Javier Navascués entrevista al Padre Álvaro Sánchez Rueda

Virgen Maria - naturalezaHay incluso quienes van todavía más allá, como, por ejemplo, Judith Butler, filósofa post-estructuralista con su denominada “Teoría Queer” -son datos de Wikipedia-, según la cual, sexo y género son construcciones culturales. Es decir, Judith Butler profundiza y radicaliza al extremo la teoría del género, para aplicarla incluso a aquello que quedaba fuera del género, y es el sexo. Para ella, tanto el sexo, como el género, son “construcciones culturales”. Una de las contribuciones más destacadas de Butler es su teoría performativa del sexo y la sexualidad. Tradicionalmente, el construccionismo social ya nos hablaba de la construcción del género, es decir, que las categorías femenino y masculino, o lo que es lo mismo, los roles de género son construcciones sociales y no roles naturales. Pero Butler sobrepasa el género y afirma que el sexo y la sexualidad lejos de ser algo natural son, como el género, algo construido. Butler llega a esta conclusión basándose en las teorías de Foucault, Freud y sobre todo de Lacan, llegando a decir y basándose en este último que existen “posiciones sexuales que suponen un trauma el ocuparlas”.

Y ante el miedo a ocupar alguna de estas, el individuo se posiciona en una heterosexualidad falocéntrica, es decir, una heterosexualidad regida por la normativa del imperialismo heterosexual masculino en la que asumir la sexualidad hetera implica asumir un sexo determinado. La obra de esta teórica, por tanto, se caracteriza por llevar a cabo revisiones críticas de los posicionamientos teóricos de los feminismos esencialistas para pasar a hablar de identidades nómadas frente a aquellas fijas, así como para plantear nuevas formas de habitabilidad de los cuerpos en la paradoja que se crea entre lo que es la capacidad de acción del individuo y su formación y dependencia con respecto al poder. Lo que Butler, en definitiva, se propone, es la desnaturalización de conceptos como el sexo, el género y el deseo, en tanto que son construcciones culturales de normas que violentan a aquellos sujetos que no participan de las mismas. Para subvertir los conceptos que oprimen al individuo, se propone, como opción, la creación de actos performativos en torno a la identidad, es decir, una serie de prácticas paródicas en base a su teoría performativa que acaban creando nuevos significados y se reproducen más allá de cualquier sistema binario. Esto da lugar a posteriores aberraciones como el “género líquido”, en el que cada persona puede ser, alternativamente, lo que le parezca, en las combinaciones que le parezca. Entonces, los mismos que afirman que el sexo es una construcción -y, por lo tanto, una entidad meramente moral e imaginaria-, son los que construyen una entidad también meramente moral e imaginaria, el género. Se trata de posiciones que son contrarias a la razón humana, al sentido común y a la ciencia médica.

(AHORA-INFORMACIÓN)