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Meditaciones del Padre Giovanni Salerno, msp

8ª estación Jesús encuentra a unas piadosas mujeres de Jerusalén

V/. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.

R/. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.

V/. Te adoramos, Cristo Señor, y te bendecimos.

R/. Porque con tu santa Cruz redimiste al mundo.

Del Evangelio según Lucas (23, 28-31)

Le seguía una gran multitud del pueblo y mujeres que se dolían y se lamentaban por él. Jesús, volviéndose a ellas, dijo: “Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos. Porque llegarán días en que se dirá: ‘¡Dichosas las estériles, las entrañas que no engendraron y los pechos que no criaron!’ Entonces se pondrán a decir a los montes: ‘¡Caed sobre nosotros!’ Y a las colinas: ‘¡Cubridnos!’ Porque, si en el leño verde hacen esto, en el seco ¿qué se hará?”.

Querido joven, tú también ves a menudo en la TV documentales acerca de aquellos que tanto sufren en el Tercer Mundo: niños y muchachos abandonados, huérfanos, enfermos e incluso esclavizados o víctimas del tráfico de órganos, campesinos explotados o expulsados de sus tierras, pobres sin techo, refugiados, siniestrados, etc. y tú exclamas: “¡Pobrecitos, cómo sufren!: Y después vas a la iglesia o haces algún peregrinaje (¡todas cosas encomiabilísimas!), pero tu vida no cambia, continúa como siempre, dejando que tantos hermanos nuestros sigan sufriendo en el más triste abandono.

Pero Jesús es muy claro al respecto: “No todo el que me diga: Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial” (Mt 7, 21). Y la voluntad de Dios es que no seamos insensibles a los problemas de tantos hermanos nuestros que sufren en el Tercer Mundo.

Fac me tecum pie flere,
Crucifixo condolere
donec ego vixero.

Haz que yo llore contigo
y con el Crucificado padezca
todo el tiempo de mi vida.

Santa Madre, yo te ruego:
¡graba aquí en mi corazón
las heridas del Señor!

O también:

V/. Señor, pequé: ten misericordia de mí.

R/. Pecamos, y nos pesa: ten misericordia de nosotros.