Sabaticas 89

El Consiliario

Inmaculada Concepción de María* Parece que, el ambiente social, es descreído, indiferente, pagano; a mi entender, hay mucha santidad oculta.

* La Iglesia Católica tiene un ejército impresionante, insuperable. Cientos de Congregación de religiosas, Órdenes, Institutos seculares; miles de sacerdotes; mil millones de seglares. Podemos conquistar el mundo para Cristo.

* Estoy convencido que es imposible conocer la eternidad y, por lo tanto, la impotencia de explicarla. Pienso, al mismo tiempo, que los que aman a Dios y al prójimo tienen muy claro que la eternidad del Cielo es amar ¡Siempre! Amar y sentirse amado.

* Hace años leí que ciertos señores pretendía llevar a los tribunales al Vaticano, porque la Iglesia lleva dos mil años asustando a la Humanidad con el castigo eterno del infierno. Media verdad diabólica porque hace los mismos años que la Iglesia predica la verdad de la eterna felicidad del Cielo. Tal y como lo enseñó Cristo.

 

 

Franco en Directo 52

Sobre la guerra civil

General Francisco Franco BahamondeLa guerra civil es un fenómeno excepcional y doloroso. Por divisiones profundas, que los medios políticos normales no bastaron a remediar, nuestro país se vio forzado a la guerra de liberación. Una secesión interior contraria a la unidad, junto al progreso avanzadísimo de los medios de destrucción antisocial, provocaron la reacción de gentes de las distintas ideologías políticas, pero fieles a los principios de la civilización contemporánea. La victoria no fue de un partido; son los vencedores quienes constituyeron y constituyen, con el apoyo de incluso una multitud inmensa de los que, por azares de la contienda, no estuvieron junto a ellos, la gran comunidad que libremente rige hoy a España. Las doctrinas, las actitudes y los propósitos fueron genuinamente españoles, llenos de Sigue leyendo

Mensajes de fe Nº 213 – Las indulgencias

Obra Cultural

¿En qué se funda la doctrina de las indulgencias?

En tres principios dogmáticos fundamentales:

Confesión1.º la culpa y la pena. Todo pecado lleva consigo una culpa y un castigo. Por el arrepentimiento y el sacramento de la penitencia, se nos perdona la culpa y la pena eterna merecida por el pecado mortal. Pero generalmente permanece la pena temporal, así como las penas merecidas por nuestros pecados veniales y negligencias. La doctrina católica sobre el Purgatorio es elocuente a este respecto. · .

2.º El dogma de la comunión de los santos. La unión de los que vivimos con los que han muerto en la paz del Señor no se ha interrumpido, sino que se robustece por la comunicación de bienes espirituales. Los que estén en el Cielo se preocupan e interceden por nosotros, mientras que nosotros podemos ayudar a los que Sigue leyendo

Lecciones de un santo

Guillermo Callejo Goena

San Juan María Vianney - Patrono de los sacerdotes y párrocosSupongo que a estas alturas saben quién es el cura de Ars, el patrono de los sacerdotes católicos. Su biografía es verdaderamente llamativa: nació a las afueras de Lyon, en Francia, en el seno de una familia humilde de campesinos. Estuvo enrolado en el ejército de Napoleón durante un tiempo, pero luego consiguió desertar e ingresó al seminario. Pocos años después, ya como presbítero (le costó un mundo aprobar algunas materias, sobre todo el latín), fue nombrado canónigo de un pueblo diminuto -se calcula que tenía unos 200 habitantes-, remoto y absolutamente desconocido. Allí, poco a poco, a base de una oración constante y una capacidad para el sufrimiento difícil de imaginar, causó mella en los corazones de quienes se le acercaban.

Por supuesto, lo más reconocido del santo de Ars son las confesiones: pasó quince años confesando con una extraordinaria fortaleza, humildad y sabiduría a los penitentes que acudían a su parroquia. Pasaba entre dieciséis y dieciocho horas diarias guiando a las almas, a pesar de que en numerosas ocasiones experimentaba profundas crisis interiores, porque se consideraba a sí mismo incapaz de ejercer su ministerio.

Traigo este santo a colación a fin de que su figura, o mejor dicho, su mensaje y su ejemplo, nos permitan reflexionar a fondo sobre la confesión, un sacramento a menudo minusvalorado por muchos de nosotros, creyentes o no. Hoy en día estamos tan familiarizados con el relativismo imperante, con la doctrina del «cualquier cosa está permitida siempre y cuando no afecte a la persona de al lado», que hemos perdido la noción del pecado. De la culpa. Parece que obrar mal casi no importa.

Decía el cura de Ars, por ejemplo: «El que vive en el pecado toma las costumbres y formas de las bestias. La bestia, que no tiene capacidad de razonar, sólo conoce sus apetitos; del mismo modo el hombre que se vuelve semejante a las bestias pierde la razón y se deja conducir por los movimientos de su cuerpo. Un cristiano, creado a imagen de Dios, redimido por la sangre de Dios… ¡Un cristiano, objeto de las complacencias de las tres Personas Divinas! Un cristiano cuyo cuerpo es templo del Espíritu Santo: ¡he aquí lo que el pecado deshonra! El pecado es el verdugo de Dios y el asesino del alma…».

Resulta necesario volver la mirada sobre nuestras acciones y reconocer lo que hemos hecho mal, a propósito, sin excusas, conscientes de que Dios perdona, sí, pero también es Justo y sabrá premiar a los protagonistas de buenas acciones y a los culpables de las malas. Tras ese ejercicio interior, nos será más sencillo y lógico dedicar preparación y tiempo a la confesión, cultivando la fe (que nos revela a Dios detrás del sacerdote), la esperanza (al confiar que Dios nos otorgará el don del perdón) y la caridad (el dolor por haberle despreciado y ofendido).

Dejó escrito San Gregario Magno en sus homilías que «como Dios permite el arrepentimiento después de cometidos los pecados, si el hombre llegase a saber el tiempo en que había de salir de este mundo, podía invertir parte del tiempo en la voluptuosidad, y lo restante en hacer penitencia; pero el que ha prometido el perdón al que se arrepienta, no ha prometido al pecador el día de mañana. Debemos temer en todo tiempo el último día, cuya llegada no podemos prever». Y continúa: «Todas las cosas de este mundo, por grandes que parezcan, son pequeñas en comparación con la retribución eterna».

(EL PAN DE LOS POBRES)

Entrevista (2)

Javier Navascués entrevista al Padre Álvaro Sánchez Rueda

Virgen Maria - naturalezaHay incluso quienes van todavía más allá, como, por ejemplo, Judith Butler, filósofa post-estructuralista con su denominada «Teoría Queer» -son datos de Wikipedia-, según la cual, sexo y género son construcciones culturales. Es decir, Judith Butler profundiza y radicaliza al extremo la teoría del género, para aplicarla incluso a aquello que quedaba fuera del género, y es el sexo. Para ella, tanto el sexo, como el género, son «construcciones culturales». Una de las contribuciones más destacadas de Butler es su teoría performativa del sexo y la sexualidad. Tradicionalmente, el construccionismo social ya nos hablaba de la construcción del género, es decir, que las categorías femenino y masculino, o lo que es lo mismo, los roles de género son construcciones sociales y no roles naturales. Pero Butler sobrepasa el género y afirma que el sexo y la sexualidad lejos de ser algo natural son, como el género, algo construido. Butler llega a esta conclusión basándose en las teorías de Foucault, Freud y sobre todo de Lacan, llegando a decir y basándose en este último que existen «posiciones sexuales que suponen un trauma el ocuparlas».

Y ante el miedo a ocupar alguna de estas, el individuo se posiciona en una heterosexualidad falocéntrica, es decir, una heterosexualidad regida por la normativa del imperialismo heterosexual masculino en la que asumir la sexualidad hetera implica asumir un sexo determinado. La obra de esta teórica, por tanto, se caracteriza por llevar a cabo revisiones críticas de los posicionamientos teóricos de los feminismos esencialistas para pasar a hablar de identidades nómadas frente a aquellas fijas, así como para plantear nuevas formas de habitabilidad de los cuerpos en la paradoja que se crea entre lo que es la capacidad de acción del individuo y su formación y dependencia con respecto al poder. Lo que Butler, en definitiva, se propone, es la desnaturalización de conceptos como el sexo, el género y el deseo, en tanto que son construcciones culturales de normas que violentan a aquellos sujetos que no participan de las mismas. Para subvertir los conceptos que oprimen al individuo, se propone, como opción, la creación de actos performativos en torno a la identidad, es decir, una serie de prácticas paródicas en base a su teoría performativa que acaban creando nuevos significados y se reproducen más allá de cualquier sistema binario. Esto da lugar a posteriores aberraciones como el «género líquido», en el que cada persona puede ser, alternativamente, lo que le parezca, en las combinaciones que le parezca. Entonces, los mismos que afirman que el sexo es una construcción -y, por lo tanto, una entidad meramente moral e imaginaria-, son los que construyen una entidad también meramente moral e imaginaria, el género. Se trata de posiciones que son contrarias a la razón humana, al sentido común y a la ciencia médica.

(AHORA-INFORMACIÓN)