Incomodidades del camino. -Considera las incomodidades del camino…, tan largo y tan penoso…, quizá, al menos los primeros días, no se atreverían a Viajar de día, y esperarían a la noche para no ser vistos. -Mira a la Santísima Virgen abrazada a su Hijo, del que no se separa ni un instante, llena de temores y sobresaltos, ocultándose en alguna cueva con San José, durante las horas de luz, y aprovechando la oscuridad para huir… ¡Qué poco y qué mal descansarían en estos días!HIDAAEGIPRO2

Recuerda el viaje a Belén lleno de incomodidades…, pero, al fin, era un viaje pacífico…, ahora es un viaje de huída… y de una persecución mortal. -¿Cuántas veces al tener un contratiempo o molestia has pasado una mala noche sin dormir… y te parecía que era noche eterna, que las horas no pasaban?… Compara eso con las noches de la Santísima Virgen en su huída a Egipto, con tantas y tantas incomodidades…

Párate a pensar qué comerían, si no pudieron sacar gran cosa, ni abundaban tampoco en provisiones…, ni se les dio tiempo para prepararse… ¡Si al menos les hubieran dado un día para preparar lo necesario para el camino!… ¿Y dónde dormirían? ¿en el duro suelo?…, ¿bajo algún árbol? ¿dentro de alguna cueva sucia y llena de alimañas?..

Compara tu delicadeza con lo que ahora sufre la Santísima Virgen…, mucho más delicada que tú, y piensa si ante Ella tendrás valor para que -, jarte cuando algo te falte…, cuando no salgan las cosas a tu gusto cuando tengas que sobrellevar alguna molestia

En Egipto. -Por fin, llegaron, ¿pero adónde? No se sabe…, es de suponer que no se queda­rían en el primer pueblo…, que esperarían algunos días antes de instalarse, a orientarse y enterarse de aquellas gentes… Quizá fue en la oración, donde a San José o a la Santísima Virgen, se les reveló el sitio donde quería el Señor…; quizá lo dejó Dios a su prudencia, como hace muchas veces, para que el hombre ejercite también esta hermosa virtud. -Por fin, se instalan en las cercanías de Heliópolis, donde había algunas familias de judíos…

Detente a ver aquella instalación… En Belén, aunque pobre, tenían su casita y el taller de San José…, pero ahora nada…; todo lo tienen que mendigar. -Mira a la Santísima Virgen, así; materialmente pidiendo limosna para todo…; carecerían de todo y todo lo habrían de pedir.

Probablemente contarían su desgracia y la persecución de Herodes, de la que iban huyendo, a aquellas familias de judíos… y alguna de ellas, conmovida con este relato, les admitiría en su casa, hasta que buscaran mejor acomodo. -Después, poco a poco y a fuerza de muchas privaciones, lograrían poner su casita y hasta un poco de taller a San José… y ya comenzarían a poder vivir del trabajo de éste.

Ofrece una vez más tu corazón para albergue y morada de la Santísima Virgen… y ten envidia de aquellas buenas gentes que así ayudaron y consolaron a la Sagrada Familia en aquella tribulación… ¿Por qué no aspiras tú a dar este consuelo a Jesús, Ma­ría y José cuando ahora buscan también almas donde albergarse y no las encuentran?… ¿No ves que, al mismo tiempo, sería la mayor felicidad de tu corazón?…

Por último, mira cómo el Señor les da a la vez que este sufrimiento, grandes consuelos…; trabajan, sufren, pero con alegra y confianza en Dios.

Duró la estancia en Egipto varios años. -Es evidente, que allí Jesús manifestó los primeros encantos de su niñez…, allí balbuceó las primeras palabras… allí llamó por vez primera a la Santísima Virgen con el nombre de Madre…, allí rezó las primeras oraciones que Ella le enseñara… y ¡cómo se extasiaría la. Santísima Virgen viendo a su Hijo juntar sus manecitas y orar con gran fervor y devoción!…

Allí vistió la primera túnica infantil., allí tuvo sus primeros juegos y travesuras a las, orillas del Nilo… ¡Cuántas veces traería a la Santísima Virgen flores de loto que allí crecen, J; Ella se lo paga -ría con un ardiente beso!… ¡Qué consuelo da el Señor a los que por Él se sacrifican!… ¿Qué Madre sufrió más? Pero ¿quién más feliz que esta Madre a la vez?

El regreso. -Y un día aparece otra vez el ángel, y les manda regresar. -Ha muerto Herodes…, todo terminó ya… ¿Por qué no pensar que todo se pasa y todo se acaba? -San José, prudentemente, no quiere volver a Belén, por si acaso Arquelao, el hijo de Herodes, es como su padre… Un ángel otra vez se le aparece, y le dice que ha obrado bien, y que permanezcan en Nazaret…

Nunca la prudencia es enemiga de la obediencia… -Propón, humildemente tus deseos, y hasta tus dificultades si las tien.es… y luego espera; como San José, indiferentemente la respuesta. Pero nada de empeñarte en salir con la tuya… y enfadarte y disgustarte cuando no te dan la razón. -Prudencia, sí…. pero a la vez sumisión y obediencia.

Ildefonso Rodríguez Villar
Puntos breves de meditación
sobre la vida, virtudes y advocaciones litúrgica
de la Santísima Virgen María
26ª edición, Valladolid, 1965