francisco de asisP. Manuel Martínez Cano, mCR

San Francisco de Asís dice que no todo es bueno. No el santo del “buenísmo”. A sus frailes les decía, lo que enseñan todos los santos: “Sabed que a los ojos de Dios hay algunas cosas muy altas y muy sublimes, que a veces son consideradas entre los hombres como viles y bajas; y hay otras que son estimadas y respetadas entre los hombres pero que para Dios son tenidas como vilísimas y despreciables”. Un buen ejercicio espiritual sería que, cada uno, hiciera una relación de las cosas altas y sublimes que agradan a Dios y las tenidas por Dios vilísimas y despreciables. ¿El aborto es sublime? ¿Una democracia que desprecia a Dios es sublime?

Los democratistas han descubierto ¡por fin! Que Dios es el hombre. No es el sol, como decíamos la semana pasada. Sigamos el consejo de Jesús “aprended de mí que soy manso y humilde de corazón”. Aprendamos de los santos. San Francisco de Asís dice: “No debemos ser sabios ni prudentes según la carne, sino más bien, sencillos, humildes y puros. Y hagamos de nuestros cuerpos objeto de oprobio y desprecio, porque todos por nuestra culpa somos miserables y podridos, hediendo y gusanos, como dice el Señor por el profeta: “soy gusano y no hombre, oprobio de los hombres y abyección de la plebe” (Salmos 21, 7) ¡Viva la hermana muerte!

San Francisco de Asís introdujo en la Iglesia la pobreza radical. Esta es la regla y vida de los hermanos: “vivir en obediencia, en castidad y sin nada propio, y seguir la doctrina y las huellas de nuestro Señor Jesucristo, el cual dice: Si quieres ser perfecto, vete, vende todas las cosas” (San Lucas 18, 22) que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en el Cielo; y ven y sígueme (San Mateo19, 21). ¡Pues no! Democratistas y Cia quieren el Paraíso Marxista en la tierra y el Estado de Bienestar en todo el mundo ¡para ellos! Los demás, que se vayan al cuerno o a las antípodas.

San Francisco de Asís entendió perfectamente, las palabras del Señor: “Amemos a nuestro prójimo como a nosotros mismos (San Mateo 22, 39). Y si alguno no quiere amarlos como así mismo, al menos no les haga mal, sino hágales bien”. Esto es caridad: hacer el bien al prójimo, aunque sufra mucho. No olvidemos que el infierno existe. Y tenemos el sagrado deber de ayudar al prójimo para que no se condene y viva eternamente feliz en el Cielo.

Querer el bien del prójimo como nos enseña San Francisco de Asís en su regla: “Encarecidamente pido, como puedo, al hermano H., mi señor ministro general, que haga que la Regla sea inviolablemente guardada por todos… a los hermanos que no quieran guardar estas cosas, no los tengo por católicos, ni por hermanos míos. Tampoco quiero verlos ni hablarles hasta que no se arrepientan”.

Dicho está. Ni dialogar ni interpretar. Lo que enseñan los santos: “a todos mis hermanos, clérigos y laicos mando firmemente, por obediencia, que, no introduzcan glosas en la Regla ni en estas palabras, diciendo: “Esto quieren dar a entender… Sencillamente y sin glosa, las guardéis con obras santas hasta el fin”.