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Novena por la patria

“Una vez oí en mi alma esta voz: Haz una novena por la patria. La novena consistirá en las letanías de todos los santos. Pide el permiso al confesor. Durante la confesión siguiente obtuve el permiso y a la noche empecé en seguida la novena. Terminando las letanías vi una gran claridad y en ella a Dios Padre. Entre la luz y la tierra vi a Jesús clavado en la cruz de tal forma que Dios, deseando mirar hacia la tierra, tenía que mirar a través de las heridas de Jesús. Y entendí que Dios bendecía la tierra en consideración a Jesús.” Santa Faustina Kowalska, Diario de Santa Faustina Kowalska, nº 59 y 60.

Evangelización y promoción humana

“Pero la labor evangelizadora, en su incidencia social, no se limitó a la denuncia del pecado de los hombres. Ella suscitó asimismo un vasto debate teológico-jurídico, que con Francisco de Vitoria y su escuela de Salamanca analizó a fondo los aspectos éticos de la conquista y colonización. Esto provocó la publicación de leyes de tutela de los indios e hizo nacer los grandes principios del derecho internacional de gentes. Por su parte, en la labor cotidiana de inmediato contacto con la población evangelizada, los misioneros formaban pueblos, construían casas e iglesias, llevaban el agua, enseñaban a cultivar la tierra, introducían nuevos cultivos, distribuían animales y herramientas de trabajo, abrían hospitales, difundían las artes como la escultura, pintura, orfebrería, enseñaban nuevos oficios, etc. Cerca de cada Iglesia, como preocupación prioritaria, surgía la escuela para formar a los niños. De esos esfuerzos de elevación humana quedan páginas abundantes en las crónicas de Mendieta, Grijalva, Motolinía, Remesal y otros. ¡Con qué satisfacción consignan que un solo Obispo podía ufanarse de tener unas 500 escuelas en su diócesis!” San Juan Pablo II, Ante el V centenario de la evangelización de América, p. 35.

Problema teológico-político

“La revolución inventó esa época, de la que los contrarrevolucionarios románticos hicieron un mito. El mito sigue vivo y, como decía hace tiempo Ernst Jünger en algún lugar, mientras se combate con la Ilustración, se cuelan por la retaguardia las vanguardias del nihilismo, que apareció en la revolución francesa. Es de notar, que Benedicto XVI expresó siempre sus reservas sobre las descalificaciones indiscriminadas del pensamiento moderno en general y de la Ilustración en particular. Un expresivo párrafo de Pierre Manent puede ayudar a centrar el tema: «El desenvolvimiento político de Europa es comprensible solamente, como la historia de las respuestas a los problemas planteados por la Iglesia -una forma de asociación humana de un género completamente nuevo, subraya Manent-, al plantear a su vez cada respuesta institucional problemas inéditos, que reclaman la invención de nuevas respuestas. La clave del desenvolvimiento europeo es, dice el escritor francés, el problema teológico político».” Dalmacio Negro Pavón, Revista Razón Española, julio-agosto 2015, pp. 11 y 12.

Facultades legislativa, judicial y ejecutiva

“La ilimitación jurídica, en el desbordamiento del poder que invade o arranca las prerrogativas de las personas individuales o colectivas (…), se apoya en el error jurídico de creer que en el Estado están como vinculadas las facultades legislativa, judicial y ejecutiva, cuando, en cierto modo, existen esas facultades en todos los grados de la jerarquía social, empezando por el individuo, que legisla con su inteligencia, ejecuta con su voluntad, juzga con su conciencia moral, regla próxima a las actuaciones humanas; siguiendo por el padre, que en el círculo doméstico las reúne en la patria potestad; continuando (sin enumerar otras Corporaciones) de una manera más vasta en la comunidad concejil, y aún más ampliamente en la región, porque esas prerrogativas no son arrancadas al Estado no exclusivas del Poder Central, que, si por su cometido y por sus circunstancias es la primera persona en extensión, no es, en suma, a pesar de su superioridad, más que una de las varias que forman la jerarquía social, y la última, con los caracteres que hoy tiene, que ha aparecido en la historia.” Juan Vázquez de Mella, El Verbo de la Tradición, pp. 49 y 50.

Monarquía y absolutismo

“No se trata, bien entendido, de identificar monarquía y absolutismo, pues desde el punto de vista de la filosofía social el absolutismo es incluso antecedente lógico de la democracia, en cuanto transfiere simplemente la soberanía del rey al pueblo, agudizando, eso sí, la secularización del poder que ya había conocido aunque de manera más restringida el absolutismo monárquico. Más aún, el gobierno monárquico -antes se apuntaba- es limitado, de hecho y en teoría, por las conviventes sociedades autónomas que cumplen sus fines propios dentro de la sociedad, y por los fueros que recogen sus libertades.” Miguel de Ayuso, Revista Verbo, nº 535-536, mayo-junio-julio 2015, p. 394.

Prejuicio ideológico

“Las ideologías son prejuicios relativos a la constitución de lo político. Se trata de recetas aceptadas acríticamente que versan acerca de cómo organizar el sistema político-social. Su irreflexividad los convierte en algo extraño a la razón. Pero, además, cuando estos prejuicios colectivos, en que consisten las ideologías, se imponen, se produce una alienación de la razón y éstos se aceptan impidiendo el concurso de la misma. La razón queda imposibilitada ya que los prejuicios son proyectados sobre la realidad deformándola. El prejuicio al surgir al margen de la realidad y no confrontarse con ella provoca que la razón no pueda hacerse cargo adecuado de la realidad. Las ideologías se proyectan en la realidad e impiden el concurso de la razón retrasando la acción racionalizadora y haciendo pervivir esquemas no racionales. En concreto, la vigencia de las ideologías es lo que ha impedido que el ámbito de la política sea racionalizada. El prejuicio ideológico ha impedido un auténtico imperio del logos en e campo de la política, lo que indica su carácter irracional.” Carlos Goñi Apesteguía, Revista Razón Española, septiembre-octubre 2015, p. 191.

Ateísmo social

“El fondo común de ellos es el racionalismo individual, el racionalismo político y el racionalismo social. Derívanse de ellos la libertad de cultos más o menos restringida; la supremacía del Estado en sus relaciones con la Iglesia; la enseñanza laica o independiente sin ningún lazo con la Religión; el matrimonio legalizado y sancionado por la intervención única del Estado: su última palabra, la que todo lo abarca y sintetiza, es la palabra secularización, es decir, la no intervención de la Religión en acto alguno de la vida pública, verdadero ateísmo social, que es la última consecuencia del Liberalismo.” Félix Sarda y Salvany, El Liberalismo es pecado, p. 9.