Miguicas 297

PRESENTACIÓN DEL SEÑOR

Padre Martínez m.C.R.

* Las religiones que se practican en el mundo son contrarias entre sí en su doctrina moral y culto. Como Dios no puede contradecirse, sólo una de esas religiones puede ser la verdadera religión.

* El hombre tiene la obligación de buscar, indagar y reflexionar hasta encontrar la verdadera religión. La única religión que ofrezca garantías ciertas de su carácter divino y sobrenatural.

* La filosofía y la historia demuestran que sólo la religión cristiana es la verdadera religión. Estos son los argumentos:

* 1) La trascendente personalidad de Jesucristo, su vida admirable, su sublime doctrina y el perenne éxito de su obra (la Iglesia), son las mayores garantías de que la religión cristiana es la única verdadera revelada por Dios.

* 2) La religión cristiana ofrece tales caracteres de honestidad, de elevación y santidad que no puede explicarse sino por su origen divino, los milagros y las profecías son pruebas externas de su divinidad.

* 3) La religión cristiana, de origen patente en la historia no sólo se presenta libre de error, de contradicción o de fraude, sino que además responde perfectamente a la naturaleza racional y a las más nobles aspiraciones del hombre.

* “Con todas las limitaciones y defectos, que se deben a nuestra condición humana, marcada por el pecado, creo que no hay, en todo el mundo, una institución tan admirable, tan benefactora, tan próxima a las personas como la Iglesia Católica” (Guillermo Juan Morado).

El octavo día 92 – DIÁLOGO SOBRE LA LIBERTAD RELIGIOSA, SEGÚN EL CONCILIO VATICANO II (XII)

D. José Guerra Campos
El octavo día
Editorial Nacional, Torrelara, Madrid, 1973

P.: Pero, ¿eso no es un privilegio?

R.: Esto no es un privilegio, si entendemos estrictamente la palabra «privilegio». Diría que no lo es por muchas razones:

Primera: porque se trata de un servicio a todo el país, no de una excepción favorable a un grupo de personas. El grupo de personas, las que son miembros de la religión aludida, es el vehículo de un servicio que el Estado cree poder y deber ofrecer a todo el país. Como tal, no es un grupo privilegiado. De la misma manera que si un Estado estima que debe levantar el nivel de los conocimientos fisicomatemáticos de su país, aunque haya muchos habitantes que desprecien la física y las matemáticas, aunque haya mucha ignorancia y mucha desidia respecto de este saber, el Estado puede, y quizá debe, apoyar especialmente al grupo reducido de aficionados o de expertos en ciencia fisicomatemática, porque esto lo hace para bien de todos. En segundo lugar, tratándose de un país en que la mayoría, casi la totalidad, profesa una religión, la misma apariencia de privilegio se disipa.

En tercer lugar, esta razón también es válida, si un Estado reconoce la presencia de la revelación de Cristo y, por tanto, el valor supremo de la religión cristiana, tiene derecho a que este reconocimiento tenga su aplicación práctica (siempre, repito, sin infringir el respeto a la libertad de cada uno). Nótese que, con este planteamiento, el derecho a un apoyo especial en su difusión lo obtiene la religión revelada precisamente porque es la verdad y por el honor que se debe al mismo Dios.

Semillicas 299

Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos, y se había gastado en eso toda su fortuna; pero, en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que con sólo tocarle el vestido curaría. Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias, y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio de la gente, preguntando: «¿Quién me ha tocado el manto?» Los discípulos le contestaron: «Ves como te apretuja la gente y preguntas: ¿Quién me ha tocado?» Él seguía mirando alrededor, para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo. Él le dijo: «Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud».

Padre Cano, m.C.R.

* Los pueblos no, solo han sentido la necesidad de dar culto a Dios, sino la obligación de practicar su religión. Esta obligación ha sido grabada por Dios en la conciencia de las personas, para que todas se salven. y para que las naciones alcancen su fin social.

* La religión es la aceptación racional y libre con el que el hombre reconoce su dependencia de Dios y los deberes que para con Él se derivan de esa depenclencia filial. El hombre tiene la obligación de relacionarse con Dios.

* El hombre creado por Dios, tiene la obligación de dar culto a Dios en público y en privado. Dios, ha creado al hombre sociable por naturaleza. La sociedad también es obra de Dios.

* La sociedad tiene la obligación de dar culto a Dios. Las naciones deben reconocer públicamente su dependencia de Dios, conformando sus leyes con la Ley de Dios.

* Las autoridades civiles deben dar culto público a Dios y promover la religión en sus pueblos como lo más beneficioso para el bien común de las naciones.

* Varias religiones afirman que han sido reveladas por Dios, pero la religión revelada por Dios sólo puede ser una, porque hay un solo Dios: Sólo hay una verdadera religión, las otras religiones son falsas. La única religión verdadera es la Católica.

* “Lo único que merece llamarse amor es la entera inmolación de uno mismo” (Santa Teresa del Niño Jesús).

DEFENSA de la HISPANIDAD 9

Ramiro de Maeztu

LA SEPARACIÓN DE AMÉRICA 3

La unidad de la Hispanidad (III)

De otra parte, habría muchas razones para dudar de que sea muy sólida esta unidad que llamamos hispánica. En primer término, porque carece de órgano jurídico que la pueda afirmar con eficacia. Un ironista llamó a las Repúblicas hispanoamericanas «los Estados desunidos del Sur», en contraposición a los Estados Unidos del Norte. Pero más grave que la falta del órgano es la constante crítica y negación de las dos fuentes históricas de la comunidad de los pueblos hispánicos, a saber: la religión católica y el régimen de la Monarquía católica española. Podrá decirse que esta doble negación es consubstancial con la existencia misma de las repúblicas

hispanoamericanas, que forjaron su nacionalidad en lucha contra la dominación española. Pero esta interpretación es demasiado simple. Las naciones no se forman de un modo negativo, sino positivamente y por asociación del espíritu de sus habitantes a la tierra donde viven y mueren. Es puro accidente que, al formarse las nacionalidades hispánicas de América, prevalecieran en el mundo las ideas de la revolución francesa. Ocurrió que prevalecían y que han prevalecido durante todo el siglo pasado. Los mejores espíritus están ya saliendo de ellas, tan desengañados como Simón Bolívar, cuando dijo: «Los que hemos trabajado por la revolución hemos arado en el mar».

Ahora están perplejos. Ya han perdido los más perspicaces la confianza que tenían en las doctrinas de la revolución. En su crisis actual, no quedarán muchos talentos que puedan asegurar, como Carlos Pellegrini hace tres cuartos de siglo, que «el progreso de la República Argentina es un hecho forzoso y fatal». La fatalidad del progreso es una de las ilusiones que aventó la gran guerra. Todos los ingenios hispanoamericanos no tienen la ruda franqueza con que el chileno Edwards Bello proclamó que: «el arte iberoamericano, sin raíces en las modalidades nacionales, carece de interés en Europa». Pero muchos sienten que las cosas no marchan como debieran, ni mucho menos como en otro tiempo se esperaba. En lo económico, esos países, que viven al día, dependen de las grandes naciones prestamistas, antes, de Inglaterra, ahora, de los Estados Unidos. No son pueblos de inventores, ni de grandes emprendedores. Sus investigadores son también escasos. Padecen, agravados, los males de España. Lo atribuye Edwards Bello, a que están divididos en tantas nacionalidades. Lo que hizo grande, a juicio suyo, a Bolívar y a Rubén Darío, fue haber podido ser, en un momento dado, el soldado y el poeta de todo un Continente. El hecho es que los pueblos hispánicos viven al día, sin ideal, por lo menos sin un ideal que el mundo entero tenga que agradecerles. ¿Y no dependerá la insuficiente solidaridad de los pueblos hispánicos de que han dejado apagarse y deslucirse sus comunes valores históricos? ¿Y no será esa también la causa de la falta de originalidad? Lo original, ¿no es lo originario?

Mostacicas 229

Don Manuel

* De los pueblos prehistóricos se han descubierto indicios de religiosidad en los monumentos megalíticos, sepulturas, amuletos y objetos relacionados con Dios.

* Los pueblos históricos reconocen su dependencia de un Ser Supremo y la vida después de la muerte. Distinguen entre el bien y el mal moral y tienen como obligatorios sus correspondientes ritos y sacrificios.

* En los pueblos cultos es patente y constante la fe en Dios y el desarrollo de sus religiones: Algunas de estas religiones son en realidad filosofías de la vida, pues no aceptan un Dios al que rendirle Culto.

* Entre los pueblos orientales, destaca la religiosidad de los chinos (confucionismo); la de los indios (budismo e hinduismo); la de los árabes (islamismo), y, sobre todo, la religión del pueblo elegido por Dios: Israel (judaísmo).

* Entre los pueblos occidentales están las religiones de los griegos, romanos, galos, germanos, escandinavos, aztecas, incas, etc.

* A través de su historia, el hombre aparece como “animal religioso”. Este es, un hecho indiscutible.

* “La nueva evangelización será obra de María Santísima. Ella va a convertir a todos los hombres a su divino Hijo” (Padre Alba).