosotros cristianos de avanzar en contracorriente y cuesta arriba.
San Juan Pablo II Sigue leyendo
Muchas veces, cuando somos humillados o nos sentimos humillados por alguien, en seguida nos sale responder o defendernos. En cambio, hay que mirar a Jesús, que estaba callado en el momento de la humillación más grande. Y no hay humildad sin aceptación de las humillaciones. Por tanto, humildad no es solo estar quieto, tranquilo. No, no. Humildad es aceptar las humillaciones cuando vienen, como hizo Jesús.