Historia sencilla de la Iglesia (15)

Martirio del obispo de Tarragona, San Fructuoso y de sus diáconos Augurio y Elogio.

Recapitulada por el P. Cano

– EL EDICTO DE MILÁN

Diocleciano (284-305) se propuso dar al Imperio un esplendor extraordinario reorganizándolo políticamente. Se asoció como Augusto a Maximiano en la parte occidental del Imperio y él se quedó en Oriente.

Durante la mayor parte del reinado de Diocleciano los cristianos vivieron en paz y adquirieron gran prestigio en la sociedad. Pero, inesperadamente, se inició la persecución el año 303, promovida por el césar Galerio, que veía en el Cristianismo el mayor obstáculo para sus planes de reconstrucción del Imperio.

El año 305 abdicaron Diocleciano y Maximiano. Disminuyó mucho la persecución en occidente. En Oriente siguió la persecución con bastante intensidad, bajo la dirección de Maximino Daya.

Al hacerse el Emperador Constantino único dueño de todo el Imperio (313) publicó el edicto de Milán, que significó la paz para la Iglesia y el triunfo del Cristianismo. En Oriente siguieron las persecuciones durante algún tiempo.

– LAS PERSECUCIONES EN ESPAÑA

La primera persecución de los romanos contra los cristianos españoles, de la que tenemos conocimiento histórico, es la del Emperador Decio (249-251). El único mártir español que conocemos de esta persecución es Félix de Zaragoza.

De la persecución de Valeriano (253-260), conservamos las actas de martirio del obispo de Tarragona, San Fructuoso y de sus diáconos Augurio y Elogio.

La persecución que más víctimas produjo en España fue la de Diocleciano (284-305). En Calahorra sufrieron el martirio los soldados Emeterio y Celedonio; y en León, el centurión Marcelo.

El año 303 se intensificó la persecución, que produjo muchos mártires en Zaragoza, ensalzados por el poeta Prudencio. También murieron mártires en esta persecución San Vicente, diácono, y las santas adolescentes Eulalia de Barcelona y Eulalia de Mérida.

– PERSECUCIONES IDEOLÓGICAS

Además de las persecuciones sangrientas, la Iglesia sufrió la persecución ideológica. Los ataques en forma de escritos contra el cristianismo comienzan en tiempo de Marco Aurelio (161-180). Se distinguió en esta lucha Frontón, preceptor de Marco Aurelio. En sus escritos vierte toda clase de calumnias contra los cristianos: asesinatos de niños, bebida de su sangre, etc.

Luciano publicó el año 167 su opúsculo »De morte peregrini», en el que se burla de Cristo, a quien presenta como un soñador y estafador.

El más temible de los adversarios ideológicos del Cristianismo, en los primeros tiempos, fue Celso, que propugnaba que la religión romana era indispensable al Imperio. Así declaraba la guerra a muerte al Cristianismo, por ser una religión exclusivista y opuesta al Imperio Romano.

Desde fines del siglo II y durante todo el siglo III los grandes enemigos ideológicos del Cristianismo son las nuevas tendencias filosóficas, que pretenden reimplantar la filosofía y la religión paganas: son los neopitagóricos y neoplatónicos. De los primeros, sobresale Filóstrato, y entre los segundos, Porfirio, que escribió quince libros contra los cristianos. En su obra »Philosophia et oracula» intenta fundamentar una revelación pagana, superior a la revelación divina cristiana.

– APOLOGETAS CRISTIANOS

Contra esta persecución ideológica y filosófica la Iglesia se defendió por medio de los escritos apologéticos. Apologías de gran interés para nosotros, porque a la vez que rechazan las calumnias y errores que atribuyen los enemigos al Cristianismo, nos presentan hermosas descripciones de la primitiva vida cristiana. Muchas de estas apologías van dirigidas a los Emperadores, pero a quien se dirigen de hecho es al gran público del mundo pagano.

El apologeta más antiguo que conocemos es Cuadrato; escribió una apología contra Adriano. Arístides dirigió su apología contra Antonino Pío. Es famosa en este tiempo la Epístola a Diógenes, de autor desconocido.

El más grande de los apologistas del siglo II es San Justino. Magnífico filósofo que reflexiona sobre la semejanza entre la filosofía pagana y la cristiana. Como pruebas especiales de la verdad del Cristianismo presenta la profecía y el milagro, sobre todo los milagros de Cristo; también la moral cristiana, en la teoría y en la práctica. Asimismo, rebate todas las calumnias y falsa acusaciones contra el Cristianismo. Se conservan sus obras: Dos apologías y Diálogos con Trifón.

Otros grandes apologetas fueron Taciano y Atenágoras, discípulos de San Justino. San Teófilo, único apologista obispo. Minucio Félix, primer apologista que escribe en latín. Cierra este periodo Tertuliano, apologista que se defiende atacando. En toda su argumentación es sumamente fogoso y apasionado en su elocuencia.

El nacimiento de la España moderna 34

JEAN DUMONT, Historiador francés

ISABEL LA CATÓLICA, LA GRAN CRISTIANA OLVIDADA

LA EVANGELIZACIÓN DE AMÉRICA (XVII)

Una imagen significativa (1)

A los que por ignorancia, más que por ideología maligna, sonrían al oír estas afirmaciones que fundamentan inmensos testimonios de archivos y el profundo cristianismo indio, os sugiero que repliquéis con una imagen significativa, tan desconocida como el resto. Y con la que terminaré. Esta imagen es la del primer lugar cristiano de América, la isla de Haití-Santo Domingo, en los primeros años del descubrimiento y de la evangelización, en los años 1500. Entonces los edificios no eran más en la isla que ligeras construcciones de paja, como lo será el famoso convento dominicano de donde partirá en 1511 el sermón de defensa de los indios del dominico Montesinos, precursor de Las Casas. Salvo una magnífica construcción de piedra que va a empezar entonces, con bóvedas ojivales góticas, según las formas renacentistas, y cuyas imponentes ruinas subsisten en Santo Domingo tras su demolición parcial en 1911. ¿Se trata de una triunfalista iglesia, de un palacio del gobernador o de un cuartel de conquistadores, confirmando lo que algunos se atreven a llamar la “opresión cristiana de América”? De ningún modo. Esta primera gran construcción de piedra comenzada en el Santo Domingo primitivo es un hospital y hospicio, el hospital de San Nicolás de Bari.

De modelo italiano esta vez, porque está inspirado en el gran hospital romano del Espíritu Santo de Sassia, creado por los laicos italianos de la orden hospitalaria del Espíritu Santo, cuyo ejemplo se extendió a toda la cristiandad europea, de París a Santiago de Compostela.

Miguicas 280

Cuando oréis decid: «Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan del mañana, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, y no nos dejes caer en la tentación.»

Padre Martínez m.C.R.

* «Yo muero pero mi obra, no morirá» (San Daniel Comboni).

* «El Señor guarda a los que lo aman, pero destruye a los malvados» (Salmo 144).

* «A los que yerran, tiéndasele una mano amiga pero no sea indulgente con el errar» (Pío XII).

* Hay una juventud perversa que quiere destruir al mundo que lucha contra los viejos. Otros jóvenes sanos ayudan a viejos y enfermos.

* «El feto no es nada para el derecho feminista al propio cuerpo. De él no se habla salvo como residuo, una aberración posmoderna» (Juan Fernando Segovia).

* Un misionero marchaba con su pequeño coche por una calle de la capital de una nación hispana. Le para un policía con el blog en la mano para denunciarle, pero no: «Ay padrecito no quiero tener problemas con Dios». Y no le multó.

El octavo día 75 – EL “HUMO DE SATANÁS”. TENTACIONES SEGUNDA Y TERCERA (II)

«La tentación importa el desprecio, y aun el odio, de la Iglesia del pasado».

D. José Guerra Campos
El octavo día
Editorial Nacional, Torrelara, Madrid, 1973

La tentación importa el desprecio, y aun el odio, de la Iglesia del pasado. Los grupos revolucionarios se exaltan a sí mismos y a la Iglesia que dicen van a construir en el futuro.

El desprecio del pasado incluye a la mejor parte de la Iglesia presente, que es la Iglesia triunfante: se desprecia la comunión con todos los que, en cualquier tiempo, han muerto fieles al Señor y viven con Cristo en la gloria del Padre; las muestras de devoción a los santos impacientan: se reacciona ante ellas como Judas ante el obsequio de María de Betania a Jesús.

El desprecio se extiende a la mayoría de los creyentes contemporáneos, los que componen lo que se denomina la masa, los extraños a los grupos que a sí mismos se consideran selectos. No podemos olvidar que quien selecciona es Dios. Por medio de su Iglesia Él desparrama la semilla en todos los campos, echa la red en todas las aguas: los selectos son los que responden con fidelidad a la llamada. Y estos se encuentran donde Dios quiere, en cualquier zona del pueblo creyente, dentro o fuera de clases y grupos particulares. Dios sabe quiénes y cuántos son; nosotros sólo sabemos que no lo son los que presumen de serlo.

Las desviaciones sobre la constitución de la Iglesia suponen una desviación en cuanto a su finalidad (2). La misión propia de la Iglesia es de orden religioso (3). A ella se subordinan, como algo derivado, sus proyecciones de orden temporal; y aun a través de éstas la Iglesia ha de levantar los ojos de los hombres, como hizo Jesús al multiplicar los panes, hacia la alegre perspectiva del amor de Dios y de la vida eterna.

En vez de respetar esta prioridad, el demonio (escalonando sus tentaciones, como hizo ante Jesús) sugiere en primer lugar invertir el orden: que la Iglesia se dedique por entero a la solución de los problemas temporales, como condición previa, necesaria, para que más tarde puedan los hombres apreciar el Evangelio. Exactamente lo contrario de lo que hizo el Señor y de lo que mandó hacer a sus Apóstoles.

Notas:

(2) Lo propio de la Iglesia (comunidad de todos los llamados por Dios) es integrar en unidad, con el vínculo religioso, a todas las diversidades humanas (ver Concilio Vaticano, II, decreto Apost. Act., 10). La tendencia de ciertos grupos a rehuir esa unidad integradora nace de la primacía que otorga a un programa temporal. Han pervertido la finalidad de la Iglesia.

(3) «La misión de la Iglesia es religiosa y, por lo mismo, plenamente humana» (GS., 11). «Todo el bien que… puede dar a la familia humana… deriva del hecho de que… manifiesta y, al mismo tiempo, realiza el misterio del amor de Dios al hombre (GS., 45). «La misión propia que Cristo confió a su Iglesia no es de orden político, económico o social. El fin que le asignó es de orden religioso, pero precisamente de esta misión religiosa derivan… luces y energías» (GS., 42) que pueden servir para “curar y elevar la dignidad de la persona, consolidar la firmeza de la sociedad y dotar a la actividad diaria de la humanidad de un sentido y de una significación mucho más profundos» (GS., 40). Ver también: Credo de Pablo VI; homilía del mismo en el Domund de 1971, etc.             

Semillicas 282

TÉMPORAS DE ACCIÓN DE GRACIAS Y DE PETICIÓN

Padre Cano, m.C.R.

* Las santidad de los sacerdotes se alcanza sirviendo a los fieles.

* Sagrado Corazón haz que llegue ha ser sacerdote según tu corazón.

* La vocación no es una elección que hago yo. Es una elección de Dios.

* La perseverancia en el camino de la perfección cristiana, no es problema si se conoce a Dios.

* Se ha de vivir de convicciones no de sentimentalismos ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva María Reina! ¡Viva el Patriarca San José!

* Santa teresa de Jesús decía: «Que la humildad es andar en Verdad». Y el Padre Alba decía: «La verdadera humildad es saber que todo es de Dios».