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  1. ¿Son lícitas alguna vez a la luz de la moral católica?

El problema sexual ha existido siempre. En los últimos tiempos se ha agudizado con la aparición de la crisis religiosa. Se buscan «razones» de tipo psicológico y biológico para justificar una actitud ética y moral insostenible desde el punto de vista religioso y del derecho natural. A la pregunta de la encuesta respondo que nunca es lícita relación sexual prematrimonial, porque la función sexual logra su sentido y su rectitud moral tan sólo en el matrimonio legítimo. Las encíclicas «Casta connubi» y «Humanae vitae» exponen, con más detalle las razones de esta actitud de la Iglesia. Como no se trata de responder o de repetir la doctrina, que cualquier lector puede encontrar en un manual de teología moral, en el tratado «De Sexto Precepto», sino de buscar origen de la desviación sexual actual, fomentada por una literatura pornográfica y amoral que destroza las almas, especialmente de la juventud, yo preguntaría a todos y cada uno de los que fomentan esta situación: Si sois padres de familia, ¿estaríais dispuestos a que vuestras hijas, con vuestro permiso, se acostaran con el novio? Si sois jóvenes y tenéis hermanas, ¿no os remordería la conciencia el fomentar, consentir y aplaudir el concubinato y la fornicación con su prometido de la hija de vuestra madre? Una reflexión de este tipo ahorraría muchas encuestas en principios que no pueden discutirse.

  1. ¿Nunca?

Muchos reivindican el derecho a la unión sexual antes del matrimonio al menos cuando una resolución firme de contraerlo y un afecto que, en cierto modo, es conyugal en la psicología de los novios, piden este complemento que ellos juzgan connatural; sobre todo cuando la celebración del matrimonio va impedida por las circunstancias… Dejando de lado el que no es seguro el propósito de los futuros inmediatos esposos y no garantiza la sinceridad y la fidelidad de la relación interpersonal. Es doctrina firme católica el que todo acto genital humano debe mantenerse en el cuadro del matrimonio. La unión carnal no puede ser legítima sino cuando se ha establecido una definitiva comunidad de vida entre un hombre y una mujer. Para que la unión se convierta en sociedad conyugal y en sacramento es necesario que los fieles expresen, según las leyes de la Iglesia, su consentimiento.

  1. ¿Por qué?

Este ¿por qué? es el denominador común en la hesitación universal que estamos viviendo. La pregunta puede deslizarse en la vertiente de los que afirman y admiten las relaciones sexuales prematrimoniales y en la vertiente católica y de derecho natural de los que las niegan. Cristo ha instituido su Iglesia como columna y fundamento de la verdad (1 Tim 3-15). Con la asistencia del Espíritu Santo ella conserva sin cesar y transmite sin error las verdades del orden moral e interpreta auténticamente no sólo la ley positiva revelada, sino también los principios de orden moral que fluyen de la misma naturaleza (A.A.S. 58, 1966, p. 940) Y que atañen al pleno desarrollo y satisfacción del hombre. A algunos preceptos de la ley natural les ha dado la Iglesia valor absoluto e inmutable. La ética sexual se refiere a estos valores fundamentales de la vida humana y de la vida cristiana y, por consiguiente, los principios en que se apoya no deben, en modo alguno, su origen a un tipo particular de cultura, sino al conocimiento de I~ ley divina y de la naturaleza humana. Pero la manía moderna de problematizar lo que está ya resuelto por ley natural y ley divina manifiesta la ruina interna de una civilización.

  1. Aseguran algunos que el desconocimiento sexual de la pareja antes del matrimonio puede ser causa de nulidad del mismo. ¿Está usted conforme?

Ni estoy conforme ni puede causar la nulidad del matrimonio el que la pareja se desconozca sexualmente. Es esta manera de pensar, muy de «tejas abajo» y al margen de la concepción cristiana del sacramento del matrimonio, que es el perpetuo e indisoluble vínculo que tiene por autor a Dios. Los esposos se convierten en cocreadores con Dios y corredentores con Cristo, son los instrumentos en manos de la Providencia para que ésta realice la obra más perfecta de la creación, el hombre. Pero, desgraciadamente, lo que interesa hoy día al hombre de la calle es el aspecto jurídico y casuístico…, aunque no sea el principal, para la convivencia social. Pero la Iglesia, que capta al hombre como es, da también normas concretas para que la casuística no esté en desacuerdo con la concepción dogmática sobrenatural del sacramento del matrimonio. El desconocimiento sexual de la pareja no puede conducir a la nulidad del matrimonio. Los contrayentes pueden poner condiciones a la unión conyugal. Sólo cuando las condiciones atentan contra la sustancia del matrimonio, no tiene éste lugar, es nulo. Si se refiere a un hecho futuro contra la sustancia del matrimonio, la condición lo hace inválido. Si versa acerca de un hecho futuro y es lícita, deja en suspenso el valor del matrimonio. Si acerca de un hecho pasado o presente, el matrimonio será válido o inválido, según exista o no lo que es objeto de la condición. En ningún caso el desconocimiento sexual de los contrayentes puede anular el vínculo.

  1. ¿El consentimiento matrimonial y su consumación, es un acto o todo un proceso?

Mientras los esposos viven, y viven en la unidad creada por su consentimiento continuado, persiste el sacramento en sus efectos y en la gracia que aporta. Pío XII hace suyo aquel texto de Belarmino: «Los esposos han sido santificados y fortalecidos por un sacramento especial cuya virtud eficaz… dura perpetuamente… hasta la muerte de los cónyuges. Los actos de la unión carnal, dice Boissard, son más efectos del sacramento conyugal que causa de una renovación de gracia. De la misma suerte que el bautismo, la confirmación y el orden, sacramentos que producen efectos permanentes, no se consideran, sin embargo, renovados a cada acto del bautizado u ordenado, el sí matrimonial es para todo el porvenir, en el que la gracia continuará acompañando a los esposos. El consentimiento matrimonial y su consumación no es, pues, sólo un acto, sino una continuación de los efectos sacramentales en la vida cristiana sobrenatural de los esposos.

  1. ¿Puede alargarse indefinidamente la total abstención de tales relaciones, existiendo el amor, pero no siendo posible su institucionalización por falta de vivienda, por no haber terminado la carrera o por otra circunstancia seria?

En esta sexta pregunta se margina, casi por completo, del amor de los esposos el aspecto sacrificial, y se le sustituye por la comodidad. Así planteado el problema, no se puede decir otra cosa que la abstención de las relaciones pueden prolongarse y deben prolongarse indefinidamente. Falla en el amor de los futuros esposos algo esencial: el espíritu de sacrificio esencial al amor auténtico. No son circunstancias serias las indicadas en la pregunta de la encuesta que descubre un egoísmo desmedido. Si los futuros esposos se aferran con tanta tenacidad a la comodidad que dan las satisfacciones mate riales… pronto quedarán defraudados.

  1. ¿Con qué condiciones impartiría los sacramentos de la penitencia y de la comunión a los novios que con cierta frecuencia tienen relaciones prematrimoniales?

Todo confesor debe aceptar el propósito firme y práctico de la enmienda que se presume en el que se acerca confesar sus pecados. No sólo en los pecados sexuales, sino en las caídas todas de la humana flaqueza. Los apóstoles preguntaron al Señor cuántas veces tenían que perdonar a los reincidentes… una, dos, tres veces… El Señor respondió tajante: setenta veces siete, es decir, siempre que el pecador se arrepiente de su pecado en el momento sacramental, aunque se cuente con la debilidad humana y la reincidencia que no se quiere: es el «volens nollens» de San Agustín, que no queriendo hacerlo, hace lo que no debe.

  1. ¿Pueden darse tales relaciones con amor auténticamente cristiano?

La palabra «amor» se refiere a muchas áreas de la humana actividad, desde la acción instintiva hasta las simas de la contemplación y unión con Dios. En nuestro caso, y respondiendo a la pregunta: en las relaciones sexuales prematrimoniales no puede haber contradicción; y se daría ésta si por un lado prohibiera esas relaciones, como las prohíbe y, por otro, infundiera el amor sobrenatural, el DON de la caridad.

«GRAN COSA ES LO QUE AGRADA A NUESTRO SEÑOR, CUALQUIER SERVICIO QUE SE HAGA A SU MADRE», dice la gran Santa Teresa de Jesús. Y también es servicio de amor a Dios rezar a la Virgen TRES AVEMARÍAS cada mañana y cada noche parla salvación de nuestra alma.