luis ma griñon de monfortIsabel

El secreto de María

La práctica esencial de esta devoción consiste en hacer todas las acciones con María; es decir, tomar a la Virgen Santísima por modelo acabado en todo lo que se ha de hacer.

Por eso antes de hacer cualquier cosa hay que desnudarse de sí mismo y de sus mejores modos de ver; hay que anonadarse delante de Dios, como quien de su cosecha es incapaz de todo bien sobrenatural y de toda acción útil para la vida eterna; hay que recurrir a la Virgen Santísima y unirse a sus intenciones, aunque no se conozcan; hay que unirse por María a las intenciones de Jesucristo, es decir, ponerse en manos de la Virgen Santísima como instrumento, para que Ella obre en nosotros, y haga de nosotros lo que bien le parezca, para gloria de su hijo Jesucristo, para gloria del Padre: de suerte que no hay vida interior, ni operación del espíritu que de ella no dependa. (San Luis Mª Grignion de Montfort)

La mujer

Edith Stein

Con el anuncio misterioso de la lucha épica entre la  mujer y la serpiente, y con su cumplimiento por la victoria que la reina de toda mujer ha conseguido para toda la humanidad, está unida la particular sensibilidad que la mujer tiene para el bien moral y la repugnancia ante aquello que es mezquino y vulgar. Esto es para la mujer un arma defensiva contra el peligro de ser tentada y arrastrada por la vida instintiva. También de ello depende interiormente su prestar atención a lo divino, a la unión personal con el Señor, a dejarse llevar e inundar de su amor. De aquí que en toda familia ordenada correctamente, la misión de la educación y formación moral y religiosa se deja principalmente en manos de la mujer.

El mal del consumismo

Vivimos en una sociedad en la que todos los ismos nos acosan: laicismo, naturalismo, hedonismo, permisivismo moral, consumismo. San Juan Pablo II no cesa de advertirnos de sus males, que nosotros vemos cada día, a cada hora, al tiempo que nos recuerda nuestra obligación inexcusable de oponernos a ellos. Entre estos el mal del consumismo surge una y otra vez en su predicación. Continuamente nos habla de la primacía del ser sobre el tener. ¿Verdaderamente nos sentimos desazonados por esa sociedad? ¿No será, quizá, que aunque intelectualmente no hayamos claudicado, en la vida práctica, nos sentimos muy a gusto en esa sociedad que proporciona tantas cosas agradables? ¿No deberíamos renunciar a muchas de esas cosas para ser más católicos, más contrarrevolucionarios? Para ser, en una palabra, verdaderos evangelizadores. Nuestro testimonio, nuestra vida cotidiana, ¿concuerda de verdad con nuestra doctrina? (Estanislao Cantero – Verbo)

Sepultura del vicio

Los sabios aconsejan imponerse voluntariamente, con las debidas licencias, instrumentos de dolor. Es agradable a Dios la aceptación resignada de las cruces, pero es importante tomar la iniciativa.

El cilicio, las disciplinas, ayunos y abstinencias, escasez de sueño y otras mortificaciones han sido practicados por muchos santos quienes han llegado a sentir horror a todo lo que pueda satisfacer sus gustos y comodidades.

Uno de los motivos que apunta san Ignacio del porqué de las mortificaciones es “por vencerse uno así mismo, para que la sensualidad obedezca a la razón y todas las partes inferiores estén más sujetas a las superiores”. San Ambrosio escribe “¿Qué es la mortificación sino la sepultura del vicio y la vida de la virtud?” y san Jerónimo: “Los ardientes y encendidos deseos y movimientos de la carne, con vigilias y ayunos, con penitencia y asperezas se han de refrenar y apagar”. (Jaime Solá Grané – La castidad, ayer y hoy)

Matrimonio indisoluble

De donde concluye Vallet: “Las sencillas pero claras y certeras observaciones de Santo Tomás de Aquino acerca de la indisolubilidad del matrimonio, a la luz del método del Derecho natural clásico, se ven tanto más confirmadas cuanto más se profundiza, examinando la cosa -el divorcio- en relación a las consecuencias qué produce. Nos lo muestran las actuales experiencias que el auge divorcista va poniendo con más evidencia al descubierto, los datos que las estadísticas más recientes recogen, los hechos que la sociología va destacando y los efectos que la psicología infantil y la psiquiatría registran en los hijos de divorciados, que así explican lo que ya iban haciendo vislumbrar las estadísticas de la criminalidad. Estas observaciones muestran y significan bastante más que la afirmación de que el matrimonio debe ser indisoluble. Implican que el matrimonio, verdaderamente tal, es indisoluble; que la indisolubilidad, como la unidad, constituye una cualidad intrínseca y esencial al concepto natural de matrimonio, aunque esta palabra no siempre se aplique con esa propiedad terminológica. (Miguel Ayuso – VERBO)

 

 

 

 

Homosexualidad y esperanza

Fitzgibbons: “Una identidad masculina débil es fácil de identificar y, en mi experiencia clínica, es una de las causas mayores de atracción homosexual en hombres. Lo que es sorprendente es que puede provenir de problemas de coordinación de la vista y las manos que lleva a la incapacidad de jugar bien a los deportes. Tal condición se acompaña de rechazo por los iguales… La “herida deportiva” afectará negativamente la imagen de sí mismo, sus relaciones con sus iguales, su identidad de género y su imagen corporal”.

Newman: “La experiencia de ser rechazado y puesto en ridículo puede que juegue un papel más importante que lo que se ha pensado, llevando al completo, abandono del rol masculino en fechas más tardías.” (Asociación Médica Católica – AMCA)

Nuevo Syllabus

Beato Pablo VI, en su abundante magisterio, se ha referido a esta temática. Destaca su carta apostólica “Octogésima adveniens”, del 14 de mayo de 1971. Un intelectual tan calificado como Louis Salleron, enjuició dicho documento “como un nuevo Syllabus que se dibuja en filigrana detrás del rechazo de las ideologías y de las utopías y del positivismo que gobiernan el mundo”. En dicho escrito, Beato Pablo VI, además de marginar otras ideologías anticristianas, condena el liberalismo “que cree exaltar la libertad individual sustrayéndola a toda limitación, estimulándola con la búsqueda exclusiva del interés y del poder, y considerando las solidaridades sociales como consecuencias más o menos automáticas de iniciativas individuales, y no como un fin y un criterio más elevado del valor de la organización social”. Por tanto, el liberalismo está condenado, y en la actualidad de manera muy concreta. (Mn. José Ricart Torrens – Catecismo Social)