hitoIsabel

Reina de los Apóstoles

A la luz de la fe, nutrida por la lección divina, pueden inquirir cuidadosamente los signos de la voluntad de Dios y las mociones de la gracia en los varios acontecimientos de la vida y hacerse así cada día más dóciles a su misión, asumida en el Espíritu Santo. De esa docilidad hallarán siempre un maravilloso ejemplo en la Bienaventurada Virgen María, que, guiada por el Espíritu Santo, se consagró toda al ministerio de la redención de los hombres; los presbíteros reverenciarán y amarán, con filial devoción y culto, a esta Madre del sumo y eterno Sacerdote, Reina de los Apóstoles y auxilio de su ministerio. (Decreto sobre el ministerio y vida de los presbíteros 18)

La mujer

Edith Stein

Sólo por el poder de la gracia puede la naturaleza quedar libre de su escoria, restituida en su pureza y ser liberada para la recepción de la vida eterna. Y esta vida divina misma es la fuerza motriz interior, de la que brotan las obras del amor. Quien quiere mantenerla permanentemente en sí, debe acercarse continuamente a las fuentes de las que fluye sin agotarse, a los santos sacramentos, sobre todo al sacramento del amor. Una vida femenina, que debe tener el amor divino como forma interior, debe ser una vida eucarística. Olvidarse de sí misma, liberarse de todos sus propios deseos y pretensiones, llegar a ser un corazón para todas las necesidades y obligaciones ajenas – esto sólo se puede alcanzar en el encuentro cotidiano y confiado con el Salvador en el tabernáculo-. Quien busca al Dios eucarístico y se aconseja con él en todas sus situaciones, quien se deja purificar por el poder santificador que brota del altar del sacrificio y se ofrece a sí mismo al Señor en este sacrificio; quien recibe al Salvador en lo íntimo de su alma en la Sagrada Comunión nada le puede faltar, sino que se verá arrastrado cada vez más profundamente en la corriente de la vida divina y se integrará al cuerpo místico de Cristo y su corazón será transformado según la imagen del corazón divino.

El hombre nuevo democrático

Si analizásemos los procesos históricos modernos desde la Revolución Francesa hasta nuestros días, descubriríamos una idea motriz común, presentada bajo diversos ropajes. Tal idea (por supuesto demencial, pero expuesta siempre con ardor desmelenado y fatua convicción) postula que se puede romper drástica y radicalmente con el pasado, fundando una nueva época que cristaliza en hombres nuevos, proyectados hacia un futuro esplendente a lomos del progreso. Es la idea, tan optimista como mentecata, de refundación de la Historia y regeneración humana está en la médula del espíritu revolucionario y se resume en la frase del genocida Jean-Baptiste Carrier, que después de encerrar a miles de antirrevolucionarios en barcos que hizo hundir exclamó exultante: “Convertiremos Francia en un cementerio si no podemos regenerarla a nuestro modo”. Todos los movimientos políticos de los dos últimos siglos han hecho propio este desiderátum psicopático, parodia de aquel llamamiento paulino a la conversión cristiana (Ef. 4, 20-24), cuyos orígenes debemos buscar en Descartes. (Juan Manuel de Prada – VERBO)

Corromper a la mujer

Bien conocen el influjo de la mujer las fuerzas subversivas. De ahí que hoy esté sistemáticamente organizado el modo de corromper el corazón de la mujer, empresa bastante fácil, partiendo de dos debilidades suyas: su ligereza y su vanidad. De la primera dijo San Ambrosio que “la mujer peca más por ligereza que por malicia”, y de la segunda don Baltasar Pardal, el Manjón gallego y fundador de La Grande Obra de Atocha: “La mujer es vanidosa. Y la vanidad pierde a las mujeres”. Y ambas debilidades son explotadas hoy criminalmente. Así las traen y las llevan con frivolidades y fantasías a vivir una vida vacía, vida de sentidos, de derramamiento al exterior, de continua disipación, diametralmente opuesta a la piedad y vida interior que es la vida de fe, de la que “vive el justo” (Rom. 1, 17). (P. Jesús González-Quevedo, s.j.)

Homosexualidad y esperanza

Para un católico con atracción hacia su mismo sexo, la meta de la terapia debiera ser la libertad de vivir castamente de acuerdo a su estado en la vida. Algunos de los que han bregado con atracción por el mismo sexo creen que están llamados a una vida de celibato. No debiera hacérseles creer que han fracasado en el intento de adquirir libertad, porque no experimenten deseos sexuales por el sexo opuesto. Otros pueden querer casarse y tener hijos. Hay buenas razones para esperar que muchos van a poder alcanzar esta meta a su debido tiempo. Sin embargo, no debiera estimulárselos a precipitarse a un matrimonio, ya que hay abundante evidencia de que el matrimonio no es cura para la atracción por el mismo sexo. Con la ayuda poderosa de la gracia, los sacramentos, apoyo de la comunidad y un terapeuta con experiencia, un individuo bien decidido debiera ser capaz de alcanzar la libertad interior que Cristo ha prometido. (Asociación Médica Católica – AMCA)

 

 

 

 

Cristo vencerá

Y el orden natural y profano esta malogrado, destrozado, pervertido principalmente por el liberalismo, en el orden político, y por marxismo. De ahí que un cristiano no pueda ser ni liberal ni marxista, como ideologías que son incontables con la fe. Y que su profesión entraña pecado grave. El ideal católico, en lo personal y en lo social, se expresa para siempre con estas palabras de San Pablo: “Nadie, pues, se gloríe en los hombres, que todo es vuestro; ya Pablo, ya Apolo, ya Cefas; ya el mundo, ya la vida, ya la muerte; ya lo presente, ya lo venidero, todo es vuestro; y vosotros de Cristo y Cristo de Dios” (I Cor. 3, 22). O sea, todo es para el hombre, pero los hombres somos para Cristo. Ni la vida personal ni la colectividad tienen salvación fuera de Jesucristo, como intentan el liberalismo y el comunismo. Estas doctrinas – simbolizando en ellas todos los errores – son mentiras, barbarie, catástrofe. Y frente a tanta apostasía, que arranca desde el Renacimiento, pasando por el protestantismo, el liberalismo, el comunismo, Jesucristo triunfará y vencerá a los aliados del Anticristo. (Mn. José Ricart Torrens – Catecismo Social)

Hacer cristianos y sociedades cristianas

La evangelización, pues, podemos decir, aspira y pretende hacer no sólo cristianos sino también sociedades cristianas. De ahí que el mismo Papa indique el mal de la desaparición de aquellas sociedades y la necesidad de remediarlo: “La ruptura entre Evangelio y cultura es, sin duda alguna – dice con toda claridad – , el drama de nuestro tiempo, como lo fue en otras épocas. De ahí que hay que hacer todos los esfuerzos con vistas a una generosa evangelización de la cultura, o más exactamente de las culturas. Estas deben ser regeneradas por el encuentro con la Buena Nueva”. (Estanislao Cantero – Verbo)

Castidad y medios de comunicación

Los cristianos no han podido resistir al yugo del cine, de la televisión, del internet, que han desplazado las excursiones y deportes sanos, han quitado el hábito del esfuerzo mental, porque el cuadro fácil sustituye al razonamiento concentrado.

Los periódicos y revistas inmorales, e incluso pornográficos, están expuestos al público. Tuvo que ser precisamente un pagano que dijo: “Preferiría que no supieseis leer, a veros leer lo que puede menoscabar la integridad de las costumbres”. (Quintiliano).

A los Medios de Comunicación social se les podría aplicar aquella frase de Goncourt. “Nuestra literatura estriba en una enfermedad de nervios”.

He visto a adolescentes leer en el Metro las obras más degradantes del Marques de Sade. Luego la sociedad se extrañará de la violencia y de las monstruosidades que día a día se cometen y publican. (Jaime Solá Grané – La castidad, ayer y hoy)