iglesiaManuel Martínez Cano, mCR.

Es verdad que todos somos pecadores. Jesús nos dice. “Quién esté libre de pecado que tire la primera piedra”. No conozco ningún santo que no se haya reconocido pecador. Y muchos nunca cometieron ni un sólo pecado mortal.

Sí, somos pecadores. Pero la Iglesia de Cristo es Santa. Hoy la Iglesia Católica es santa. Los mártires no florecen en la vida mundana, relajada, secularizada… Y en el último siglo de la Historia ha habido –y sigue el glorioso martirio– más mártires que en los diecinueve anteriores. La Iglesia Católica es Santa.

“Dejad que los niños se acerquen a Mí”, decía Cristo a los Apóstoles. Y hoy, en la Iglesia, hay millones y millones de niños y niñas inocentes, templos vivos de la Santísima Trinidad. Hoy son millones de jóvenes, chicas y chicos que viven en gracia de Dios, de corazón puro, castos, vírgenes puras. La Iglesia Católica es Santa.

“Lo que Dios ha unido no lo separe el hombre”. Son palabras de Jesucristo. Millones de matrimonios católicos viven como Dios manda, son santos, y sus hogares iglesias domésticas. Millones de hombres y mujeres han consagrado su vida a Dios en el mundo y sus periferias. Millones de ancianos y ancianas transmiten la fe de sus padres a sus hijos y nietos. Son santos.

El Señor ha dicho: “el que quiera seguirme que me siga”. Millones le siguen. Millones de santos y santas. Obispos, sacerdotes, diáconos, religiosas y religiosos, misioneros, monjes, monjas, catequistas, voluntarios… en todos los rincones del mundo. Cuidando los cuerpos de los hambrientos y marginados y salvando sus almas para que sean felices eternamente. La Iglesia es Santa. Siempre ha sido Santa. Hoy es Santa. Es verdad que siempre ha habido judas, traidores, corruptos… Los que condenaron a muerte a Jesús eran los poderosos del mundo y los sacerdotes de su tiempo… Pero Cristo resucitó. Y vive en su iglesia, la Iglesia Católica, Apostólica y Romana.

La Iglesia católica es Santa en su origen, por su fundador, el Verbo de Dios hecho carne en las purísimas entrañas de la Virgen Santísima. Jesús es Dios y hombre verdadero. El fin de la Iglesia Católica es santo, dar gloria a Dios y santificar las almas. La Iglesia Católica es Santa, los medios divinos que administra, los sacramentos, los dones del Espíritu Santo y, sobre todo, el Santo Sacrificio de la Misa. Los frutos de la Iglesia Católica son santos. Ha dado al mundo innumerables santos, mártires y héroes que gozan eternamente de la felicidad del Cielo. La Iglesia Católica es Santa porque su Madre es la Santísima Virgen María.

La Santa Iglesia Católica tiene un tesoro inmenso de bienes espirituales que se comunican los bienaventurados del Cielo, las benditas almas del Purgatorio y los fieles de la Iglesia Militante. Una intima unión de caridad y hermandad en la participación de la vida divina que durará siempre, eternamente.

También hay ricos santos. Sí todos los ricos del mundo fueran santos, desaparecería de la tierra el hambre, la miseria… Es de primero de primaria que hay que evangelizar a los ricos y a las ricas, a sus periferias, a sus instituciones, a sus multinacionales, a sus bancos…