SEMINARIO INTERINSTITUCIONAL CIENCIA Y FEManuel Mª Domenech Izquierdo

Introducción a la metafísica

El desprecio del ser, propio de la filosofía moderna, encuentra sus escusas en los hallazgos de la gramática estructuralista v la lógica formal, con el consecuente desprecio de la semántica metafísica. Estas disciplinas se han puesto muy de moda debido a su importancia en la teoría de los lenguajes de programación de ordenadores.

Las dudas en este terreno llevan al espíritu humano por los caminos que van de la luz a la tiniebla, de la vida a la muerte espiritual. Ningún estudiante podrá zafarse de la moda del desprecio de la metafísica si no entiende el significado del ser y el por qué podemos todos hablar de la existencia, incluso antes de estudiar filosofía. Por eso es éste un tema muy importante.

El ser que expresamos en la verdad y deseamos como bien, no es nada mecánico ni geométrico. Es algo que recibimos dé la conciencia de nuestro existir y extendemos a todo lo que conocemos por los sentidos, pues por el entendimiento agente nos percibimos existentes en ello. Alcanzamos el ser de las cosas, porque en la sensación percibimos que las cosas existen con nosotros. El espíritu humano percibe que existe en las sensaciones. y esa es la fuerza del ser de su espíritu.

El alma humana inyecta tanto ser a la materia que el compuesto se da cuenta de que existe en su unificación con las cualidades sensibles. Por esto dice San Agustín que existe una cierta “memoria del presente”. (5) La vida intelectual es tanta vida que se ve en su propia luz. Su lucir es su vivir y su vivir es, para ella, ser y su ser es verse; y porque se ve, puede decirse cuando se expresa en su palabra.

Esta íntima y existencial percepción del propio existir en nuestras sensaciones es incluso anterior a toda reflexión. Es el punto de apoyo en que toda reflexión empieza v termina. Es el entendimiento agente de Aristóteles. Es lo que permite interiorizar las sensaciones que, de quedar determinadas en el ámbito puramente animal, no serían más que un simple vuelco al exterior. Por ella tenemos noción de la existencia v podemos hablar del ser sabiendo lo que decimos. Lo primero es la autopresencia del propio ser en nuestras sensaciones.

La existencia humana es una existencia conocida, no deducida. La propia existencia no se deduce, en contra de lo que pretendió Descartes con su “pienso, luego existo”.

Todas las cosas participan del ser, por eso tenemos noción de él aunque no lo veamos más que analógicamente. Nuestro entender fluye de ser con las cosas. Por eso su alcance es universal y por eso es concreto. Es posible trascenderse por participación del que todo lo trasciende.

Las perfecciones de los seres no se entienden verdaderamente si no se piensan como participaciones en distinto grado de las perfecciones divinas, del mismo ser subsistente y único, del Ser que es serse. (6) Toda la creación y la historia de la salvación es participación.

Al ver esto se recorre la cuarta vía de Santo Tomás. Se puede llamar hermanos al sol, al agua y a los pájaros, como san Francisco de Asís. Uno se ha demostrado a sí mismo la existencia de Dios en quien todo tiene fin.

Aquella recia castellana que, con toda su humildad, en su Ávila natal, reunió al Papa con más gente que nunca Junto otra mujer en todas las Españas, nos enseñó que sólo Dios basta, que viviendo no se vive, que se puede vivir muriendo, que el alma es de cristal.

Si, Teresa de Ávila es Doctora de la Iglesia. Nadie ha enseñado como ella que la luz de la mirada espiritual puede llegar sin obstáculos opacos a lo más íntimo de nuestro ser. ¡Qué bien lo puede entender un niño que tiene el alma tan transparente! A un niño podríamos decirle: Mírate por dentro. ¿Verdad que notas que existes en todo lo que sientes, con los sabores y los perfumes, con la música v los colores? Esta íntima y existencial percepción de la existencia: anterior a todo raciocinio y reflexión, es la rendija por donde penetra en el alma la más alta participación natural de la luz de Dios, que nos creó a su imagen y semejanza. Esa luz puede alumbrarlo todo dentro del alma porque es transparente, es de cristal. Todo lo que está por encima de esto es sobrenatural. Sólo lo han saboreado los místicos. Más luz, nada más la veremos en el cielo.

Mirándote así, por dentro, encontrarás la verdad dentro de ti y no te lamentarás como San Agustín por haber perdido tanto tiempo buscándola fuera.

Esa transparencia del alma se ocultó a Descartes que buscaba su existencia a fuerza de pensar, sin percibirla ya antes de empezar a hacerlo, porque Dios esconde a los sabios lo que ven los humildes sin esfuerzo.

Mira cuán grande es la invención del Corazón de Jesús, dejándose comer como si fuese pan. ¿Se le ocurriría un día en Belén cuando la Virgen le dijo que estaba como para comerle? Así te invita a hablar con El dentro de ti, a rezar por dentro, a buscar el Reino de los Cielos en tu interior, que es donde está, y también te fortalece para mantener tu alma transparente.

Mirando la verdad dentro de ti ésta llegará a ser trono de su Majestad, que habita en los aposentos más interiores del alma de cristal, para cenar contigo y tú con Él, y, juntos, podáis llegar a aquella ciudad que brilla como una piedra preciosa de transparencia cristalina y cuyas canes son de oro como vidrio transparente, y que no tiene necesidad de sol ni de Luna porque su antorcha es el Cordero. Allí veras como Él, casi sin haberte tu dado cuenta, habrá hecho de ti otra Santa Teresa o Juan de la Cruz.

Por eso la Santa Madre Teresa inventó aquellos versos que son la más genial relación puesta nunca entre Dios y la ciencia:

“Hermanas, una de dos,
o no hablar, o hablar de Dios,
que en las casas de Teresa,
esta ciencia se profesa”.

5 “De Trinitate”, SAN AGUSTÍN, Lib. XIV cap. 11 B.A.C. nº 39.

6 “Frutos de oración”, TRINIDAD SÁNCHEZ MORENO, Pág. 36, Obra de la Iglesia, Madrid. 1979.