historiaMarcelino Menéndez y Pelayo
Cultura Española, Madrid, 1941

Este libro es, sencillamente, una colección de páginas tomadas de las obras de Menéndez y Pelayo, y enhebradas en un hilo histórico mal torcido. Bastante, sin embargo, para dar una idea de lo que debiera ser una Historia de España a la española; cosa radicalmente distinta de las interpretaciones progresistas con que ha venido atosigándonos la pedantería, cuando no la mala fe, de la mayor parte de nuestros historiadores.

En busca de sus pasajes más característicos se han repasado los diez y nueve volúmenes de la edición definitiva de las «Obras completas» editadas hasta ahora por don Victoriano Suárez; y para aquellas a las que aún no llegó el turno de publicación se ha recurrido a la Colección de Escritores Castellanos, a la Antología de poetas líricos castellanos y aun a folletos y a libros no fáciles de hallar hoy.

No hubiera sido posible dar remate a esta tarea, a no haber contado con la dirección, el consejo y la ayuda de inteligentes conocedores de la obra de Menéndez y Pelayo: el Marqués de la Vega de Anzo, don Pedro Sáinz Rodríguez, don Miguel Artigas y don Enrique Sánchez Reyes. A su intervención se debe que hayan sido incluidos pasajes no conocidos u olvidados por el compilador. A cuya cuenta exclusiva debe cargarse la inhabilidad para intercalar tal página o tal otra que oportunamente le fueron indicadas y que quizá se echen en falta.

Piénsese también, sin embargo, que la pretensión de en- cerrar en el breve espacio de un libro de este porte todo lo que Menéndez y Pelayo escribió tocante a Historia de España, no hubiese sido realizable. No habrá mucha exageración en decir que en ninguna de sus páginas deja de haber un dato o una nota histórica interesantes. Pero el empeño de no profanar con una pluma torpe lo que él dejara escrito, ha contenido en más de una ocasión el deseo de tejer un pasaje zurciendo noticias dispersas o exprimiendo páginas que a pesar de no guardar relación directa con el propósito que guiaba esta selección, hubieran dado materiales utilizables.

Quede esta labor para manos más hábiles.

Dios dé a este mal pergeñado libro la virtud de atraer hacia la obra robusta e inmortal de Menéndez y Pelayo, la atención de quien lo tomase en sus manos.

Componiéndolo se nos venía a la memoria algo que apunta D. Miguel Artígas en su magnífi.co estudio biográfico del Maestro; porque estamos ahora en trance de comprender que si 1875 es el año de la Restauración, acaso más que porque entonces ocupó el trono de sus mayores D. Alfonso XII, pudiera ser porque a la sazón acababa de armarse Menéndez y Pelayo de todas armas para la lucha tenaz contra el error.

Una lucha en la que, a buen seguro, ha de ganar después de muerto, en nueva gesta de romance, las mejores batallas.

JORGE VIGÓN.

Madrid y junio de 1933.