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Los orientales y la Virgen

En el culto litúrgico, los orientales ensalzan con hermosos himnos a María, siempre Virgen, a quien el Concilio ecuménico de Éfeso proclamó solemnemente Santísima Madre de Dios, para que Cristo fuera reconocido verdadera y propiamente Hijo de Dios e Hijo del hombre, según las Escrituras; y honran también a muchos santos, entre ellos a los Padres de la Iglesia universal. (Decreto sobre el ecumenismo 15)

La mujer

Edith Stein

Por otra parte esta participación de la vida divina tiene un poder liberador, les quita a las preocupaciones terrenas su peso y nos da ya en esta vida temporal una parte de eternidad, un reflejo de la vida bienaventurada, una vida en la luz. Pero la invitación a vivir en las manos de Dios nos la hace el mismo Dios en la liturgia de la Iglesia. Por eso la vida de una auténtica mujer católica debe ser al mismo tiempo una vida litúrgica. Quien pronuncia la oración de la Iglesia en el espíritu y en la verdad, verá cómo toda su vida queda necesariamente transformada por esta vida de oración.

Resumimos: una verdadera vocación de mujer es aquella vocación que exige las características del alma femenina y que puede ser precisamente activada por éstas. El principio informador más profundo es el amor, que brota del corazón divino. El alma femenina adquiere este principio formador a través de la íntima unión con el corazón divino en una vida eucarística y litúrgica.

El hombre nuevo democrático

Naturalmente, al mecanicismo cartesiano se sumarían luego otras corrientes de pensamiento que contribuyeron a esta tarea de regeneración humana. El naturalismo de Rousseau propiciaría el advenimiento del primer “hombre nuevo” con nombre propio, el “ciudadano”, que puede guiarse por su voluntad benéfica e infalible, autónoma y soberana. Las hipótesis de Darwin, por su parte, servirían para soñar con una raza de hombres mejor dotados, tanto en el carácter como en la constitución biológica, capaces de desarrollar un sentido ético (y étnico) superior. Al modernismo religioso, por su parte, no le bastó con que la Redención hubiese beneficiado espiritualmente al hombre caído, sino que imaginó al ser humano en un perenne estado de perfectibilidad que lo llevaría (según la alucinada escatología de Teilhard de Chardin) a fundirse con Dios, en un afrodisiaco punto G (perdón, quería decir punto Omega). (Juan Manuel de Prada – VERBO)

Hombre y la mujer

En la promoción de la mujer todo cuidado y sabiduría serán pocos. Es el manantial de la vida humana biológica y espiritualmente. Paridad de sexos dispares es el absurdo de los absurdos, destructor de la mujer y de perniciosísimas consecuencias. El doctor Botella Llusia, ex rector de la Universidad de Madrid decía:

“En la sociedad conyugal antigua las cargas de la sociedad estaban repartidas proporcionalmente: al hombre le tocaba (ganar el pan con el sudor de su frente) y a la mujer llevar valientemente su función maternal. Esta comprende: las molestias de la gestación, los dolores del alumbramiento, los cuidados de la lactación, la solicitud de los hijos y de la casa, que no se acaban nunca. Ahora que la mujer desempeña funciones masculinas y trabaja fuera del hogar se le exige un esfuerzo adicional para el cual no está hecha. De aquí que hoy más de un 50 por ciento de las enfermedades femeninas sean psicosomáticas. A la angustia vital del hombre responde la reproductiva de la mujer”.

Termino por donde empecé. El movimiento de liberación femenina se ha de llevar a cabo con espíritu cristiano y cualidades femeninas, nunca suficientemente alabadas. “La lucha de los sexos” que proclama: ¡Abajo la esclavitud femenina! ¡Abajo el hombre sexista! Hay que vivir contra los hombres y vivir sin los hombres. Hay que acabar con la supremacía masculina… “, ni es cristiana, ni es humana, ni es femenina. ¡Qué contraste con la postura auténticamente femenina y auténticamente cristiana, que todo lo comprende, que todo lo suaviza y todo lo eleva y dignifica! (P. Jesús González-Quevedo, s.j.)

Homosexualidad y esperanza

Las mujeres con atracción por su mismo sexo pueden llegar a ver cómo el conflicto con sus padres u otros hombres importantes las ha llevado a desconfiar del amor de los hombres, o cómo la carencia de afecto maternal la ha llevado a una profunda necesidad de amor femenino. Perspicacia para entender las causas de ira y tristeza pueden, es de esperar, llevar al perdón y a la liberación. Todo esto necesita tiempo. Con respecto a esto, individuos que sufren de atracción por el mismo sexo no son diferentes de los muchos hombres y mujeres que tienen sufrimiento emocional y necesitan aprender a perdonar. (Asociación Médica Católica – AMCA)

 

Fuertes en la fe

La tarea de los laicos es imprescindible y a ellos les corresponde en grado superlativo. No es algo sobreañadido a nuestra condición de católicos, sino consecuencia obligada de ser discípulos de Cristo. Y esto nos corresponde a todos, según nuestra respectiva capacidad y en nuestras correspondientes esferas de competencia. La Iglesia insiste reiteradamente en ello, como podemos apreciar en los documentos de San Juan Pablo II, de los que citamos una pequeña muestra.

Dirigiéndose a los obispos de Uruguay el 8 de mayo de 1988, indicaba: “compete a los laicos santificar las estructuras temporales”. “Frente a concepciones laicistas en el ámbito social y cultural, hacen falta cristianos que sean fuertes en la fe (1 Pe. 5, 9), que “combatan el buen combate” (1 Tim. 6, 12) de que nos habla San Pablo, decididos a identificarse con Jesucristo y a impregnar la cultura con los principios y enseñanzas del cristianismo. (Estanislao Cantero – Verbo)

Amor o brutalidad

Hoy la gran mayoría habla mucho de amor, pero mucha maldad se ha consentido en nombre del amor. Quizá es la palabra más profanada. La escena de A. Daudet en La petit chose es habitual: “Apareció de nuevo toda su brutalidad, el desdén feroz que sentía hacia la mujer bajo la apariencia de adoración cariñosa… Al verlos hubiera podido creerse que se amaban. ¡No! ¡No se amaban! ¡Se conocían demasiado para eso! Él sabía que ella mentía. Ella sabía que él era débil y flojo hasta la cobardía. No se amaban”.

Quizá muchas desgracias actuales se explican cómo describe el mismo autor en otra obra, Sapho. “Juan Gaussin sentía la tentación de arrojarse sobre ella y golpearla, porque en los amores, donde la estima y el respeto no entran para nada, la brutalidad aparece a cada paso”). (Jaime Solá Grané – La castidad, ayer y hoy)

Dignidad y libertad

“El hombre logra esta dignidad -humana- cuando, liberado totalmente de la cautividad de las pasiones, tiende a su fin como la libre elección del bien y se procura medios adecuados para ello con eficacia y esfuerzo crecientes” ( “Gaudium et Spes”, 17). O sea, que no se puede confundir personalidad con un antropocentrismo extraviado hacia el orgullo, la ambición, el atropello, la lujuria, el crimen. El hombre no es un absoluto. Por esto, la dignidad humana estriba en el uso de la libertad dentro de la Ley de Dios, y supone un conocimiento de las flaquezas de la condición humana -la ignorancia, la concupiscencia, la debilidad-, totalmente superables por la razón utilizada honradamente y la omnipotencia de la gracia de Dios. La dignidad humana no supone ni significa la autonomía total del hombre, ni la independencia de Dios. La voluntad de Dios es el norte de la legítima dignidad humana. (Mn. José Ricart Torrens – Catecismo Social)