jesusA Cristo crucificado                                    

 

No me mueve, mi Dios, para quererte

el cielo que me tienes prometido,

ni me mueve el infierno tan temido

para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte

clavado en una cruz y escarnecido,

muéveme ver tu cuerpo tan herido,

muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin , tu amor, y en tal manera,

que aunque no hubiera cielo, yo te amara,

y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,

pues aunque lo que espero no esperara,

lo mismo que te quiero te quisiera.

Anónimo

 

A Cristo en la Cruz

Pender de un leño, traspasado el pecho

y de espinas clavadas ambas sienes;

dar tus mortales penas en rehenes

de nuestra gloria, bien fue heroico hecho.

Pero más fue nacer en tanto estrecho

donde, para mostrar en nuestros bienes

a dónde bajas y de dónde vienes,

no quiere un portadillo tener techo.

No fue esta más hazaña, ¡oh gran Dios mío!,

del tiempo, por haber la helada ofensa

vencido en flaca edad, con pecho fuerte

-que más fue sudar sangre que haber frío- ,

sino porque hay distancia más inmensa

de Dios a hombre que de hombre a muerte.

Luis de Góngora